Nadie acabará con los libros

El último fin de semana Manuel Rodríguez Rivero señalaba en el suplemento Babelia que Jason Epstein, en el reciente artículo aparecido en el New York Review of Books, “Publishing: the Revolutionary Future“, había dejado dicho que la actual resistencia de los editores al imparable futuro digital surge “del comprensible temor a su propia obsolescencia y a la complejidad de la transformación digital que les espera, y en la que buena parte de su tradicional infraestructura y, quizás también ellos mismos, serán redundantes”. Siendo eso cierto y sin que quepa réplica alguna, conviene añadir algún comentario adicional para comprender el mensaje completo de Epstein, para entender que si bien el futuro digital es inequívoco e irrevocable, conviene realizar ciertas matizaciones relacionadas con la pervivencia de los libros tradicionales y con las fórmulas creativas pretendidamente periclitadas. Ese mensaje, en todo caso, no es nuevo, porque ya estaba contenido casi en su integridad en la conferencia que impartió en el penúltimo TOC New York.

Epstein añade, en alusión a la nueva personalidad del editor, redimida y reinventada gracias a las tecnologías digitales: “los editores pueden realizar la promoción de un fondo prácticamente ilimitado de libros sin inventarios físicos, sin gastos de distribución o copias físicas invendidas y devueltas a crédito. Los usuarios pagarán anticipadamente el producto que compren. Eso significa que incluso las herramientas automatizadas que Amazon proporciona para facilitar los envíos serán superadas por los inventarios electrónicos. Esto sucedía hace ahora veinticinco años. Hoy la digitalización está sustituyendo a la edición física más de lo que hubiera podido imaginar”. Este mensaje no solamente alude a los editores, que quede claro: compromete a los distribuidores y, cómo no, a los libreros, presos de sus certezas tradicionales y de un inmovilismo casi atávico. En todo caso, no conviene olvidar que Jason Epstein es el creador de la celebérrima Expresso Book Machine, una máquina de impresión digital (que no está todavía a la venta en Europa por problemas en sus licencias de comercialización) pensada para que el librero se convierta en impresor, a la antigua usanza cervantina.

En ningún caso argumenta Epstein, y esto sí conviene resaltarlo para completar el sentido y la intención del artículo, que los libros en papel vayan a desaparecer, muy al contrario: “los libros electrónicos”, añade escuetamente después de explayarse en párrafos previos, “serán un factor significativo en este futuro incierto, pero los libros impresos y encuadernados actuales continuarán siendo el repositorio irremplazable de nuestra sabiduría colectiva”. En realidad, de lo que Epstein habla es de gestión digital integral de la cadena de valor del libro, algo que comprende y excede al mismo tiempo el concepto de digitalización, más estrecho y ceñido a un procedimiento concreto. Su opinión parece venir avalada por la de otro gigante con libro recién aparecido, Umberto Eco: en Nadie acabará con los libros, un conjunto de entrevistas realizadas por Jean-Claude Carrière, asegura: “el libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo… Quizás evolucionen sus componentes, quizás sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”.

Pero Epstein arremete contra otras de las convenciones políticamente correctas de los últimos tiempos, casi tan extendidas como la de la desaparición de los libros en papel. Me refiero a la convención tan defendida por el ala del digitalismo colaborativo de que las modalidades de creación discursivas y literarias tradicionales desaparecerán: nada, dice el editor norteamericano, hará que un mashup colaborativo sustituya por acumulación y casualidad el trabajo de Dickens o de Melville. Y en contra de lo que en el mismo Babelia del sábado pasado sostuviera José Antonio Millán, en “La Biblia, al aparato“, en la que sostenía que “una forma novedosa de “leer” los cómics del pasado o imaginar las obras del futuro” será aquella en que se combinen “en dispositivos portátiles, imágenes, texto, movimientos, sonido, interactividades…”, Epstein responde: “aunque los bloger anticipen una diversidad de proyectos comunales y de nuevos tipos de expresión, la forma literaria ha sido marcadamente conservadora a través de su larga historia mientras que el acto de la lectura aborrece esa clase de distracciones que los elementos de la web intensifican -acompañamiento musical, animaciones, comentarios críticos y otros metadatos-, componentes que algunos profetas de la era digital prevén como márgenes rentables para los proveedores de contenidos”.

Nadie acabará con los libros, parecen decir los dos grandes expertos, Eco y Epstein, y es posible que esté haciéndome mayor, porque cada vez estoy más de acuerdo con ellos.

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Creo que al igual que la SGAE confundís libros con papel, como ellos confunden música con CD. Aunque el papel como interfaz está muy depurado las ventajas de los media digitales son demasiadas como para renunciar a ellas. Hace 10 años también había quien decía que nunca se compraría un móvil.

Jack Konrath es un midlister que publica un blog sobre edición digital, sus experiencias con los ebooks son de primera mano y me temo más reales que las de Eco.

http://jakonrath.blogspot.com/2010/02/you-can-pry-my-paper-books-from-my-cold.html

Y sobre el problema del precio:

http://jakonrath.blogspot.com/2010/03/value-of-ebooks.html

[...] Nadie acabará con los libros [...]

Creo que nos estamos equivocando. Es diferente leer un libro en digital o en papel. Como es diferente leer un periódico en papel en el bar o los domingos mientras desayunas o almuerzas, o en su página web en el trabajo. Son placeres diferentes.

Estoy un poco cansada de esta disyuntiva de el papel ha muerto, viva lo digital. ¡Que no! que hay mercado para todo; sobretodo y aquí estoy de acuerdo con el artículo es un cambio en la manera de distribución y en el modelo de negocio. El teléfono no ha muerto por skype o el correo electrónico, ahora se consume más teléfono que hace 15 años, idem con la música. Estaría bien conseguir un poco de eso con los libros, ¿no creen? No nos centremos en un único modo de llegar a la gente, lleguemos a todos a cada uno como necesita o le gusta.

Nadie ha dicho que el libro vaya a desaparecer, lo que desaparece es el formato papel. Un libro no es su forma, es su contenido, y el Quijote seguirá siendo el mismo, se lea en un manuscrito o se lea en un iPad.
Lo que algunos no quieren entender es que la desaparición dle papel es un bien muy importante para nuestro planeta. El egoísmo impide darse cuenta de que lo mejor que puede pasar a la Tierra es que el papel desaparezca, y lo hará, pese a quien le pese, el papel no tiene sentido pues contamos con un soporte que lo supera en absolutamente todos los aspectos.

Yordhana, no estoy de acuerdo contigo. Para mí es exactamente lo mismo leer un libro en papel que en digital, porque lo que de verdad importa de un libro es su contenido. La literatura no está en el papel, está en las palabras.
Simplemente a la gente le cuesta cambiar las cosas, pero las nuevas generaciones, a las que el papel les trae al fresco, serán las encargadas de llevar a término la gran revolución digital. Y deberíamos alegrarnos, yo desde luego lo hago!

Casi todo lo que vengo leyendo, desde hace años, sobre el futuro digital del libro (o como lleguen a llamarse los subproductos en que derive) está fuera de madre: entre el vaticinio apocalíptico y el adventismo editorial. No me parece que lo digital vaya a destruir nada ni a salvarnos de nada. Es más: personalmente me interesa poco. Lo que me parece es que, mientras este asunto se desarrolla, no estaría mal ocuparse de otros asuntos colaterales. Por fortuna, este es de los pocos sitios donde hay amplitud de miras.

[...] Nadie acabará con los libros – El último fin de semana Manuel Rodríguez Rivero señalaba en el suplemento Babelia que Jason Epstein, en el reciente artículo aparecido en el New York Review of Books, “Publishing: the Revolutionary Future“, había dejado dicho que la actual resistencia de los editores al imparable futuro digital surge “del comprensible temor a su propia obsolescencia y a la complejidad de la transformación digital que les espera, y en la que buena parte de su tradicional infraestructura y, quizás también ellos mismos, serán redundantes”. [...]

perfecto, no acabaran los libros interesante este tema.

Leer un interesante libro es una verdadera terapia, creo como el autor nunca los libros se extinguiran recuerden que el papel fue uno de los primeros inventos del hombre y siempre sera un mal necesario.

Los libros escritos en papel no desapaceran.

Beatriz estoy de acuerdo que lo que importa es el contenido, pero para mi si que importa la forma. ¿Sabías que la forma de la pasta hace que varíe ligeramente el sabor?

No me concentro igual y mi vista no soporta el mismo tiempo. Mi ordenador no me permite llevármelo conmigo a todas partes y llevar un iPad/Kindle en el bolso me haría estar demasiado pendiente de él, porque no es lo mismo que te roben un libro de 10 euros a un iPad de 500€. Además un libro no tiene información confidencial.

Pero soy yo, hay millones de formas de consumir diferentes de la mía; como el no consumo de libros, ni digitales ni en papel que es lo que realmente me preocupa.

Voy a hacer de abogado del diablo. ¿Es realmente más sano para el planeta el consumo energético que supone la tecnología, con los recursos actuales?

Mi punto de vista aquí es que deberíamos de hacer una gestión de los recursos más efectiva y comprometida. Pero el papel no es malo de por sí, lo malo es que no nos importa talar hectáreas de bosques para producir papel que en muchos casos se malgasta. Como la tecnología es genial, pero envíamos cientos de correos innecesarios o dejamos el ordenador en reposo y enchufado en lugar de apagarlo mientras no lo usamos… Esas cosas son las que no son de recibo.

[...] medios digitales, por la cuenta que nos trae.Si quieres profundizar en el asunto, te recomendamos Nadie acabará con los libros, un conjunto de entrevistas entre Eco y el dramaturgo francés Jean-Claude Carrière.Este [...]

El papel seguirá siendo importante para los pueblos del globo terráqueo. La tecnología hasta hoy, no lo ha podido reemplazar.

(requerido)

(requerido)


*