Por una biblioteca diferente

Hoy ha comenzado en Madrid un seminario del que me gustaría haber podido hablar, pero me he quedado en la revisión del programa: “La digitalizacion del material cultural. Bibliotecas digitales y derechos de autor“, organizado por la Biblioteca Nacional con aforo estrictamente limitado, aborda asuntos claramente inaplazables: la puesta a disposición pública mediante su comunicación digital del patrimonio bibliográfico antes exclusivamente analógico; las licencias bajo las que esa circulación es posible o deseable, sobre todo en el caso de obras que se quieren sujetas a copyright; la aberración de las obras huérfanas, ese patrimonio inutilizado por falta de una solución legal satisfactoria; el papel, en fin, que le queda reservado a las bibliotecas en el siglo XXI.

Me atrevo a proponer, por seguir la forma canónica, un decálogo para la biblioteca que se está comenzando a construir, un decálogo de funciones que deberá observar y desarrollar consecuentemente si quiere encontrar un espacio propio  y distintivo en el ecosistema de la red. Brevemente:

  1. extender sus funciones tradicionales al ámbito digital: ensayar todas las formas de préstamo digital que las tecnologías permitan, incluidas las descargas a dispositivos dedicados o polivalentes, con o sin DRM, porque las bibliotecas serán, sobre todo, centros de comunicación e información social; abrir las colecciones a arañas y buscadores mediante el uso de protocolos abiertos;
  2. conservar, paradójicamente, sus funciones tradicionales: no olvidar, sin embargo, que las bibliotecas deben custodiar una forma de racionalidad histórica insustituible: la contenida en los soportes de lectura analógica sucesiva también llamados libros. Durante siglos, las biblotecas se dieron como cometido ordenar el sentido del mundo, intentarlo al menos, y ahora no es cuestión de tirar todo por la borda porque exista el etiquetado social;
  3. reconceptualizar la ubicación de los departamentos y unidades dedicados a la comunicación digital: es posible que las bibliotecas deban desaparecer como tales para pasar a formar parte de entidades de mayor envergaduras preocupadas por la estrategia de comunicación digital integral de la institución a que pertenezcan, sobre todo en las Universidades;
  4. abrir la biblioteca a cierto grado de cogestión y participación ciudadana: las redes sociales tienen valor, en todo caso, si además de comunicar el calendario de actividades y realizar algún tipo de encuesta informal cuya muestra carece de valor, derriba en alguna medida sus muros y la abre a formas controladas de cogestión ciudadana, como la clasificacion y valoración de sus contenidos y de su oferta;;
  5. encarnar el cambio en los espacios: si la biblioteca es un centro de comunicación e información, un lugar abierto a la participación, sus espacios deben reflejarlo; ensayar con la creación de nuevos “espacios” de acceso a la información;
  6. gestionar la complejidad derivada de la propiedad intelectual: copyright, pero también creative commons, o color iuris, o licencias de uso, licencias colectivas, licencias no exclusivas, etc., etc.
  7. desconfiar de los grandes intermediarios digitales. Google no es dios, aunque lo parezca, y sus servidores están en las nubes, tan inalcanzables como dios, por tanto. El patrimonio bibliográfico de la humanidad es cosa de todos. Hagamos algo por incorporarnos a la red mundial de bibliotecas: WorldCat está cerca; rechazar los formatos propietarios, todo lo que no cumpla los protocolos OAI-PMH;
  8. regresar a las preceptos fundamentales de la profesión de bibliotecario, ahondar en ellos hasta asumirlos completamente: las bibliotecas son el cimiento de las democracias modernas,el espacio por antonomasia de la libertad de pensamiento y expresión,el sitio en el que se accede a la información que nos habla de los demás, de los otros. Sin Bibliotecas no habría democracias, porque es donde se preservan las ideas dispares y de donde puede provenir una discusión con argumentos bien fundamentados.
  9. peregrinar a Alejandría para comprender plenamente una fama que proviene, en gran medida, de su afán por atesorar todo el conocimiento escrito de una época histórica. Cuando se acopia todo ese conocimiento dispar —proveniente, según dicen, de todos los barcos que recalaban en el Puerto de Alejandría, cualquiera fuera su procedencia—, existe el deseo previo: de conocer a los demás,de observar sus leyes y sus costumbres, de respetar su diferencia, quizás inclusode aprender de ellos algo que nuestra cultura no ha resuelto o no ha sabido solventar.
  10. emitir las reuniones importantes por streaming… sobre todo cuando no quedan entradas (basta una cámara de video, un teléfono móvil o un portatil con cámara incorporada y una conexión a un servidor gratuito de streaming, como Ustream).

Por una biblioteca diferente, este pequeño manifiesto.

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Comentarios

Me sumo completamente al punto 10. Este tipo de conferencias tienen que ser más abiertas, sobre todo con las posibilidades técnicas que existen.

Difícil papel el de las bobliotecas y muchos los que predicen el peor de los futuros para ellas…
Nosotros entendemos que son imprescindibles para el tejido cultural de una sociedad (en nuestro caso poco lectora, como encuesta tras encuesta nos repiten) y su supervivencia necesaria, pero el camino es sin duda difícil, como para para casi todos de los que participamos en este sector.
Tu mirada hacia el futuro, no sólo sin olvidar el pasado sino apoyándote en él, nos parece esencial para la reconversión y adaptación de la boblioteca tal como hoy la entendemos (especialización? inclusión en entes que aúnen actividades relacionadas?…)
Felicidades por tu blog, lo seguimos a diario.
Un saludo!!

Tu blog me parece muy interesante, felicidades. Disculpa que te deje esto aquí pero no he encontrado el contacto, he pensado que te podría interesar:

http://www.youtube.com/watch?v=gew68Qj5kxw

…parece que a las adaptaciones cinematográficas le seguirán las adaptaciones infográficas?

Excelente. Acabo de compartirlo en Twitter y Facebook como lectura “obligatoria”. Me apunto al peregrinaje a Alejandría :) , Javier

Hola Joaquin:

Unas reflexiones muy acertadas. Me siento muy identificado con lo expuesto. Un saludo

Fernando Juárez. Biblioteca de Muskiz

Apoyo totalmente todos los puntos, creo que o hacemos esto o hacemos la maleta.

Salud

Zapico

Excelente decálogo, Joaquín. Comparto lo principal, pero además propongo algunos puntos más para la discusión de un nuevo papel de las bibliotecas y la cultura común.
http://periodistas21.blogspot.com/2010/04/bibliotecas-para-el-siglo-xxi.html

Crear una red de gestión cultural abierta y participativa. En la era del acceso y la conexión las bibliotecas no deben ser salas cerradas, sino nodos interconectados que orienten a su público y le ofrezcan sus servicios a lo largo de una gran red de conocimiento y archivos.

Gestoras del patrimonio común, el dominio público y las obras abiertas y colectivas. Como viejas guardianas del patrimonio común, las bibliotecas tienen con la digitalización de los contenidos la gran oportunidad de convertirse en escaparate, promotoras y gestoras de todos aquellos contenidos abiertos para el público, tanto los de dominio público, como el acceso a procomunes y como difusoras de todos los contenidos con derechos libres que permiten su acceso y uso al público. Especialmente los de investigación, contenidos educativos, científicos y de nueva creación.

Integradas en un nuevo servicio público digital de contenidos y acceso. Integradas en una red de instituciones, centros y servicios públicos -bibliotecas, universidades, centros educativos y sociales, centros de investigación, radio y televisión pública- donde se produzcan, gestionen, alberguen, digitalicen, difundan y promuevan los contenidos y servicios de dominio público, de derechos abiertos y financiados con dinero público. De la ciencia a la cultura abierta. Y cada uno cumpliendo la función que mejor puede desempeñar. La de las bibliotecas sobre todo la categorización, archivo y gestión documental, tanto de fondos como para facilitar su consulta.
Además de ofrecer el acceso y la conectividad adecuada para su uso por los ciudadanos.

Abiertas al exterior como centros de difusión cultural y científica. Desde la retransmisión de todo tipo de actos -ejercida en ese nuevo servicio público por la radiotelevisión digital pública- a la integración y difusión de contenidos en redes sociales y espacios donde se hagan visibles y accesibles los contenidos.

Acabo de encontrar este decálogo en la revista Delibros que tengo encima de la mesa. Me parece idealista y por eso mismo me ha gustado. Pero claro, tiene bastantes puntos en común con lo que personalmente entiendo que es [debe ser]una biblioteca. Y el soporte es lo de menos. De los 10 puntos el más complicado de conseguir creo que es el 8, porque la profesión de bibliotecari@ se ha roto, igual que la de librer@. Ahora ambas se parecen: abrir cajas y mover libros, eso sí, cuanto más grande sea el “escaparate de venta” mejor.

[...] el mes de abril propuse un decálogo que me atrevo a retomar y que vertebrará parte de la [...]

necesito literatura sobre cogestion y participacion ciudadana en salud

(requerido)

(requerido)


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