El paréntesis de Gutenberg

Sé que la supuesta noticia del día es otra, pero ante la magnitud del asunto a tratar, merma en importancia: Alejandro Piscitelli, faro del que a menudo difiero pero que siempre me ilumina, plantea en su blog (Filosofitis, de visita obligada), que la imprenta, que representa la textualidad lineal por antonomasia, la producción seriada e industrial de una textualidad sucesiva y hasta cierto punto artificial, habría revocado y arrumbado al olvido la espontaneidad de la expresión oral. Pero hoy, tanto tiempo después, la oralidad renacería gracias a las tecnologías digitales y de la comunicación ubicua, de las conversaciones enredadas y de las relaciones sociales virtuales. La imprenta, dice Alejandro tomando la idea de Lars Ole Sauerberg, no sería más que un paréntesis entre dos formas de oralidad históricas. Esa es la tesis que se recoge en The Gutenberg Parenthesis Research Forum y que Piscitelli suscribe. El fondo del debate es fundamental para intentar discernir el futuro de la cultura escrita, de la educación, de la creación y, por ende, de la edición; también, de manera inevitablemente sucesiva, de lo que entendamos por propiedad intelectual, por obra original o derivada, por autor o autoría.

La idea pretende ser revulsiva, pero me temo que es simplemente insostenible: Gutenberg no hizo sino instrumentalizar y seriar, reproduciéndola maquinalmente, la arquitectura de un artefacto que lo antecedía en más de once siglos. El códice precedió al libro en más de mil años, su estructura actual y la mayoría de sus dispositivos textuales estaba ya presente entonces. La historia concreta, por tanto, de eso que llamamos libro, de esa mediación específica al conocimiento, tiene unos 1700 años. El paréntesis, por tanto, comienza a ensancharse. Pero lo más importante es que, como revela de manera irrevocable Stanislas Dehaene en su extraordinario Reading in the brain, los sistemas simbólicos de notación numérica que aparecen en el año 3300 aC en ciudades del medio oriente como Susa, son el antecedente de nuestros sistemas de escritura. La codifiación de ideas abstractas como los números o el tiempo, jugaron un papel esencial en el surgimiento de la escritura. No voy a regresar aquí a aquello a lo que dediqué un libro entero, Sócrates en el hiperespacio, pero valga el recuerdo para evocar que la humanidad se dedicó durante milenios, precisamente, a inventar un sistema que limitara las intermitencias e inestabilidades de la oralidad.

Claro que, como Sócrates, yo tiendo a comportarme como un viejo veleidoso ante los usos y costumbres de los nuevos Fedros,  inmersos en nuevas mediaciones digitales que ignoran en libro y, con ello, todo el sistema de atribución de la autoridad, la idea misma de la originalidad y la autoría, de la propiedad de la obra original creada y distribuida de manera limitada . Que nadie me lo achaque porque ya lo hago yo solo. Aún así, la importancia de la cultura escrita y de sus instrumentos de mediación propios no son un mero paréntesis, sino memoria vegetal sobre la que se asientan unos cuantos miles de años de racionalidad.

No me cabe la menor duda: estamos en el inicio de una nueva forma de civilización  porque los instrumentos de mediación hacia el conocimiento, de creación, uso y distribución, están variando. Generarán sus propios lenguajes, sus propias nociones de propiedad y autoría, sus propio entendimiento de lo que es una obra y de la existencia de un canon, pero no como un regreso a una forma de oralidad rediviva, sino como una invención completamente novedosa que tiene el lenguaje escrito como uno de sus vehículos fundamentales de comunicación. La convivencia entre los géneros, auguro, será larga, también la de los soportes, porque coexistirán formas de mediación distintas. Más que de paréntesis de Gutenberg, hablaría de solera, sustrato o sedimento.

Y aunque no quería hablar de la noticia del día (sobre la que quizás regrese más adelante), esta plataforma no es ni chicha ni limoná, ni es una plataforma de distribución digital ni respalda un ápice los intereses de los libreros del futuro.

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Comentarios

Efectivamente coincido contigo Joaquín, desenmarañas de manera concreta lo que Ken Wilber llama la falacia pre/post que significa: Atribuir las mismas características al fenómeno que se da antes y después de una idea central de análisis, sólamente por el hecho de que ambos son distintos de la idea central, por lo tanto tal y como lo señalas desde una perspectiva más comprehensiva y evolutiva, el fenomeno de la codificación simbólica en los medios digitales al mismo tiempo engloba y trasciende a la codificación escrita. La metáfora de sedimento es pues más acertada desde mi punto de vista! Saludos

[...] Imperdible la réplica de Joaquín Rodriguez [...]

[...] Imperdible la réplica de Joaquín Rodriguez [...]

[...] Derrida). Algunos estudiosos van, incluso, un poco más allá y aseguran -tal como discutí en una entrada previa- que el invento de Gutenberg y el tipo de textualidad a la que dio lugar, no sería sino un [...]

[...] Digital Technologies" el el MIT Communication Forum, y parece que disparó definitivamente un meme irrestible para los estudiosos de la era digital: El paréntesis [...]

[...] la teoría del retorno de lo performativo ante lo compositivo que explica la teoría del Paréntesis de Gutenberg puede ubicarse en un «territorio medio», que reflota el viejo debate platónico alrededor de la [...]

[...] Technologies” en el MIT Communication Forum, y parece que disparó definitivamente un meme irresistible para los estudiosos de la era digital: El paréntesis [...]

[...] Imperdible la réplica de Joaquín Rodriguez [...]

Lo que me parece curioso ademas es que muchas de estas nuevas tecnologias son utilizadas a partir de la mediacion de la escritura,materializada en los teclados. Todos los aparatos digitales como celulares, smartphone y demas tienen como dispositivo un teclado que reproduce claramente la escritura fonetica,aunque desde luego adaptada a una tecnica digital.

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