Por una ecoedición responsable

El boletín de primavera de “Libros amigos de los bosques“, una de las campañas promovidas por Greenpeace para fomentar entre los miembros de la industria editorial y de las artes gráficas una verdadera conciencia ecológica, alerta del uso indiscriminado de pastas procedentes de bosques primarios, sobre todo de Indonesia, entre los productores y editores españoles. Hace no demasiado tiempo la WWF alemana realizó  un análisis titulado Tala de bosques tropicales para libros infantiles en el que demostró que 19 de los 51 libros analizados aleatoriamente contenían pulpa de maderas de bosques tropicales sin trazabilidad ninguna, la mayoría de ellos impresos en China, país que importa el 50% de la pasta de papel producida (a menudo ilegalmente) en Indonesia. Esa constatación levantó en la última Feria del Libro de Frankfurt un revuelo comedido, porque solamente se celebró un acto (al que asistí, en el stand de las academias coaligadas del libro) en alemán con presencia de algunos de los editores dispuestos a realizar un acto de contricción.

Los responsables de la campaña alertan de la importanción sin trazabilidad de pastas indonesias a bajos precios y solicitan al conjunto de los agentes responsables de la cadena de aprovisionamiento del libro que cambien radicalmente de perspectiva: “Greenpeace pide a la
industria editorial y de las artes gráficas que asuma su responsabilidad con el medio ambiente y rechace aquellos productos papeleros procedentes de la degradación y destrucción de los bosques, en especial de los bosques primarios. Para ello, Greenpeace demanda al
sector que incorpore criterios ecológicos en la producción de libros y revistas y, de manera especial, que implante políticas de compra  de papel responsables con el medio ambiente y la sociedad. Los bosques primarios son grandes extensiones de bosque virgen, que han sido mayormente destruidos y que hoy en día sólo ocupan el 7% de la superficie terrestre. Son vitales para el equilibrio del planeta, el mantenimiento del clima y los ciclos hidrológicos, asimismo para la supervivencia de muchas culturas indígenas. Por eso, la prioridad del proyecto es que la industria editorial española termine con la compra de papel procedente de empresas que son responsables de la  destrucción de estos bosques”.

Cradle to grave

La industria editorial siempre ha sido extractiva, porque su modelo de producción sigue estando anclado en la revolución industrial, pero es hora de que se cobre plena conciencia de que esa cadena de aprovisionamiento y de generación de deshechos es irresponsable e insostenible. Compañías como Coca-Cola, Starbucks o Nike -por mencionar ejemplos de grandes multinacionales capaces de pensar más allá del beneficio cortoplazista-, trabajan reconstruyendo su cadena de aprovisionamiento junto a las comunidades que les proporcionan las materias primas necesarias para construir sus mercancias -los acuíferos, el café o los tejidos-. Trabajan por el futuro de las siguientes generaciones y trabajan, también, por su propio futuro.  Nuestra industrial editorial, nuestra industria de las artes gráficas, sin embargo, no ha desarrollado hasta hoy iniciativas colegiadas que fomenten esta inaplazable conciencia ecológica.

En Cataluña se celebrará el próximo día 9 de junio una iniciativa ejemplar que ya viene de lejos: la segunda reunión del Parlamento de la Ecoedición. Uno de los instrumentos más útiles y necesarios cuya extensión debería ser de obligado cumplimiento, es el de la mochila ecológica: la medición de la energía utilizada en la fabricación del papel usado en cada libro; la emisión de CO2 a la atmósfera emitida en el proceso de su producción y distribución; la cantidad de agua que se ha utilizado en la fabricación del papel (más información, sobre todo, en IFEU). Además de promover esa auditoría, el Parlamento, junto a Greenpeace, promueven el uso de papeles FSC certificados, único sello que garantiza un verdadero equilibrio de las explotaciones madereras en acuerdo y armonía con las comunidades de donde se extrae esa materia prima.

El día 10 de junio, un día después del inicio de las sesiones parlamentarias, se celebra el Congreso Nacional de Artes Gráficas, al que tengo el honor de haber sido invitado. Por pura coherencia les propondré lo mismo que dejo escrito aquí: emprender un camino sin retorno hacia una verdadera ecoedición responsable.

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Comentarios

Hola, Joaquín. El primer paso sería que el Ministerio no subvencionara las ediciones impresas en China, como ya se está haciendo con el mobiliario urbano (que debe fabricarse con maderas certificadas).

Te invito a que intentes convencer a los impresores de que esta es una batalla en la que ellos tienen que ser parte activa. Yo lo intenté una vez sin éxito..

Hola Joaquín! Estoy contigo: es importantísimo que nuestra industria editorial incorpore demandas ecológicas en la compra de sus productos. Y también creo que a los criterios ecológicos deberíamos añadir sistemáticamente los criterios sociales: aquellos que también nos garanticen que los bonitos libros infantiles que leen los niños, o bien los sofisticados lectores electrónicos pensados para leer e-books, están hechos por trabajadores que han tenido unas condiciones laborales dignas, es decir, en las que mínimamente se hayan cumplido los acuerdos fundametales de la OIT (www.oit.org).

Según tengo entendido, algunos organismos públicos europeos han empezado a incorporar criterios sociales en sus condiciones de compra para material informático (además de los criterios ecológicos!). Es una manera de, a largo término, concienciar a toda la sociedad de su importancia. Esperamos que vaya a más y que se contagie toda la industria editorial.

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