Buzos y surfistas

Nicholas Carr es el autor de ese debatido artículo que corrió por la red hace dos años: Is Google making us stupid?, en el que cuestionaba las virtudes de la red por el efecto nocivo que el aluvión de información indiscriminada podría provocar en nuestros hábitos lectores y, en definitiva, en la configuración de nuestro cerebro. Carr acaba de publicar la consecuencia lógica y aumentada de esas afirmaciones preliminares: The sallows. What the internet es doing in our brains, algo que me atrevería a traducir como Los bajíos, o las agus poco profundas. Lo que Internet está haciendo en nuestros cerebros.

La comparación persiste: antes, confiesa Carr, tendía a comportarme como un buzo que descendía a las profundidades persiguiendo palabras, con el propósito de descifrar su significado, esforzadamente, hasta dar con la pieza; hoy todos tendemos a comportarnos como surfistas que sobreponen el placer de la navegación superficial a las demandas que el submarinismo nos plantea. Aporta, para sostener la metáfora, múltiples ejemplos, incluso cercanos a quienes presumimos de lectores aguerridos: desde el año 2008 se revisaron 34 millones de artículos académicos publicados entre 1945 y 2005. Aunque la digitalización los había hecho accesibles a toda la comunidad científica, poniéndolos al alcance de sus dedos y de su ratón, lo cierto es que el número de citas en en las publicaciones actuales descendió en favor de las publicaciones más recientes. Disponer de un extraordinario acervo histórico sobre el que construir el conocimiento no fue suficiente para evitar la tendencia a sobrevolar y citar lo más actual, lo más cercano, lo más superficial. Ya lo dijo quien pasa por ser uno de los sumos sacerdotes de la red, Cory Doctorow: internet es un ecosistema de tecnologías que interrumpen, de tecnologías disruptivas y distractivas.

En Alemania Payback. Warum wir im Informationszeitalter gezwungen sind zu tun, was wir nicht tun wollen, und wie wir die Kontrolle über unser Denken zurückgewinnen, que sería algo así como Recupere su inversión: por qué en la era de la información nos obligan a hacer lo que no queremos y cómo podemos recuperar el control sobre nuestro pensamiento, se ha convertido en un bestseller de ecos obviamente socráticos, porque arremete con fortaleza y argumentos contra el control creciente que las tecnologías ejercen sobre nosotros, sobre nuestra manera de pensar y de actuar, de rememorar y de relacionarnos.

Ser cauto -ya que las evidencias positivas y perniciosas se acumulan de uno y otro lado-, es la mayor de las enseñanzas que la lectura retrospectiva del Fedro nos enseña: las mediaciones hacia el conocimiento mutan en la historia y, con ellas, todo el ecosistema de nuestras relaciones con el pasado, con el prójimo y con nosotros mismos. Solamente estamos en los albores de esta era y tratamos, desesperadamente, de comprenderla, descendiendo a profundidades abisales o cabalgando la gran ola.

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