La velocidad de la lectura

Uno de los misterios esenciales del aprendizaje de la lectura es el de la invariabilidad: nuestro cerebro aprende a pasar por alto, progresivamente, las variaciones irrelevantes de los caracteres y, al contrario, a maximizar o ampliar las diferencias relevantes. Es decir: un lector cualquiera, para poder tener siquiera la posibilidad de descifrar un texto, tiene que pasar por alto las diferencias de rasgos ornamentales que constituyen una letra (imagínense si tuviéramos que aprender cada una de las “t” de cada una de las familias tipográficas que existen para poder entender la  palabra “tarugo”). En esto, lo cierto es que no me queda más remedio que contradecir a los tipógrafos, diseñadores y componedores de toda la vida: el rasgo o el palo seco nada quitan o añaden a la legibilidad de un texto.

Ese aprendizaje de la invariabilidad, que nos permite comprender millones de textos distintos independientemente de la fuente que utilicen, también afectan a su tamaño o cuerpo, el lugar que la letra o la palabra ocupe en la página o la forma que adopte el carácter (cursiva,  negrita, etc.). Ese es parte del misterio del aprendizaje de la lectura. Sabemos que ocurre y que es así porque practicamos una suerte de economía de la lectura que, sin embargo, debe amplificar cambios aparentemente pequeños: si, al contrario, escribo “tinta” o “pinta”, sabremos que lo primero sirve para escribir y, lo segundo, para celebrar que mañana ganará alguna de las dos selecciones que se enfrenta en el Mundial. Una simple letra retrata dos campos semánticos completamente distintos.

Acaba de  hacerse público un estudio sobre la velocidad de la lectura en cuatro soportes que conviven en la actualidad: un IPad, un Kindle, la pantalla de un ordenador y un libro de papel. Los resultados obtenidos mediante una muestra de 24 usuarios de nivel cultural alto y buenos lectores (para aminorar las diferencias que pudieran deberse, precisamente, a las diferencias de competencia lectora), son significativas: el soporte de mejor legibilidad, el que facilita la lectura y propicia una mayor velocidad, es el libro de papel, aquel cuya resolución, opacidad, composición de  la página, largo de línea, interlineado e interletrado, mejor asegura, todavía hoy, la lectura de un cuento de Hemingway (que fue el texto que leyeron todos los encuestados); la velocidad en el IPad descendió un 6,2%; con el Kindle se aminoró en un 10,7% y, en la pantalla del ordenador, definitivamente poco capacitada para ese propósito, muy inferior. Si esos datos son extrapolables -aunque otros especialistas lo desmientan y defiendan que la experiencia lectora es equiparable, como José Antonio Cordón-, ¿a qué puede obedecer esa diferencia? Si nuestro cerebro lector está entrenado en la invariabilidad y no podemos achacar discrepancia al tamaño, la forma o el rasgo del alfabeto, ¿cabe pensar que existe una disimilitud esencial entre los soportes? ¿Se salvará, simplemente, con mejoras técnicas sucesivas en la resolución de las pantallas o persistirá para siempre…?

POdeMos LEEr a VELociDAdeS norMalES indePENdiENtEMente del TAmaÑo dE Los CARActERes y de La FAMilIA tIPOgrAFIca EMPleaDA.

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Comentarios

Sin entrar a discutir los datos de Nielsen, habría que ver quién, cómo y de que modo se han realizado los archivos a leer en los dispositivos electrónicos, cual era la experiencia de usuario de la muestra, que tipo se utilizó en pantalla y cuál en electrónico. En esta prueba hay un pequeño truco…el papel tiene cientos de años de ensayo y error sobre el papel (y antes sobre pairo, tablillas, etc, mientras que el soporte electrónico lleva unos míseros.. ¿50 años?. Acordémonos de las conocidas y respetadísimas OCR (A y B) fonts – la segunda diseñada, si no me equivoco por el muy respetado Adrian Frutiger (http://www.linotype.com/720/adrianfrutiger.html) que sentaron un estándar para legibilidad electrónica, y que son fuentes monospace sinceramente poco atractivas.

[...] La velocidad de la lectura [...]

[...] Ha saltado a la red una noticia de esas que resultan imparables. Jakob Nielsen, uno de los mayores expertos en usabilidad, ha realizado una investigación sobre la velocidad de lectura en 4 soportes, concluyendo que es la lectura en papel la más rápida. Se trata de un asunto complejo que dará que hablar, comentar y discutir. Y para empezar, podemos leer la interesante entrada de Joaquín Rodríguez, colaborador de Territorio Ebook, en su blog Los futuros del libro. [...]

[...] entre un libro electrónico y una lectura tradicional o que nos muestran un estudio sobre la velocidad de lectura en 4 dispositivos electrónicos [...]

A mi lo que no me parece serio es realizar un estudio con sólo 24 personas…

Como bien indica JL, hacer un estudio con 24 personas no es serio. Las cifras y resultados pueden variar enormemente según qué 24 personas se escojan.

Vale, lo último si que fue un reto leer jaja con tantas variaciones, pero se lee de corrido sin problemas después de la sorpresa. Tendré en cuenta esos resultados de los dispositivos electrónico para cuando decida donde leer.

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