Going fast nowhere

Las herramientas de comunicación digital se han convertido en la atmósfera que respiramos, en el medio líquido en el que nos desenvolvemos, de manera que apenas podemos imaginarnos estar desconectados, dejar de contestar compulsivamente a los correos electrónicos que se amontonan por centenares, de seguir la lista de tweets que se actualizan a más velocidad de la que podemos leerlos, de intentar seguir el hilo roto de las conversaciones en Facebook, de anudar nuestros quebradizos lazos profesionales, de teclear torpemente con dos dedos mensajes SMS tan breves como a menudo ortográficamente imcomprensibles, de hacer todo esto a la vez y por separado, de sumergirnos en esa corriente digital que nos promete una suerte de nueva libertad a través de ese movimiento dinámico permanente. Lo cierto, sin embargo, es que ocurre todo lo contrario de lo prometido, y que cada vez más, se está tomando conciencia de los efectos antagónicos que esa velocidad sin objeto impone sobre nuestros sentidos, sobre nuestra capacidad de concentración y comprensión, sobre nuestra percepción del peso y la importancia del presente.

El último libro sobre este auge tan imparable como a menudo contraproducente de la revolución de los medios de comunicación digitales es el libro de Richard Watson  Future Files: How the Digital Age Is Changing Our Minds, Why This Matters and What We Can Do About It. Como el propio autor comenta en el artículo aparecido en FastCompany: “Our decision-making abilities are at risk because we are too busy to consider alternatives properly or because our brains trip us up by fast-tracking new information. We become unable to exclude what is irrelevant and retain an objective view on our experience, and we start to suffer from what Fredric Jameson, a U.S. cultural and political theorist, calls “culturally induced schizophrenia”.

Un grupo alemán desconocido por completo en España, Fury in the Slaugterhouse, compuso una famosa canción titulada, precisamente, Going fast nowhere, yendo deprisa hacia ninguna parte: la promesa liberadora de las tecnologías digitales, de esas múltiples personalidades o avatares fluidos en los que poder encarnarse, asumiendo el aspecto de una suerte de Easy Rider digital, se está convirtiendo, en realidad, en una forma renovada de Sísifo (basta con recordar cómo nos encontramos todas las mañanas nuestras cuentas de correo, el esfuerzo que invertimos en tratar de tramitarlos para, al final, reencontrarnos de nuevo con decenas si no centenares de nuevos mensajes que demandan nuestra atención renovada).

Hartmut Rosa, el gran sociólogo alemán cuya obra principal sigue sin ser traducida al español (y no será porque no insisto), dice: “…la velocidad, en este proceso, pierde todo su atractivo como fuerza de liberación y de autonomía. En lugar de eso, se convierte en el movimiento incesante de la rueda de un hamster”. No hay ya movimiento hacia delante, liberador; hay movimiento circular, ensimismado. Por sí mismas, las herramientas digitales, que propician un sentimiento de gratificación inmediata y constante, cierto desprecio paralelo por la concentración y por cualquier tarea que entrañe una lectura silenciosa y sostenida, son lo contrario de lo que la educación debería promover: la reflexividad y la autonomía, la dilación de la recompensa y el premio al esfuerzo sostenido. Por eso, no me parece que baste con aludir a Jacques Ranciere y al Maestro ignorante para ensalzar con cierta simpleza la supuesta emancipación que los estudiantes actuales obtendrían a través del uso de las herramientas digitales. Mucha literatura apunta a todo lo contrario: en “Why Minimal Guidance During Instruction Does Not work“, se dice: “Evidence for the superiority of guided instruction is explained in the context of our knowledge of human cognitive architecture, expert–novice differences, and cognitive load. Although unguided for minimally guided instructional approaches are very popular and intuitively appealing, the point is made that these approaches ignore both the structures that constitute human cognitive architecture and evidence from empirical studies over the past half-century that consistently indicate that minimally guided instruction is less effective and less efficient than instructional approaches that place a strong emphasis on guidance of the student learning process”.

Presumo que casi todos buscamos lo mismo, para nosotros y para los demás -autonomía, independencia, reflexividad, dominio de nuestra propia vida  y nuestro propio destino, madurez de criterio, bienestar, etc.-, por eso quizás convenga asumir, también con las tecnologías digitales, una distancia crítica que echo de menos en demasiadas adhesiones automáticas e irreflexivas.

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Comentarios

Joaquín,
Gracias por tus entradas, siempre aprendo algo.
To go nowhere fast” es una expresión muy habitual en lengua inglesa, que se traduciría bien por nuestro “estar yendo sin rumbo fijo”.
Una pregunta, ¿qué opinas de Jaron Lanier?
Abrazo,
Iñigo

Me ha parecido muy interesante, gracias por tu reflexión. Lo comparto

Gracias Iñigo por estar ahí… Cuando titulo la entrada “going fast nowhere” quiero decir, exactamente, yendo deprisa hacia ninguna parte, porque es precisamente ese contenido temporal de aceleración sin freno ni causa, multiplicado por las herramientas digitales, lo que caracteriza a la modernidad tardía, tal como la denominan muchos sociólogos. Hace ya más de dos o tres años que recomendé a varios editores el imprescindible libro de Hartmut Rosa, traducido ya al inglés y al francés, pero nadie se ha atrevido aquí (¿quizás tú?). Y no he leído el libro de Lanier, pero lo tengo en la mesilla, entre los dos mil pendientes. En todo caso, por los paratextos que he leído de su trabajo se parece mucho (y perdona de nuevo la referencia alemana, pero es parte de mi universo bibliográfico) al libro de Frank Schirr Macher que he mencionado ya en este blog: “Payback, por qué en la era de la información estamos obligados a hacer aquello que no queremos hacer y cómo perdemos el control sobre nuestro pensamiento”, un bestseller en Alemania que alude al concepto de Taylorismo digital… En el próximo “El profesional de la información” escribiré un artículo largo sobre este tema por si te interesa. Abrazos.

Muy interesante tu entrada. Yo la comparto plenamente, tampoco entiendo por qué la velocidad en sí (v = e/t) se ha convertido en la variable fundamental de cualquier comportamiento actual, cuando las que son realmente radicales en nuestra vida son las otra dos. No dejo de pensarlo en cada circunstancia diaria en la que se manifiesta, que son todas aquellas que priman hoy en dia.
Mi conocimiento no es tan profundo como el tuyo sobre todo esto, pero a partir de tu información, trataré de avanzar.
Un saludo

Muy interesante y lúcido el post, gracias
Además del libro de Watson, os recomiendo WThe Shallows: How the Internet is Changing the Way We Think, Read and Remember” Aporta una enorme dosis de lucidez e insiste en el peligor de la compresión superficial.

Gracias Andrés

No dudo que el artículo será bueno, pero para los que no dominamos la lengua de Shakespeare, nos hemos quedado a medias de lo que ha expuesto el autor. Mi opinión personal es que cuando se citan a autores extranjeros el autor del artículo, que escribe en castellano, traduzca los textos mencionados en inglés al castellano. Somo muchos los que nos interesamos por los avances de I+D que no tenemos estudios superiores ni, por desgracia, sabemos inglés (mis hijos y nietos, sí). Es por ellos que me atrevo a sugerirle al autor que traduzca las citas que inserta al castellano. Muchas gracias por acercarnos al mundo de la ciencia…

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