Algunas consideraciones intempestivas

2 de febrero de 2011. Mis amigos editores y libreros, con un gemido uniforme y unánime, en esta tradicional época de devoluciones, me comentan los siguiente:

  1. nunca antes habían visto una marejada de devoluciones similar, hasta el punto que las medianas y grandes alcanzan en torno al 45% de lo colocado y los pequeños cerca del 38-40%;
  2. es cierto que las estadísticas de Comercio interior arrojarán después una media asimilable al 35%, porque al tratarse de una medida de tendencia media incluye los libros de texto, cuyo índice de devolución es siempre inferior, en torno al 15%. Eso, en todo caso, no disimuye ni un ápice el lamento lastimero del sector;
  3. nada que no sea ficción vende más de 500 unidades, de manera que el sistema de producción tradicional carece por completo de sentido;
  4. la ficción puede llegar a vender más unidades de algunos títulos elegidos, pero teniendo en cuenta el volumen global de producción y de ISBNs anuales, son más bien pocos y escasamente representativos. Por ser benignos pongamos que, si todo va bien y el autor es conocido y recibe los parabienes de Rodríguez Rivero y de Lector mal-herido (por poner dos de los pocos que leo con fruición), llegue a vender 1200 unidades. Desde luego el sistema fabril de producción, colocación y distribución que concebimos en su momento nos viene seis tallas grande;
  5. el gasto de los que compramos a menudo, según sondeos informales entre unos cuantos libreros derrotados, ha descendido en torno al 30%, lo que suele traducirse en que aquellas obras que vienen distinguidas con un precio superior a los 24 €, se quedan donde estaban y son carne segura de devolución;
  6. mientras tanto, la ristra de librerías que va echando el cierre es innumerable: en Madrid ABAC, Fuentetaja, ASIA y Aviraneta, según mi soplón y confidente más cercano. El problema, además, no es ya sólo que no vendan y que quienes compramos gastemos menos, sino que aquellas que todavía mantienen un nivel aceptable de ventas no cobran de las editoriales que se declaran sucesivamene en quiebra o que, simplemente, no pueden afrontar el pago de las devoluciones;
  7. el modelo de negocio basado en el acceso a contenidos dispuestos en una nube intangible, gobernada por grandes operadores, gana adeptos. Es seguro que buena parte de los servicios que consumamos en el futuro pasará por ese avatar atmosférico. Eso sí: algunos de nosotros, rancios reticentes, querremos seguir palpando el papel. ¿Qué le quedará a este reducido y revirado grupo de resistentes?

Dadas las circunstancias concurrentes antedichas, mis consideraciones intempestivas son como siguen:

  1. ¿No se la ha ocurrido a nadie, por casualidad, que el modo de producción tradicional, y el tipo de relaciones en que está basado, están más anticuados que el vals?
  2. ¿No es hora de que los editores entiendan que deben gestionar digitalmente su cadena de valor?
  3. ¿No convendría que entendieran que gestionar digitalmente quiere decir preparar sus contenidos para que puedan ser descargados en formatos abiertos e impresos sola y exclusivamente bajo demanda?
  4. Para que el punto antedecente tenga las más mínima posibilidad de hacerse realidad, claro, deberíamos contar con la connivencia de impresores y distribuidores (reconvertidos, a su vez, a la nueva realidad);
  5. ¿No es momento de que los libreros alcen la vista y se den cuenta de que no tienen nada que  hacer contra Amazon España, Google Editions o IBookStore, que deben desarrollar un modelo de negocio alternativo y complementario que los diferencie claramente, donde los libros, quizás, sean la excusa en torno a la cual crezca un entorno de afinidades electivas?
  6. ¿Por qué siguen desperdiciándose las herramientas de las que los propios agentes de la cadena de valor del libro disponen? (veáse, autorreferencialmente, la entrada “La cadena de suministro (digital) del libro“).
  7. ¿Tendrán que morir aplastados los editores por las devoluciones, los libreros por los impagos y la falta de clientes  y los distribuidores por materia que distribuir antes de que alguien repare en que el modelo se acabó?
  8. El fenómeno no es exclusivamente nacional, como nos recuerda Roger Michelena en su entrada sobre la desaparición de una cuantas librerías norteamericanas, de manera que no se trata tanto de ineficiencias puntuales o contracción de la demanda (estas tonterías a las que le gusta recurrir a los que no saben nada de economía) como de una falla estructural de todo el sistema (hoy mismo The Bookseller anuncia el cierre de once librerías de la cadena Waterstone, sin ir más lejos, y arranca en Facebook una campaña en defensa de las librerías);
  9. [aquí no se me ocurre nada]
  10. ¿No tenemos un “Observatorio de la edición” por algún sitio? ¿No convendría coordinar acciones transgremiales que tuvieran en cuenta que la construcción de plataformas compartidas es la única posible garantía de un futuro plausible?

Pues eso, consideraciones intempestivas.

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Comentarios

Estimado Joaquín:

Nos conocimos hace un par de años en la Feria del libro de Sevilla; tengo abierta ya la Editorial Ultramarina, donde hemos volcado todo lo aprendido en este tiempo; podrías darle un vistazo? somos una editorial cartonera además de ser digitales; estamos muy metidos en las nuevas tecnologías de comunicación, además de llevar la edición un paso más allá, es decir: crear una Editorial Expandida: visual, sonoro, literaria, artística.

http://www.editorialultramarina.com

No sabía a donde escribirte, por eso te dejo este comentario, no pasa nada si no entra como comentario, es algo que quería decirte más personalmente.

Saludos ultramarinos.

[...] nunca antes habían visto una marejada de devoluciones similar, hasta el punto que las medianas y grandes alcanzan en torno al 45% de lo colocado y los pequeños cerca del 38-40%; es cierto que las estadísticas de Comercio interior arrojarán después una media asimilable al 35%, porque al tratarse de una medida de tendencia media incluye los libros de texto, cuyo índice de devolución es siempre inferior, en torno al 15%. Eso, en todo caso, no disimuye ni un ápice el lamento lastimero del sector; nada que no sea ficción vende más de 500 unidades, de manera que el sistema de producción tradicional carece por completo de sentido; la ficción puede llegar a vender más unidades de algunos títulos elegidos, pero teniendo en cuenta el volumen global de … [Seguir leyendo...] blogs madri+d Master Site Feed [...]

[...] por las esquinas mareas de devoluciones, y un tipo llamado Joaquín Rodríguez les da soluciones aquí. ¡Comparte! [...]

Todo muy bien y de acuerdo contigo, pero FIGHT FOR LIBRARIES es una campaña para salvar las BIBLIOTECAS, no las librerías (bookshops en inglés) ya que el gobierno inglés ha planeado cerrar muchísimas bibliotecas en Inglaterra para cortar gastos.

Un saludo,

Maria

Por favor, porque no se sientan todos los sectores implicados, ceden cada uno de su parte, piensan todos en el lector (inmerso en la crisis) que a la definitiva es el comprador tanto en papel como en formato digital. Si ellos no se sientan a hablar, otros cogeran la delantera y se harán con el mercado.

Tienes más razón que un santo… aunque no lo seas.

Es evidente que las nuevas tecnologías presionan y conllevan a la crisis a los viejos sectores que no saben adaptarse. Así como los antiguos comercios de revelado fotográfico se volcaron a la fotografía digital y a la impresión de copias de alta calidad a pedido, el POD parece ser lo único que puede sacar a las librerías de la crisis.

Comparto tus opiniones y diagnósticos al cien por cien, esto es un desastre, pero te planteo unas cuestiones, ¿desde donde iniciar el cambio y la transición? ¿Deben ser los editores individualmente considerados? ¿Debe ser un planteamiento sectorial y gremial? Cada vez estoy más convencido de que las soluciones deben comenzar desde arriba, pero estas estructuras han acabado por ser parte del problema y no de la solución, luego ¿se hace imprescindible nuevas formas de agregación estructural transversal y en red de valor? ¿que ocurriría si numerosos editores se desagremiaran y formasen un nuevo conglomerado estructural de otro perfil? En resumen, el sector está ante un ocaso crepuscular muy serio y un plan de reconversión es imprescindible, lo que me temo es que acabe por llegar tarde. A la situación actual se ha llegado por insostenibilidad del modelo y no porque nos cerque la piratería, este problema ahora mismo es una entelequia dificil de explicar.
Un abrazo y felicidades por el entrada.

En mi opinión el cambio vendrá impulsado por agentes absolutamente ajenos a los intereses editoriales, capaces de impulsar un cambio porque no contrajeron deudas con un modo de produccioón y distribución que no es el suyo. Ese cambio necesita de estructuras en red verdaderamente transversales que dejen de mirarse al ombligo mientras se les acumula la pelusa. Para eso hay que comprender que la salvación, como en otras crisis estructurales o sistémicas, no es individual, sino colectiva, porque el problema es el de toda la cadena de valor del libro, el de un modo de producción predigital, que es casi tanto como decir paleolítico… de fondo oigo la orquesta del Titanic tocar quejumbrosas melodías mientras nos vamos hundiendo

Interesantísimo. Dos detalles: Amazon España no existe, aunque haya comprado BuyVip. De momento, en inglés, francés o alemán. El segundo: Fuentetaja no ha cerrado, sino que ahora tiene bar, está debajo de mi casa.

Pero esas dos cuestiones no quitan valor al resto. Ni siquiera por el detalle del Fight for Libraries. Lo que falta es la pregunta final: aún cuando esas cifras de venta fueran el doble ¿cómo puede argumentarse que el sistema vigente de derechos de autor es una forma de retribución de los autores “por su trabajo”? Lo que es evidente es que escribir es un acto de reputación y, sólo en contadísimas ocasiones, un medio de vida.

La pregunta es pertinente porque: a) se comprueba lo evidente y que gusta negar al sector: la aportación de valor del editor tiende a… cero. En descarga y pedido bajo demanda, el autor puede controlar su vida y su obra sin esperar a ser “elegido”. De hecho ser ungido por un “editor” resulta ser el único valor que le queda al editor por aquello e que la autoedición se mira mal. Todavía. O ya casi no. Y como no vive de ello… Lo mismo hasta genera más rentas y cuasirentas dándose él a conocer que esperando a ser “descubierto”.

b) negar que el verdadero potencial de la cultura consiste en la difusión libre y sin restricciones se vuelve, simplemente, irracional: lo que quieren hacer los nuevos intermediarios es introducir sistemas cerrados que vinculen la falsa “copia” electrónica a dispositivos y tiendas, de forma que lo que antes era libremente prestable y revendible ahora no lo sea. Ni siquiera que sea “tuyo” pues tienen sus puertas traseras para borrartelo de tu maquinita.

La tragedia para la cultura no es que la librería (el comercio de libros) muera, ni siquiera que los editores no sean esa torre de márfil mágica que parecen ser. Ya nadie espera que haya monjes haciendo hermosas copias con bellas ilustraciones de libros, el editor mágico se queda sin sitio en el mundo. Nada de esto una tragedia. Más bien al revés: los autores son dueños de su destino. Salvo que con la excusa de una propiedad intelectual que no les da dinero y que solo sirve para sostener a quien no da valor se restrinja la difusión, única verdadera oportunidad del autor.

Gonzalo: Amazon ya ha anunciado su aterrizaje y harías bien en mirar bajo tu casa, porque es posible que menos de lo que piensas tengas un chino de todo a 0.60 €. No te puedo contar más, lo entenderás….

Por último, el hecho de solamente unos pocos puedan ganarse la vida legitimamente con los derechos que sus productos intelectuales generan, no entraña que debamos abolir ese derecho. Supone, en todo caso, que debemos explicar al resto que quizás ganarían más liberando sus contenidos que entregándose al sueño del éxito y la posteridad.

[...] [...]

La impresión bajo demanda será una tabla de salvación para el sector, cuando alguien averigue la forma de crear demanda para un producto inexistente.
Si el libro no está impreso, poca gente lo pedirá; si poca gente lo pide, no se imprimirá.
No sé si el tema se arregla con huevos y gallinas, o con gallinas y huevos, pero por ahí anda la cosa.
Los mecanismos de promoción y venta de POD son los mismos que los del digital puro. La editorial que no domine esto último puede olvidarse del POD.
Otra cosa son las tiradas “cortísimas”, pero eso y el funcionamiento actual de la cadena, basado en depósitos+devoluciones no se llevan NADA bien…

Cuando voy a comprarme un Totoya en el concesionario veo un ejemplar o una unidad de lo que luego fabricarán just in time y me entregarán con premura y diligencia. No cabe seguir pensando -por su intrínseca insostenibilidad financiera, ambiental, etc.- en un modelo productivo que produzca antes de vender, sino que venda y produzca cuando la demanda se haya producido. Para que el potencial lector y comprador sepa qué puede adquirir, hay muchos métodos posibles: desde ejemplares promocionales en las mesas de novedades -si nos restringimos a las librerías tradicionales-, hasta escaparates virtuales -tanto para las librerías tradicionales como para las virtuales-. No hay vuelta atrás en este asunto: mira la última noticia aparecida en The Bookseller (Publishing proliferates thanks to POD and digital http://www.thebookseller.com/news/publishing-proliferates-thanks-pod-and-digital.html)

(requerido)

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