Hipótesis distópica del editor y la librería

8 de febrero de 2011. En mi nave del tiempo me he trasladado al 16 de marzo, al archipiélago canario. En la ciudad de Las Palmas los libreros debaten su futuro en el 22 Congreso Nacional. Nadie me ha invitado. Me planto entre ellos sin acreditaciones pero con cara de lector conspicuo. Febrero, ya se sabe, es el mes en el que las golondrinas reconstruyen sus nidos en los aleros y resaltes de las casas y el mes en que los libreros devuelven hasta el último ejemplar de esos molestos productos que se llaman libros (productos que nadie suele demandar y menos aún comprar). En los corros que se forman en los pasillos y ante las puertas de las diversas salas del Auditorio Alfredo Kraus noto un nerviosismo exacerbado, una inquietud angustiada, un desasosiego inconsolable. La noticia ha corrido como yesca prendida: el gremio de editores se ha disuelto, los sellos editoriales se han dado de baja en el registro mercantil (no ha hecho falta que se diesen de baja en el IAE porque la profesión de editor nunca ha existido, por ser de maleantes y de gente de mal vivir) y nadie en el Observatorio de la Lectura y el Libro parece que se haya percatado.

Pesadumbre… Asombro… Pasmo y estupefacción… Parece que, tirando del hilo de lo que ha venido aconteciendo en las últimas semanas, muchos libreros habían comenzado a demandar a los editores que entregaran sus libros en consigna, una especie de depósito sin fecha de devolución previsible por el no abonarían ni un céntimo. Alguien repara en que los editores llevan viviendo décadas sosteniéndose sobre un mecanismo de financiación tan infernal como circular que consiste en depositar las novedades, cobrar por ellas, utilizar el activo circulante como financiación para editar el próximo libro antes de tener que abonar la devolución donde ya habrá colocado la próxima novedad. Es cierto que también se valían de otro mecanismo, es verdad: el descuento de letras que las sucursales bancarias solían practicar, pero con eso de la crisis del crédito y de que a los bancos les va más el espíritu de Las Vegas que el de las aburridas Pymes, no hay nada que hacer.

No hace falta esperar a la distopía de Bradbury: muchas pequeñas editoriales comenzaron despidiendo al escaso personal que sostenía su trabajo cuando el crédito sobre el que se sustentaban comenzó a escasear y acabaron atrincherándose en sus domicilios, en una labor heroica que muy pocos conocen y reconocen. Otros pusieron en peligro sus parejas, sus familias y sus propias vidas por mantener una equívoca vocación, creyendo que todavía existían complicidades y afinidades estructurales que justificaban ese sacrificio. El día que el director de la sucursal de la esquina les cerró el grifo y el día en que su distribuidor les comunicó que solamente se depositaban libros en consigna, decidió darse de baja en el oficio. Dentro de lo malo, lo bueno es que dejar de ser editor es tan fácil como convertirse en editor.

Nos trasladamos del Auditorio Alfredo Kraus a las playas del sur de Gran Canaria. Tomamos el sol y discutimos. A la mayoría no parece molestarles que ya no haya libros que vender. Alguien apunta, sin embargo, que quizás hubiera habido que diseñar estrategias conjuntas que hubieran permitido rediseñar la cadena de valor para que los editores no se hubieran encontrado con una crisis crediticia que les hubiera obligado a cerrar sus empresas…. pero a 38º con una humedad del 99% la verdad es que este debate no termina de calar.

Hipótesis distópica del editor y la librería.

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Comentarios

[...] This post was mentioned on Twitter by Gema Muñoz Briseño and Juan Jose Diez, Futurosdellibro. Futurosdellibro said: Hipótesis distópica del editor y la librería http://bit.ly/heyR5K [...]

[...] Rodríguez se va a las Canarias a oír editores contar sus desgracias. Por eso empieza así su artículo: “En mi nave del tiempo me he trasladado al 16 de marzo, al archipiélago canario”. [...]

38º Farenheit o Celsius? ¿A qué temperatura arden los editores y libreros analógicos?

Querido Joaquin,
las Islas Afortunadas pueden ser que certifiquen el rigor mortis de más de una institución gremial. Los libreros están probablemente ante la ultima oportunidad de reconfigurar o rediseñar su papel en una nueva cadena de valor o red, y me asaltan numerosas dudas acerca de si no iremos a un congreso de cosmética en vez de ir a uno de cirugia. Y ya veremos cuantos editores asisten, en el de Ceuta estuvimos dos, más algun librero editor, tengo la sensación de que irá alguno más debido al estado comatoso en que se encuentra la edición. Por cierto, cómo se nota que escribes novelas, tienes un sentido de la narración que ya quisiera yo.
Felicidades por la entrada

[...] pequeno pesadelo sobre o futuro da edição analógica, por Joaquín [...]

Felicidades, Joaquín. Me parece brillante esta entrada.

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