Neoludismo

El 1 de septiembre de 2008, regresado del verano, reproduje la misma pregunta que había encontrado en algunas revistas y semanarios internacionales: ¿nos hace Internet más tontos? El artículo de Nicholas Carr en The Atlantic, Is Google making us stupid?, abrió un periodo de reflexión y reacción frente a cierto fundamentalismo tecnocrático o tecnofílico que invadía nuestras vidas y nuestras mentes. Este movimiento de resistencia reflexiva al cambio digital no es nuevo en la historia de la humanidad: los luditas fueron aquellos obreros artesanos que lucharon contra la implantación de un modo de producción soportado por máquinas porque su introducción asolaba el sentido y el fundamento material de sus vidas. Y no les faltaba parte de razón, claro: aunque el formidable aumento de los estándares generales de vida de la población europea y norteamericana se debiera, en gran medida, a la adopción de métodos de trabajo fordistas sostenidos por la nueva maquinaria, también es cierto que eso trajo como consecuencia, a corto plazo, la desaparición de artesanías, modos de vida y comunidades y, a medio plazo, depredación de recursos naturales y un enorme impacto sobre nuestro entorno. Todo parece tener su anverso y su reverso.

Dos años después Carr publicó el libro The sallows. What the internet es doing in our brains, que incluí en un comentario titulado buzos y surfistas: antes, confiesa Carr, tendía a comportarme como un buzo que descendía a las profundidades persiguiendo palabras, con el propósito de descifrar su significado, esforzadamente, hasta dar con la pieza; hoy todos tendemos a comportarnos como surfistas que sobreponen el placer de la navegación superficial a las demandas que el submarinismo nos plantea. Aporta, para sostener la metáfora, múltiples ejemplos, incluso cercanos a quienes presumimos de lectores aguerridos: desde el año 2008 se revisaron 34 millones de artículos académicos publicados entre 1945 y 2005. Aunque la digitalización los había hecho accesibles a toda la comunidad científica, poniéndolos al alcance de sus dedos y de su ratón, lo cierto es que el número de citas en en las publicaciones actuales descendió en favor de las publicaciones más recientes. Disponer de un extraordinario acervo histórico sobre el que construir el conocimiento no fue suficiente para evitar la tendencia a sobrevolar y citar lo más actual, lo más cercano, lo más superficial. Ya lo dijo quien pasa por ser uno de los sumos sacerdotes de la red, Cory Doctorow: internet es un ecosistema de tecnologías que interrumpen, de tecnologías disruptivas y distractivas.

Aparece ahora la versión en castellano de ese libro que algunos califican ya como el manifiesto neoludita, aunque si alguien quiere saber algo más de esto le convendría gastarse unos cuartos en el libro de Steven E. Jones Against technology: from Luddities to neo-luddism. Nuestra vida -la mía, obviamente, que vivo instalado en un blog desde hace un lustro, que no puedo concebir mis relaciones sin el correo electrónico y otros canales digitales de comunicación o sin determinadas herramientas que, en gran medida, aumentan mi memoria, expanden mi inteligencia, acrecientan mi capacidad de análisis y reflexión, ensanchan mi vida y amplian mis horizontes, por decir sólo algunas de las cosas en las que las tecnologías digitales han cambiado mi manera de ser y de estar (termino paréntesis)-, ha cambiado de manera irreversible y la cuestión no es tanto de dimensión como de intensidad, de cualidad como de magnitud. Me explico: ayer leía el blog de mi amigo Luisgé Martín, al que tengo por uno de los hombres más cabales que conozco. En Ciberpost decía:

Acabo de leer Superficiales, el libro de Nicholas Carr que reconstruye qué está haciendo internet con nuestras mentes, como explica el antetítulo. Se titula Superficiales porque es un libro de divulgación con mimbres científicos y armazón teórico, pero podría titularse Imbéciles, que es en lo que realmente nos estamos convirtiendo al parecer gracias al uso de las nuevas tecnologías. El otro día, justo cuando terminaba de leer el libro, me encontré con un amigo al que le acababan de quitar la escayola de un brazo roto. Lo tenía pálido y magro a causa de la inactividad. Ponía juntos los dos brazos y parecían de personas distintas. Eso es según Carr lo que está pasando en nuestros cerebros: estamos perdiendo la capacidad de profundidad, de reflexión y de análisis. No es un libro pretecnológico ni antitecnológico. No es un libro incendiario ni superficial. No es dogmático. Ni siquiera es perentorio, pues se intuye entre líneas una cuestión casi metafísica que, a la postre, resulta mucho más desoladora: nos estamos volviendo imbéciles, inanes e inconstantes, pero en el contexto completo de la naturaleza humana, ¿qué más da?

Ayer también -día aparentemente antitético- acudí como invitado a la reunión del Espacio-Red de Prácticas y Cuturas digitales, un grupo de trabajo que se esfuerza por comprender de qué manera cambiará, sobre todo, el diseño de nuetros entornos educativos mediante el uso de las tecnologías digitales que rompen con la concepción de transmisión y repetición unilaterial del conocimiento tradicional. En el fondo, lo mismo que persiguen los autores de Re-designing learning context: technology-rich, learner-centred ecologies: ¿cómo diseñar ese nuevo ecosistema de recursos digitales para favorecer e impulsar un proceso de enseñanza y aprendizaje más rico?

En el próximo número de El profesional de la información -por añadir una última coda de publicidad gratuita-, el de marzo de 2011, doy rienda suelta a mi lado más neoludita en “La contracción digital del presente” (si a alguien le entran ganas de quemar tablets después de leerlo, que aguante).

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Comentarios

[...] This post was mentioned on Twitter by Juan Jose Diez, Futurosdellibro. Futurosdellibro said: Neoludismo http://bit.ly/eiqwTN [...]

¿De verdad eres neoludita? Mal asunto, porque todos los que citas son pesimistas y responde a una máxima de la Humanidad; la resistencia al cambio, a la evolución. Los argumentos para ellos variopintos, pero coinciden en la resistencia y lo que los leen se lo creen (a nadie le gusta que le llamen imbéciles)
Desde luego yo y algunos más no vamos a quemar nada, sería reeditar Farenheit 451.

Sin ánimo de ser exhaustivo, también di una pincelada sobre este tema hace unos pocos días:
http://gdacosta.blogspot.com/2011/02/pensar-en-la-encrucijada-leer-de-lo.html

[...] Neoludismo – El 1 de septiembre de 2008, regresado del verano, reproduje la misma pregunta que había encontrado en algunas revistas y semanarios internacionales: ¿nos hace Internet más tontos? El artículo de Nicholas Carr en The Atlantic, Is Google making us stupid?, abrió un periodo de reflexión y reacción frente a cierto fundamentalismo tecnocrático o tecnofílico que invadía nuestras vidas y nuestras mentes. [...]

Me fascina esta conversaciòn entre”imbèciles”.

Es una pena que en casa o en el colegio no te hayan enseñando a disentir utilizando argumentos, no insultos.

Tan tonto sería no darse cuenta de que el cambio es imparable como abrazarlo incondicional y acríticamente, así que, como todo en la vida, intento pasarlo por el tamiz de la razón.

[...] Neoludismo   [...]

[...] algunos de los pioneros, comienzan a dudar. Julen Iturbe, del que no podemos sospechar tecnofobia o neoludismo, nos llamaba la atención hace poco ante el desasosiego que causan tantos y tan rápidos cambios en [...]

[...] algunos de los pioneros, comienzan a dudar. Julen Iturbe, del que no podemos sospechar tecnofobia o neoludismo, nos llamaba la atención hace poco ante el desasosiego que causan tantos y tan rápidos cambios en [...]

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