Estadísticas sobre la lectura

Ya se sabe que las estadísticas son volubles y caprichosas, interpretables y zalameras, que se dejan hacer y querer. Eso es lo que me pasa, invariablemente, cuando consulto las estadísticas sobre hábitos de compra y lectura de libros, que siempre veo la botella medio vacía mientras que, quienes las confeccionan, la ven medio llena.

De acuerdo con los datos de la encuesta sobre Hábitos de lectura en la Comunidad de Madrid 2010, publicada a finales del mes de enero de este 2011, las cosas van sobre ruedas: los lectores frecuentes han crecido desde el año 2004 hasta hoy en un 17%, de forma que un 58.3% de los madrileños declaran que leen con asiduidad. Un 71,2% se considera así mismo, mirándose en el espejo bruñido que le tiende el encuestador, lector, a secas. Además de eso, un 60,6% de los encuestados telefónicamente declara haber comprado libros durante el año 2010, y un 30.7% haberse acercado a alguna biblioteca municipal.

Aceptar pulpo como animal de compañía suele ser una táctica que demora el encuentro con la realidad: por lector frecuente, si uno hurga un poco en las estadísticas propuestas, se entiende aquel que lee una vez a la semana. Si a mi me preguntaran si me considero un deportista de élite yendo una vez semanalmente al gimnasio, no creo que respondiera que sí, aunque quizás lo reconsidere. En cuanto a qué se entienda por lectura, no se especifica: vale lo mismo un panfleto gratuito entregado en las escaleras del metro o los Diarios de André Gide. El ejercicio mecánico de la lectura no comporta -como sabemos hace ya mucho tiempo- ni comprensión ni discernimiento, problema en el que andamos enredados hace bastante tiempo tal como demuestran las tercas estadísticas de PISA. Por seguir metiendo el dedo en el ojo ajeno, autorepresentarse como lector, no exige demostración alguna: basta con que uno declare serlo. Si los encuestadores tuvieran algo de dignidad antropológica, sabrían que cualquier declaración hay que situarla en la estructura del espacio desde el que se emite. Eso quiere decir, a palo seco, que en cualquier encuesta sobre hábitos culturales, incluidos los hábitos lectores, muchas de las respuestas manifiestan  la buena voluntad cultural condicionada de los encuestados, indefensos ante una pregunta sobre esas costumbres ilustradas. Si esa misma pregunta se localizara geográficamente en el mapa de la Comunidad de Madrid, tal como otros colectivos han realizado ya en alguna otra ocasión:  estadística y geográficamente –el norte y el sur de la Comunidad de Madrid, por ejemplo, son un ejemplo nítido de ello- es sencillo seguir la correlación perversa que se establece entre la dotación cultural de partida, mermada, y la herencia recibida, igualmente reducida, de manera que los hijos de los que menos leen son los que menos leen y los que mayor fracaso escolar padecen, lastre que se sufrirá el resto de la vida. Es tan preocupante, desde el punto de vista político, que esa predeterminación siga marcando el destino de los jóvenes, que la intervención de las administraciones es perentoria en la evitación de la conexión negativa que se establece entre el origen y las oportunidades, entre el lugar de nacimiento y el acceso a las condiciones que permitan, al menos potencialmente, disfrutar de uno de los valores que sólo será verdaderamente universal cuando se dispensen las condiciones que permitan a todos disfrutar globalmente de ese valor.

Y una última cosa, que se me olvida: ese 60,6% que dice adquirir libros en realidad compra un libro al año, sí, uno. Ni dos ni tres, uno. Si el colectivo entrevistado dice leer una media de 9.2 libros al año y compra uno, es posible que el resto -quiero ser optimista, por un segundo- vaya a las bibliotecas públicas a pedirlo prestado. Pero no, parece que no: el 73% nunca pisa una biblioteca y el 27% restante lo hace alguna vez. Deberemos pensar, quizás, que el bookcrossing está en alza, que la gente intercambia los libros por las calles o que  los amigos se reúnen para comentar lecturas y prestarse libros… ¿O no?

¡Adelante, Madrid!

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Comentarios

[...] Estadísticas sobre la lectura – Ya se sabe que las estadísticas son volubles y caprichosas, interpretables y zalameras, que se dejan hacer y querer. Eso es lo que me pasa, invariablemente, cuando consulto las estadísticas sobre hábitos de compra y lectura de libros, que siempre veo la botella medio vacía mientras que, quienes las confeccionan, la ven medio llena. [...]

Existen metodos para mejorar los habitos de lectura http://www.talentosyexcelencia.com contacto Carlos Gonzalez

el texto es pesimo para lo que se quiere buscar :-(

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