Leer (e-books) a los 55

En todo el debate sobre la sustitución de los soportes sobra proyección de los deseos y fantasías personales y faltan evidencias empíricas. De nada sirve debatir hasta la saciedad sobre la conveniencia o inconveniencia para la lectura de un soporte electrónico si no se ha contrastado, mediante un trabajo de campo diseñado a tal efecto, su adecuación o inadecuación. Tan absurdo sería negar la evidencia de la revolución digital y la historia de la sustitución de los soportes a lo largo de la historia como adherirse, de manera ciega y acrítica, como una fashion victim, a la última tecnología obsolescente que nos pretendan vender.

En el propósito inicial del proyecto Territorio Ebook estaba, precisamente, esa preocupación: contrastar, de manera fehaciente, la posibilidad de practicar la lectura en soportes digitales, diferenciando claramente por grupos de edad, en función de su formación y sus hábitos de lectura. También es cierto que latía otro propósito bajo ese diseño inicial: el de reflexionar sobre el papel de las bibliotecas y los bibliotecarios en una época paradójica: la de las bibliotecas y la lectura ubicua. El grupo de investigación encargado de esta tarea -una verdadera etnografía digital pionera en este terreno específico de la práctica lectora-, desarrolló un procedimiento canónico irreprochable: aplicación de un cuestionario de activación de conocimientos previos en los focus groups seleccionados; diseño de actividades de acompañamiento y animación a la lectura específicas durante el periodo de uso del libro electrónico; seguimiento de su proceso de adaptación mediante diarios de campo personales, que hablaban del establecimiento de esa nueva relación con un objeto desconocido; encuentros específicos con el autor o autores de los textos consultados; actividades de incitación a la creación a partir de los textos leídos; aplicación de post-test una vez finalizado el periodo de trabajo, para comprobar el grado de satisfacción y las divergencias con el objeto y la experiencia.

Los resultados, en cualquier investigación, no son anticipables, por mucho que, deductivamente, se fuera de la presunción o la hipótesis de partida a la búsqueda de los resultados. Los datos del estudio, sin embargo, han resultado -a mi juicio-, sorprendentes: el primero de los grupos que se sometió a estudio, de personas mayores de 55 años, lectores más o menos regulares con diversos grados de formación, mostraron un grado de apropiación y satisfacción y un nivel de comprensión lectora con los dispositivos digitales muy alto tras la finalización del estudio, dispuestos la mayoría de ellos a sustituir los libros en papel por los e-readers. A mi juicio lo más relevante del proceso de trabajo con el grupo experimental fue el de conseguir que se fueran desdibujando los límites y las diferencias entre los soportes tradicionales y modernos, que se fuera asumiendo como natural la relación con un objeto hasta ese momento bizarro, todo gracias a la labor de acompañamiento sistemático puesta en marcha:

  1. convocatoria de talleres donde se estructuraba el tiempo y volumen de lectura en cinco sesiones que se hacían coincidir, temporalmente, con cinco semanas, sincronizando y acompasando el ritmo de todos los participantes y acomodándolo al grado de dificultad de la lectura propuesta;
  2. celebración de sesiones relacionadas con la lectura dialógica, con el intercambio de opiniones y pareceres en torno al texto comentado, generación, en fin, de una comunidad estable de lectores que construyen significado en torno a la obra propuestas y derivan sus propias propuestas creativas a partir de ese texto original; resolución, adicionalmente, de las dudas en torno al uso del dispositivo digital.
  3. encuentro personal con el autor de la primera obra elegida y recreación de los escenarios que la novela dibuja en el mapa de la ciudad (Salamanca, en este caso).

Lo más sorprendente, para mi, es hasta qué punto las labores de acompañamiento y animación, de recreación e ideación, de diálogo e intercambio, pueden hacer olvidar -al menos a los mayores de 55 años- el objeto que tenemos entre las manos. No es que dejaran de manifestar, como puede consultarse en el estudio, sus contrariedades respecto a alguna de las carencias manifiestas de estos dispositivos -notas, paratextos, composición y legibilidad-, sino que fueron capaces casi de obviarlas mediante tareas de acompañamiento diseñadas para propiciar que se sumergieran en el contenido y en el significado más que en el continente o en su embalaje.

Los futuros de la lectura y de las bibliotecas pasarán, sin duda, por aquí.

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Comentarios

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Saludos.

Yo tengo un Kindle, porque cuando voy en el metro me resulta más coómodo leer desde un e book que desde un libro normal.

Tengo 60 años y estoy adaptada a estas tecnologías pero hace unos días leí en http://www.sigojoven.com que están preparando nuevos ebooks para mayores (http://bit.ly/is9vMs )

Habolando sobre el misno tema en el blog de José Antonio Millán http://jamillan.com/librosybitios/2011/05/presentacion-de-resultados-territorio-ebook/#comments escribi

Ya no me cabrea porque estoy acostumbrado, pero de donde se sacan los “eruditos”, que los mayores de 55 años tenemos especial dificultad con los aparatos digitales, cuando la gran mayoría llevamos trabajando con ordenadores, desde hace al menos 10 años, (en mi caso 30 años)

Por qué un jubilado bancario va a tener dificultades con un ebook, que una vendedora del Corte Ingles de 30 años? ¿Cuales son los motivos?

Se olvida que quien ha trasteado con Spectrum y con el sistema operativo DOS, y con la programación en Basic, (y para eso sí que habia que saber mucho de informática, estamos casi todos jubilados. Claro está que hay personas mayores, que por haber tenido un trabajo alejado del ordenador y escaso sueldo para comprar PCs, está hoy del otro lado de la brecha digital, pero ¿es que ahora, un camarero de 40 años con un sueldo de 900€ está mejor situado?

¡Hay Dios!, qué manía.

Le leí en el blog de Jose Antonio Millán y ahora vuelvo a leer sus argumentos en este blog.
Es muy respetable su edad, sus competencias tecnológicas y sus hábitos de lectura. Pero le recomiendo no cofundir la parte con el todo. Primero le invito a leer de manera detenida el estudio, segundo a que consulte las encuestas, del CIS por ejemplo, sobre competencias tecnológicas, nivel de formación y hábitos de lectura de la población española, y en tercer lugar estudie de manera detenida por qué se habla de nativos, inmigrantes y desconectados digitales y cómo en general estas tres caracteristicas se correlacionan con determinandos segmentos de edad. De esta manera podrá entender mejor el contexto donde se desarrolla esta investigación y cuyos resultados precisamente refuerzan la idea de que a pesar de estar más alejados, en términos generales de la tecnologia que otras franjas de edad, logran apropiarse, sin dificultad, de un dispositivo tecnológico como un ereader. Lo cual significa que ni hay prejuicios ni hay manías.

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