Diseño y lectura: un nuevo reto para los libros digitales

Quienes venden libros electrónicos dicen que, al menos, tienen dos ventajas fundamentales sobre los soportes vegetales: que son capaces de almacenar muchos textos y que el lector puede alterar a su gusto y convenencia el cuerpo de la fuente y, en consecuencia, el tamaño de la caja de composición, por si no tuviera a mano las gafas de ver. La primera de las hipotéticas ventajas se desmonta fácilmente: una vez escuché decir al gran José Afonso Furtado que si en un país como los nuestros (Portugal y España) en que las personas que adquieren más de veinte libros al año no pasan de puñado, de unos pocos miles, no parece tener demasiado sentido invertir en un aparato que nunca va a amortizarse, porque apenas se aprovechará para descargar una decena de libros a lo largo de una vida. En lo que respecta a la segunda ventaja supuesta, la cosa es aún peor: si uno tiene la osadía de hacer crecer o disminuir la fuente de un texto en una pantalla electrónico, encontrará una caja que no respeta márgenes, unos párrafos fragmentados, líneas truncadas, palabras mal cortadas, paratextos desaparecidos, dispositivos textuales inexistentes (numeración de hojas y demás), etc., etc. Un puro despropósito compositivo que atenta contra la legiblidad, la lecturabilidad y la integridad del mensaje. La responsabilidad, claro, no es solamente de quienes importan esos cachivaches chinos, porque seguramente carezcan de la sensibilidad necesaria para apreciarlo; la responsabilidad recae en los editores y en los diseñadores, que han hecho hasta ahora dejación de sus funciones poniéndola en manos de cualquiera que arguyera que sabía transformar ficheros nativos en cualquier otra cosa.

Si cuento esto es porque ayer, en el Liber, Alvaro Sobrino y un servidor hablamos y discutimos, mano a mano, sobre la Conciliación del diseño y la lectura: nuevos retos para los libros digitales, un tema que podría parecer a simple vista menor, siempre, claro, que uno no haya leído a MacLuhan ni a Ivan Illich. Que el sentido del mensaje está condicionado por la forma en que se expresa, por la morfología del medio que lo modifica, conforma y transmite, es ya una obviedad que no debería ni siquiera volver a recordarse, pero por si acaso lo hago, para los olvidadizos. En un libro tan importante como poco leído, En el viñedo del texto, Ivan Illich decía que la coincidencia de la fundación de las primeras universidades en el siglo XII y la invención de los párrafos y el resto de los dispositivos textuales que todavía hoy utilizamos (paginado, indexación, etc.), no era una mera casualidad. De ahí la importancia trascendental de las textualidades digitales contemporáneas, el diseño de la página, y el tipo de lectura que propicie.

Algunos proponen una solución aberrante (y que me perdone Steve Jobs): diseñemos todo para los IPad, que son el soporte digital que nos enseña el camino del futuro. Quien ha tenido uno en las manos sabe que cuando se redimensiona un texto achicándolo o agrandándolo, se pierde por completo el aspecto de la composición original, se obtiene una vista fragmentada, parcial, descompuesta, incluso si se trata de un PDF. Siendo eso así, tendríamos que diseñar todos los textos para que casaran con las medidas de la pantallas de Apple, es decir, como si alguien hubiera decidido que tuviéramos que editar todos los libros en octavo. Si estiráramos esa paradoja llegaríamos al completo absurdo: necesitaríamos un libro electrónico distinto para cada tamaño de texto.

Como eso rozaría el absurdo, sólo queda una solución: diseñar intencionalmente con software que nos permita generar contenidos multiformato y multicanal, practicar el cross-media publishing de manera consecuente, de forma que preveamos en qué soportes y formatos leerán nuestros posibles lectores. Vale la pena echar un vistazo a dos entornos de trabajo digital que cambiarán por completo nuestra manera de ver y hacer las cosas:  Censhare y Woodwing. Que cada uno elija el suyo. Y que cada cual diseñe libros digitales o en papel con el esmero que merece.

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Comentarios

Es tan importante un contenido atractivo como el diseño que contiene ese contenido. La experiencia de lectura no se basa sólo en lo que se lee sino también en cómo está presentado lo que leemos, básicamente porque si el texto no facilita la lectura lo abandonaremos.

Como caso práctico pienso en los blog que, prácticamente, todos tienen formatos similares (textos, fotos, ancho de pantalla, gadgets, etc.). Sin embargo, dependiendo de cómo estén distribuidos los contenidos en el blog, de cómo estén presentados (diseñados) esto hará más o menos atractiva la lectura e influirá en la decisión de seguir leyendo o no. Por lo menos es un factor que en mi experiencia de lectura influye, y mucho.

Comparto y disiento a la vez de la tesis nuclear de este post.

Si el formato, la maquetacion, la fuente… la apariencia y distribucion del texto fuera un detalle tan decisivo, entonces el libro de tapas duras y el de bolsillo, uno u otro, el uno y el otro, serian una estafa.

Mi experiencia de lectura con obras pasadas a formato TXT -el mas basico de todos, el menos propicio a florituras de composicion- es buena, sin que obste para que reconocer que con ediciones mas cuidadas es aun mejor.

Creo que nadie defenderá seriamente la lecturabilidad de la letra gotica, la letra con la que fue impresa la famosa Biblia del señor Gutenberg, y tampoco a composicion del texto a dos columnas.

Creo pues, que lo procedente es maquetar el texto de modo que no sufra excesivamente con el cambio del cuerpo de letra ni con el cambio del tamaño de la pantalla, puesto que si el texto lo vale la atencion le hará honor.

Apoyo la idea de que la experiencia lectora es mejorable, sin duda.
No obstante, creo que el papel de los diseñadores, maquetadores y desarrolladores es ponerse de parte de los estándares y tratar de que funcionen.

El EPUB es un formato en proceso de desarrollo y, como tal, incompleto. Sin embargo, ofrece muchas ventajas que merece la pena tener en cuenta y que se irán puliendo con el tiempo; sin ir más lejos, el salto de la especificación 2.1 a la 3 ha sido notable.

Apostar por plataformas como Woodwing, cuyos precios son astronómicos (y que, por mucho que bajen, posiblemente sólo estén al alcance de grandes editoriales), es cerrar el camino a las posibilidades de un estándar con futuro.

Sí al diseño, al cuidado de los libros y a la mejora continua del libro electrónico; no a las plataformas y softwares propietarios que dejan la edición en manos de unos pocos profesionales con muchos medios.

La cuestión, Emiliano, no es si el Epub es un estándar abierto o no, que sin duda lo es y este blog está lleno de alusiones desde hace varios años a su uso necesario. El asunto es que los editores tienen que enfrentarse a soportes de muy diversa naturaleza: blogs, webs, móviles, libros electrónicos, tablets, libros en papel, y es necesario que puedan manejar todo desde una misma aplicación, una herramienta que les garantice el control sobre sus flujos digitales de trabajo y sobre la calidad de sus resultados. Si Woodwing es caro, escoge el otro.

Estimado Joaquín, no se puede habklar de cambiar paradigmas o hablar de diseños (en su sentido mas amplio) olvidándonos de quienes leen en estos soportes.
La experiencia da que este lector aprecia muchísimo menos las “florituras” (a veces tu dices “cacharros chinos”) y lo que quiere es leer contenido.
Las dichosas florituras es un remanante de cuando los monjes (analfabetos, por cierto) transcribían preciosamente un texto para regusto de sus realezas y cortes en general.

[...] Diseño y lectura: un nuevo reto para los libros digitales – Quienes venden libros electrónicos dicen que, al menos, tienen dos ventajas fundamentales sobre el libro electrónico: que son capaces de almacenar muchos textos y que el lector puede alterar a su gusto y convenencia el cuerpo de la fuente y, en consecuencia, el tamaño de la caja de composición, por si no tuviera a mano las gafas de ver. [...]

No Jorge, no me estoy refiriendo a los manuscritos iluminados ni a los textos miniados. No hablo de ornamentación gratuita (los manuscritos iluminados, a propósito, no eran florituras, sino elementos altamente significativos). Hablo de párrafos truncados, líneas rotas, palabras desaparecidas, textos desequilibrados, paratextos inencontrables, números de página inexistentes, etc., etc., algo que convierte la experiencia lectora -de la que hablo a menudo- en un tormento y un despropósito. Insisto: se puede y se debe hacer mejor, mucho mejor, y tenemos las herramientas para hacerlo. Falta voluntad, conocimiento y ganas de no dejarlo en manos de quienes confeccionan e importan los cacharros chinos.

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