El irreversible final de la industria gráfica

El irreversible final de la industria gráfica, al menos tal como la conocíamos, podría ser el título completo de la entrada de hoy. Es posible que algunos, nada más leer el título, piensen que soy un agorero, un pájaro de mal agüero, un entremetido inexperto, pero como los hechos suelen ser tozudos y las noticias circulan sin fronteras, esta semana ManRoland AG, una de los mayores fabricantes del mundo de maquinaria para la producción gráfica, ha realizado una regulación de empleo que ha puesto en la calle a 5000 personas y ha iniciado un procedimiento jurídico para declararse insolvente.

Es seguro que existe más de una causa para explicar ese suceso: la extraordinaria competencia entre los fabricantes de la misma maquinaria; la migración progresiva de muchos productos gráficos en soportes tradicionales a soportes digitales; la merma paulatina del volumen de los trabajos dedicados al mercado editorial; los impagos sucesivos de aquellos clientes que no tienen ya con qué pagar la deuda contraída en la compra de máquinas millonarias; el desplazamiento inelectuble de los átomos a los bites, de un modelo económico analógico a otro digital. Recuerdo ese pasaje premonitorio de Being digital, el panfleto anticipatorio de Negroponte:

Today, I see my Evian story not so much being about French mineral water versus American, but illustrating the fundamental difference between atoms and bits. World trade has traditionally consisted of exchanging atoms. In the case of Evian water, we were shipping a large, heavy, and inert mass, slowly, painfully, and expensively, across thousands of miles, over a period of many days. When you go through customs you declare your atoms, not your bits. Even digitally recorded music is distributed on plastic CDs, with huge packaging, shipping, and inventory costs.

This is changing rapidly. The methodical movement of recorded music as pieces of plastic, like the slow human handling of most information in the form of books, magazines, newspapers, and videocassettes, is about to become the instantaneous and inexpensive transfer of electronic data that move at the speed of light. In this form, the information can become universally accessible. Thomas Jefferson advanced the concept of libraries and the right to check out a book free of charge. But this great forefather never considered the likelihood that 20 million people might access a digital library electronically and withdraw its contents at no cost.

The change from atoms to bits is irrevocable and unstoppable. Why now? Because the change is also exponential—small differences of yesterday can have suddenly shocking consequences tomorrow.

Es posible que así sea y que la transición sea irreversible y que la industria que basaba su trabajo en el transporte de los átomos carezca, en buena medida al menos, de sentido. Al menos es obvio que gran parte de su modelo de negocio, basado en las grandes tiradas de offset o bobina para la industria periodística y editorial, está en las últimas. Que la mayoría lo sabe, y se agarra como un clavo ardiendo a las últimas evidencias y a los últimos encargos.

Adivino que el margen de maniobra que le queda a la industria gráfica en su relación con la editorial pasa por dos sitios: la impresión digital o bajo demanda, a pedido, para ofrecer servicios a puntos de venta, estén donde estén, o a editoriales, instituciones y particulares; la reconversión sostenible de la industria, hoy todavía inapropiadamente contaminante, la tercera industria mundial, según datos fehacientes, por consumo de combustibles fósiles. CEGAL ha comenzado a dar pasos -tal como presentó en el Congreso Nacional de Libreros y en el último LIBER-, para comenzar a pensar en serio qué significa producir y vender después de comprar; el Parlamento de la Ecoedició en Cataluña, con Jordi Bigués a la cabeza,  fue pionero en la preocupación por verdear la industria editorial, y hay que agradecerle los esfuerzo por inventar indicadores como la mochila ecológica, que pretende calcular el impacto de C02 en la producción de un libro.

Mañana se celebra en Madrid un encuentro que cobra mayor sentido y relevancia a la luz de lo antedicho: “Mejora medioambiental del producto impreso. Incremento de la competitividad a través de estrategias de ecoedición“, organizado por Batsgrahp con la participación de algunos de las personas que más están haciendo en los últimos años por la transformación de esta industria: el propio Jordi Bigués o Gonzalo Anguita. Es un buen sitio para pensar sobre el irreversible final de la industria gráfica tal como la conocíamos y sobre su posible reverdecemiento.

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Comentarios

[...] El irreversible final de la industria gráfica. Tags: Joaquín Rodriguez | Category: Artículos, Futuros del libro, Ventas | % Leave a comment [...]

Hola…..¿Puedes preguntar a Heidelberg Druckmachinen Aktiengeselchaft, por el tema, ya que el hecho de que el grupo MAN ROLAND prescinda de su división de máquinas de imprimir, no creo que haya sentado mal en Heidelberg.-

Ahora bien, el tema que planteas podría dar lugar a un debate más amplio. Ya que el mundo digital es tan voraz, que deviene en “merda per tutti”. Ni comen, ni dejan comer.

Saludos cordiales

pedro

Nos puede sentar mejor o peor, pero es un hecho, que las imprentas deben cambiar su modelo de negocio de industria a servicio. El que no lo haga será cadáver. Otros les han precedido, ¿alguien se acuerda qué es una fotomecánica?. No hay más preguntas.

[...] Como indústria gráfica está reagindo a expansão digital El irreversible final de la industria gráfica [...]

La industria gráfica o la imprenta tradicional desaparecerá, lo mismo que la impresión digital (fotocopia. Cualquiera que conozca la industria gráfica lo sabe. Otra cosa es que no se quieran enterar. He vivido la transición desde la composición con tipo móvil (cajas) a la composición mecánica (linotipia). La transición de la linotipia a la fotocomposición, de esta última a la digitalización.
Lo mismo ha pasado con la fotomecánica (litografá, fotograbado, grabado, etc.). La evolución de la impresión ha ido a un ritmo más lento, aunque últimamente se ha acelerado el cambio de la impresión tradicional (prensas, minervas, máquinas planas, hueco, offset, serigrafía, ploteado, etc.) a lo que hoy se llama digital. La venta de papel ha caído hasta límites insospechados hace cinco años. Hoy se habla de que incluso el papel desaparezca de las oficinas en los próximos dos años, cosa bastante probable.
Un ejemplo fácil de entender: Si hoy se hace un catálogo de productos X, lo más correcto es montarlos con un diseño bueno y pasarlos a PDF. Desde ese formato lo distribuyes por correo electrónico a tus clientes y te sale más económico mires por donde lo mires, con la particularidad de que la posible corrección la puedes realizar insitu en el archivo y volver a mandarlo.
El problema, como siempre, es que sobrará mucha mano de obra. Desde las fábricas de papel, distribuidores, vendedores, representantes y los trabajadores de las artes gráficas (antes era arte gráfico): montadores, impresores y encuadernadores.
Esto daría para un artículo mucho más extenso. Pero el resultado final es el enunciado de este artículo: el final de la industria gráfica tal como lo hemos entendido hasta el día de hoy.

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