Lucía y las navidades

Hace unas pocas horas he podido leer que Lucía Etxebarría va a dejar de escribir en protesta por las descargas ilegales de sus obras. Voy a ahorrarme el chiste que luego todo se malinterpreta. Lo destacado del anuncio, a mi juicio, no es tanto que las descargas ilegales sean punibles, algo de lo que no me cabe la menor duda. Quien no desee expresamente que sus contenidos circulen masivamente sin su consentimiento, posee la legimitidad para protestar y exigir las compensaciones que se deriven de su violación; lo destacado es, creo yo, hasta qué punto ese asunto obnubila nuestro juicio y se convierte en el tema monográfico de discusión en la industria editorial.

Existen problemas estructurales y de fondo mucho más graves -como señala Manuel Gil en “La dieta carpanta“- que exigen de la voluntad de coordinación de todos los afectados, que exigen imaginación y altura de miras, que exigen asunción de nuevos riesgos y apertura de nuevos mercados, que exigen nuevas formas de relacionarse con los públicos, y nada de eso se está haciendo fundamentadamente.  Mientras nos enredamos en un hecho que merece la atención que se le debe -amplificado por el ruido de unos y de otros-, pasan inadvertidos movimientos de profundidad:

  • la implantación de las grandes cadenas de librerías virtuales, atractoras de gran parte de la demanda y capaces de encadenar a sus lectores por la amplitud de la oferta, la gestión de los precios y los formatos propietarios;
  • la venta a precio de baratija de los dispositivos digitales de lectura, como estrategia básica para cautivar a los lectores que no volverán a salir de ese entorno y dejarán de comprar, en consecuencia, en otros puntos y canales;
  • la incomprensión general ante lo que es un cambio de modelo productivo profundo, que implica que seamos capaces de gestionar digitalmente una cadena de valor que es necesario reconstruir;
  • la caída previsible y brutal de la demanda en un mercado ya de por sí hipertrofiado;
  • las prácticas proteccionistas de ciertos países iberoamericanos, que nos devuelven la moneda usada de un intercambio históricamente desigual;
  • la incapacidad de la industria para reaccionar coordinadamente con los mismos instrumentos y armas que las grandes operadoras virtuales;
  • la persistencia de estructuras asociativas verticalizadas e incomunicadas, con escaso espíritu de colaboración;
  • la confianza excesiva en subvenciones y compras públicas para sostener un modelo de negocio previsiblemente agotado;
  • la ineficiencia de la educación en general para formar lectores, para elevar la competencia lectora y, potencialmente, la demanda posterior, correlación que puede constatarse, aunque sea ya un tópico, en los países del centro y el norte de Europa;
  • la incapacidad para crear lectores (para hacer que un verdadero Observatorio de la lectura elevara al ejecutivo políticas sostenidas en el tiempo de generación de hábitos lectores consistentes);
  • la incapacidad para comprender el cambio de hábitos de consumo cultural y las nuevas prácticas digitales de los nativos digitales, para entender que los mercados son genéricamente conversaciones y que eso entraña implicar a los lectores, de múltiples maneras, en el sostenimiento del proyecto editorial;
  • el empeño cegato de muchos medios de comunicación especializados -que van cayendo, como le ha sucedido a Revista de Libros ayer mismo- que no aciertan ya a quién dirigirse y establecen canónes de lectura y compra totalmente arbitrarios.

Lucía Extebarría puede que tenga razón, que parte de la responsabilidad de lo que sucede es que las descargas mermen la venta, que el IVA sea ligeramente alto (en un libro con un precio medio de 14 €, el IVA para el papel sería de 0.56 € y para el electrónico de 2.52 €, con un PVP final que diferiría en 1.96 €, algo que no parece excesivamente disuasorio), y que la vida sea muy complicada.

Feliz año para Lucía, que descansará y nos dejará descansar; a los 140.000 visitantes únicos de este blog durante el 2011 (reales, sin manipulaciones de ningún tipo, ni contabilización de arañas), y al resto de mis improbables lectores.

Hoy oscurece; mañana amanecerá (no parece mal eslogan para el próximo año).

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