El estruendoso silencio de los libros

En 1821, en Alemania, Heine, requerido a pronunciarse sobre un período de exaltación nacionalista en el que se quemaron libros, observaba: “Donde hoy se queman libros, mañana se quemará a seres humanos”. George Steiner nos recuerda este pasaje histórico, de tan pertinente actualidad, en El silencio de los libros, una obra que todos los inciertos lectores de este blog deberían comprarse y leer esta tarde de viernes.

Retomo el comentario que hice algunos días en el Facebook de mi amigo Javier Jiménez al hilo, claro, de lo que supe a través de Incendiar los libros, la entrada que Juan Cruz dedicó en su blog a la agresión que la librería Antonio Machado de Madrid sufrió el pasado fin de semana, rememorando o resucitando tiempos que creíamos, que deseábamos, pasados, quizás extinguidos. Y, aunque quizás sea innecesario, no se me ocurre mejor manera de estar cerca de quienes han padecido ese inexplicable atentado, que repensar la fortaleza del libro, su vigencia y perdurabilidad: a menudo se piensa su convivencia en términos antagónicos, pero no crea que discurrir sobre el ecosistema actual de la información en esos términos nos lleve a alguna parte: es obvio que los dispositivos electrónicos ganarán buena parte de las prácticas lectoras que antes cubría con holgura el libro en papel, pero también es cierto que proliferan, en las últimas semanas, las pruebas empíricas en contra de su adecuación a la lectura: el New York Times se hacía hace pocos días una pregunta que todos nos hemos hecho: ¿es posible leer mucho rato en una tableta, con tanta distracción?, con tanta incitación, con tanta tentación escondida tras cada una de las aplicaciones que convive con el texto. Time incidía, hace pocos días, igulmente, en un problema cognitivo no resuelto: Do e-books make it harder to remember what you just read?, porque sigue sin existir un estudio empírico claro y extensivo (salvo precedentes todavía parciales, como Territorio Ebook, en España) que demuestre a las claras en qué medida puede distorsionar la experiencia de la lectura electrónica a la retentiva a corto y medio plazo.

Jakob Nielsen, el gurú de la usabilidad electrónica, dice en esa entrevista: “Human short-term memory is extremely volatile and weak. That’s why there’s a huge benefit from being able to glance [across a page or two] and see [everything] simultaneously. Even though the eye can only see one thing at a time, it moves so fast that for all practical purposes, it can see [the pages] and can interrelate the material and understand it more”. Es posible, en el fondo, que la alfabetización digital no pueda ni deba sustituir a la alfabetización tradicional, como sostenía hace pocos días Annie Murphy Paul. En uno de los estudios más completos que a este respecto se ha desarrollado, “Efficient electronic navigation: a metaphorical question?“, un equipo de psicólogos de la Universidad de Leicester determinó que los lectores de papel entienden más rápidamente los asuntos sobre los que leen, poseen una memoria a corto y medio plazo mejor y trabajan de manera más resuelta con los materiales.

Ted Striphas, el autor de The late age of print, en entrevista con Henry Jenkins, sostiene que los libro en papel moldean hasta tal punto nuestros hábitos de lectura y están entreverados en los hábitos de nuestra vida cotidiana, que difícilmente desaparecerán, al menos en el corto plazo.

Pero no me desviaré del asunto inicial: soy consciente de que he utilizado la vieja táctica de menoscabar las propiedades de algo para ensalzar las de otra cosa. De acuerdo, reconozco lo artero de la maniobra. Que Piscitelli me condene… Trato, solamente, de destacar el imprescindible papel de esa presencia estruendosamente silenciosa de los libros y, con ello, rendir mi pequeño y sincero homenaje a los libreros que lo hacen posible, como barricadas ante las barbaries cotidianas.

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Comentarios

Muy interesante. Comparto las dudas y los argumentos. Me pregunto también, no obstante, si la mayor comprensión lectora que parece asociarse al papel no se explica por una mayor familiaridad con este soporte, en cuyo uso todos hemos sido aculturados. La lectura digital está todavía en mantillas y ha de desarrollar hábitos nuevos, ni mejores ni peores sino diferentes, en los que siempre habrá una parte de pérdida y otra de ganancia. El paso de la cultura a la oral a la escrita también supuso pagar un precio, asumible sin duda a la vista de lo mucho que había que ganar a cambio. Lo mismo se aplica al paso del rollo al libro, como nos recuerda Robert Darnton. ¿Qué ganamos y qué perdemos con el libro digital, y cuál es el balance final? Creo que ahí está el quid de la cuestión. Por lo demás, gracias por el excelente post. Saludos cordiales.

[...] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos El estruendoso silencio de los libros http://www.madrimasd.org/blogs/futurosdellibro/2012/03/23/134506  por eclectico hace [...]

[...] El estruendoso silencio de los libros: Joaquín Rodríguez reflexiona, en Los futuros del libro, acerca del rol que desempeñan las nuevas tecnologías en los hábitos de lectura del presente, y se pregunta sobre si la lectura en papel desaparecerá en el silencio, o si por el contrario, es un hábito que tenemos demasiado arraigado como para erradicarlo jamás por completo. [...]

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