Artistas y empresarios culturales

Parece que cuando Ludwig Van Beethoven compuso la Misa en re, la Misa Solemnis, se enfrentó a dos problemas: uno el de llevar los registros de las voces del coro hasta extremos entonces desconocidos, hasta el punto de que muchos críticos tomaron los tomaron como herejías o desatinos; otro, que Beethoven ensayó dos maneras de  hacer comercialmente viable la obra, una innovadora, mediante la venta de los derechos de reproducción de las partituras a los editores, y otra más tradicional y conocida en el momento, que es la que acabó utilizando, mediante la suscripción y el mecenazgo del grupo de aristócratas que lo respaldaron.

Como muchos otros músicos del siglo XIX, Beethoven conocía los recursos mediante los cuales un músico podía ganarse la vida: convirtiéndose en maestro de capilla, siendo amparado por un aristócrata u, ocasionalmente, adiestrando a su distinguida prole en los misterios de la armonía musical. Esa realidad en declive, sin embargo, había comenzado a convivir con otra muy distinta: la de los adinerados burgueses que estaban interesados en revestirse del lustre cultural que les correspondía. No cabía pensar ya en que pudieran hacerse cargo personalmente de un músico, pero sí de fundar sociedades de conciertos y salas de audición donde, por medio de la venta de entradas, cualuqiera que pudiera pagarlas escuchara las composiciones de los grandes maestros. La misma idea del autor como genio irrepetible y autónomo tiene mucho que ver con ese nuevo contexto en el que el artista no depende ya, por completo, del mecenas que lo mantiene, sino que vende e interpreta libremente sus obras a quien quiera adquirirlas y escucharlas. Lo mismo que le pasaba a Beethoven le estaba ocurriendo a Flaubert.

Leo todo esto -con fruición, porque se trata de un inédito rescatado, de una mínima joya encontrada en el arcón de las conferencias que Pierre Bourdieu pronunció a lo largo de su vida sin necesidad de que fueran transcritas o editadas- en Breve improntu sobre Beethoven, artista empresario, y  encuentro un parangón obvio con la época en que vivimos: “la particularidad de la fase de transición es que hace coexistir dos categorías de posibilidades que normalmente se excluyen”, dice Bourdieu, “pero que es posible acumular a condición de querer y saber conciliarlas prácticamente”. Beethoven fue, en eso, un artista que comprendió que la viabilidad de su música dependía del modelo de financiación que utilizara para desplegarla; más aún, que la evolución orquestal que su música requería demandaba salas de audición y despligue de instrumentos que un añejo músico de cámara no hubiera podido utilizar. De ahí que asumiera naturalmente esa doble condición de artista y empresario, porque no cabía concebir la evolución de su trabajo artístico al margen de su fundamentación empresarial.

Hoy vivimos, exactamente, en una nueva fase de transición donde se suman e influyen mutuamente los cambios en el tipo de público, en la naturaleza de la demanda, en la clase de oferta que se les propone. Si antaño Beethoven vivió la transición entre la aristocracia y la burguesía, la música de cámara y la orquestal, la interpretación en recintos privados o en salas de audición, el mecenazgo y la compra de entradas, hoy nos debatimos entre los viejos hábitos de lectura y de compra, de creación y comunicación, y las nuevas modalidades de creación, lectura y difusión que nos abre el universo digital.  “Beethoven fue”, dice Bourdieu, “un gran innovador músical porque fue un gran empresario innovando a la vez en el plano músical y en el económico”.

Es ahí donde, quizás, debamos concentrarnos: “hoy los editores no están ya en el negocio de superar la escasez sino de manufacturar la demanda. Y eso significa que casi todas las innovaciones en creación, consumo, distribución y uso de los textos llega desde el exterior de la industria editorial tradicional”, dice Clay Sharky en una recomendable entrevista: How we will read.

¿Comó será ese público, y los productos que demanden, el tipo de contenidos y creaciones que deseen consultar, la forma en que querrán consumirlos?

Habrá que esforzarse, en esta era de transición, en imitar la inteligencia artística y empresarial de Beethoven.

 

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