Aulas sin muros y libros sin páginas

Fue Marshall McLuhan el que definió en 1960 el mundo que advendría mediante el uso de los medios de comunicación como un aula sin muros. “Hoy empezamos a darnos cuenta”, escribía McLuhan, hace más de cincuenta años, “de que los nuevos medios no sonsimplemente una gimnasia mecánica para crear mundos de ilusión, sinonuevos lenguajes con un nuevo y único poder de expresión”. Y prosigue McLuhan, en una argumentación que nos interpela todavía hoy en día y que, aún refiriéndose a los medios de comunicación de masas, sería perfectamente trasladable a la mutación actual que propician los medios digitales: “cuando se analizan cuidadosamente estos avances, se hace patente quedeterminan una estrategia cultural básica para la enseñanza. Cuando apareció el libro impreso, amenazó los procedimientos orales de la enseñanza y creó la escuela tal como nosotros la conocemos. En lugar de preparar su propio texto, su propio diccionario, su propia gramática, el estudiante empezaba a trabajar con estos instrumentos. Podía estudiar no sólo uno sino varios lenguajes, Hoy estos nuevos medios de comunicación amenazan, en vez de reforzar, los procedimientos tradicionales de la escuela. Es habitual contestar a esta amenaza con denuncias sobre el desgraciado carácter y efecto de las películas y de la televisión, del mismo modo que se temió y se desdeñó el «comic»,expulsándolo de las aulas. Sus buenas y malas características de forma y contenido, conjuntados cuidadosamente con otros tipos de artes y de técnicas narrativas, podían haberse convertido en un importante instrumento para el maestro”.

En un extraordinario artículo de lectura más que recomendable, aparecido en el último y renovado número de la revista Claves, Mariano Fernández Enguita dice a propósito de “El incierto porvenir de una institución exhausta”: “los nuevos medios sociales (Internet, la web 2.0 y lo que vendrá) ya son efectivamente de comunicación y, por tanto, la escuela ya no es ni el único ni necesariamente el mejor escenario de aprendizaje. En el futuro, que ya está aquí, vamos a tener que elegir: o aula sin muros o educación sin escuela -o una combinación de ambas-”.

Fernández Enguita, que ya había anticpado esta visión en “La infantería de Gutenberg ante la galaxia Internet“, no deja lugar a dudas sobre la brecha que se abre en un modelo pedagógico y educativo basado en la unidireccionalidad del mensaje transmitido del (supuesto) experto al (supuesto) lego: “el acceso a la sociedad del conocimiento abre una perspectiva de oportunidades y desafíos multiplicados, pero estaremos cada vez más lejos de poder aprovecharlas y afrontarlos si no se procede a una profunda reforma, desde dentro y desde fuera, de la profesión. Pero si antes señalé la perfecta adecuación del profesorado a la tarea que le encomendó la modernidad, incorporar al género humano a la era de Gutenberg, hoy no queda sino señalar con alarma su grave inadecuación para haerlo a lo que requiere la posmodernidad, la incorporación a la era de Internet”.

No es casualidad, por eso, que Roger Schank hable de una escuela sin muros, de un aula sin paredes, de la completa abolición de la idea del conocimiento como una acumulación repetitiva de contenidos inservibles, y construya para esos plataformas digitales donde los alumnos, agrupados, resuelvan prácticamente problemas a los que deben enfrentarse en una metodología bien contrastada que no es otra que la del aprendizaje basado en proyectos, traslada ahora al medio digital y sus particularidades. Claro que en honor a la verdad y a la amistad, Alejandro Piscitelli lleva años hablando de esa nueva educación basada en una nueva ecología digital del entorno de aprendizaje.

Y si eso es así y ese cambio es irreversible, es obvio que los libros de texto como referencia inamovible del sistema educativo darán paso a configuraciones digitales de recursos mucho más dinámicas, albergadas seguramente en plataformas colectivas. A partir de un conjunto de contenidos curriculares indispensables, deberán ser enriquecidos con las aportaciones de profesores y alumnos y, en lugar de itinerarios únicos, deberán abrirse a la posibilidad de trazar recorridos diferentes a través de las fuentes que puedan ser de interés para la resolución de los problemas planteados.

Las aulas carecerán de muros y, los libros, de páginas.

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

[...] Citando a Mariano Fernández Enguita: “y, por tanto, la escuela ya no es ni el único ni necesariamente el mejor escenario de aprendizaje.” Hum. [...]

La metodología de enseñanza en base a proyectos necesita desde luego una dedicación más personal al alumno, inabordable en la cada vez más masificada universidad.

La metodología de enseñanza basada en proyectos ayuda, precisamente, a gestionar a grupos grandes, porque está basada en la formación de grupos de trabajo de cinco o seis personas que se comportan como equipos que buscan, indagan, investigan, prueban y ensayan. Tanto en la primaria, como en la secundaria y, sobre todo, en los grados y posgrados universitarios, esa metodología es perfectamente aplicable. Yo lo he hecho durante quince años.

[...] Aulas sin muros y libros sin páginas, en Futuros del Libro: ¿Qué tanto acertaron los pronosticadores de hace unos años al referirse al futuro del libro y [...]

Muy buena recomendación. Explotar los recursos que se tengan a la manos.
Éxito

Escribe un comentario

(requerido)

(requerido)


*