Aires de apertura

La Eurocámara dio ayer luz, finalmente, a un texto que autoriza el libre uso y distribución de las obras huérfanas cuando, obviamente, no se hayan localizado a los autores o a los derechohabientes respectivos. Esa medida es especialmente importante para la vida de la web, porque desbloquea el uso de lo que Lawrence Lessig calculaba -en su trabajo Free Culture- el 85% de la producción cultural de un país. De esta manera cabrá poner a disposición de todo aquel que lo quiera o lo necesite, el patrimonio cultural escrito o grabado de un país sin incurrir en ilícitos jurídicos y sin estar sometidos a las amenazas de quienes, supuestamente, detentaban los derechos de representación.

 Hace tan sólo dos o tres días, casi en paralelo, diez años después de que se promulgara su primer manifiesto, la Budapest Open Access Initiative (la iniciativa filantrópica para el fomento del libro acceso al conocimiento promovida por George Soros), actualizaba su compromiso y redactaba un conjunto de 10 recomendaciones. En el fondo las razones de este compromiso se dejan resumir con cierta sencillez: ““The reasons to remove restrictions as far as possible are to share knowledge and accelerate research. Knowledge has always been a public good in a theoretical sense. Open Access makes it a public good in practice”. Favorecer la circulación irrestricta del conocimiento financiado con dinero público para mejorar el acceso, acelerar la innovación y convertir a este atribulado mundo en algo mejor.

En plena campaña electoral norteamericana, la famosa revista (y plataforma de conocimiento abierto) PLOS, promueve una campaña que lleva por eslogan: Tell the White House to Expand Open Access to Federally Funded Research, dile a la Casa Blanca que expanda el acceso abierto a las investigaciones financiadas con fondos federales, y parece que los candidatos no están haciendo oídos sordos.

En el Reino Unido, durante todo este verano pasado (ya, tan lejos), The Guardian se hizo eco, extensivamente, de las conclusiones del Finch Report -que recomienda encarecidamente la promoción del libre acceso al conocimiento producido en sus Universidades y centros de Investigación-, y llegó a la conclusión de que se trata de una oportunidad de oro inaplazable.

No hace falta que insista demasiado, de nuevo, en la iniciativa del CNRS francés, la construcción del sitio Open Edition, que aglutina ya a 365 cabeceras científicas de libre acceso y 504 blogs científicos de alto nivel.

Aires de apertura que, por ahora, no terminan de soplar por aquí.

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Comentarios

Ojalá nos toque algo por aquí de tanta iniciativa, es algo muy positivo la liberalización del conocimiento y facilitar el acceso al mismo. Espero que llegue pronto. El conocimiento nos hará libres.

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