Una cultura de la información para el universo digital

Pocas personas de las que conozco son tan entusiastas de los medios digitales como lo es José Afonso Furtado. Hasta tal punto es así que el año pasado la revista Time, al mencionar a los 140 twitteros más influyentes del ecosistema digital,  lo calificaba como “el Borges de Twitter”, como “un bibliotecario portugúes que traslada su inadulterado amor por todo lo que concierne a los libros y a la edición a la twitteresfera”. Con esa tarjeta de visita y esos antecedentes -fue, entre otras cosas, Director General del Libro y bibliotecario de la Fundación Gulbenkian-, es difícil negarle su entusiasmo y apasionamiento por lo que las tecnologías digitales pueden ofrecernos.

“Para enfrentarse a las complejidades del actual ambiente información”, dice Furtado en su último libro, Una cultura de la información para el universo digital (no traducido al castellano todavía), “y en particular a las nuevasformas de productos generados en el movimiento en dirección a un espacio de la información en gran parte digital, es necesaria una alfabetización (literacia) más abierta  y compleja, que debe integrar las alfabetizaciones de base técnica, pero que no puede limitarse a ellas”. Gran parte de la última obra de Furtado, erudita en su fundamentación, trata, precisamente, de discurrir y reflexionar sobre la etimología y diversas acepciones del significado de alfabetización para entender cuáles son sus limitaciones semánticas y para compender, en consecuencia, la necesidad de ampliar su campo de significado, integrando todo aquello que provenga del uso, comprensión y manejo de las nuevas tecnologías. La polisemia del término inglés literacy es apenas traducible a nuestra lengua: puede entenderse como alfabetización o alfabetizado; puede entenderse como literate, como aquel o aquella que usa la lengua de un mode correcto (letrado, quizás, en nuestro idioma); puede incluso entenderse como culto, como aquel o aquella que está familiarizado con las obras literarias y artísticas que pertenecen al acervo cultural de una tradición; puede entenderse, incluso, por transferencia a otros ámbitos significativos, como competencia o dominio profesional.

Pero, sea como fuere, Furtado centra su indagación en esa “alfabetización en las nuevas tecnologías y en los nuevos media”, porque se trata, a su juicio, de un “fenómeno altamente complejo, que no pasa ya por descifrar los textos, sino también por ser capaz de comprenderlos como información relevante y codificada. Encontrar un lenguaje para hablar de estas nuevas prácticas, entender lo smodos de producción de los sentidos y encontrar su cuadro teórico, son algunos de los desafíos presentado por la alfabetización en el siglo XXI”.

No es Furtado, sin embargo, un embaucador tecnoutópico, un tecnooptimista irreflexivo, un tecnoactivista inconsciente. Todo lo contrario. Y ahí radica, quizás, el contrapunto o contrapeso más interesante del libro: “la formación para la atención”, escribe Furtado, más adelante, “puede constituir una respuesta a las neglicencias” (el neg-legere latino, el no leer, la no lectura o el rechazo a la lectura, la mala lectura), “si concedemos primacia al concepto de skholé (noción que tiene origen griego, sobre todo en Sócrates, Platón y Aristóteles, que viene a dar origen a la palabra “escuela”, que designa, en el sentido más noble, pararse o detenerse, disponer de tiempo para si mismo, no para no hacer nada sino para tener la posibilidad de disfrutar de un estado de paz y de contemplación creativa, dedicada a la theoria, al saber máximo…). Significa ese tiempo de pausa necesario para consagrarse al estudi, a la skholé, que presupone el dominio de las técnicas, a saber, las técnicas de lectura y de escritura, a fin de poder acceder al máximo entendimiento”.

Furtado es lúcidamente consciente del conflicto latente entre la deep attention (la atención profunda) y la hyper attention (hipertación), entre el sosiego reflexivo y ascético de la skholé y la disgreagación superficial de la ambient interruption, la interrupción ambiental responsable de la hipoatención. Y ahí radica su singularidad, en encontrar ese peliagudo y comprometido punto medio entre dos alfabetizaciones que a menudo se presentan como concurrentes pero que son ineludiblemente complementarias.

Sigan y lean a Furtado @jafurtado, me lo agradecerán.

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