¿Está muerta la industria editorial?

En un reciente artículo publicado en The New York Times, How dead is the book business?, Adam Davidson (conductor del programa Planet Money en la cadena de radio estatal norteamericana dedicado a explicar los enrevesados asuntos de la economía), nos proponía resolver esa espinosa pregunta: ¿está muerto el negocio de los libros? o, quizás mejor, ¿hasta qué punto está muerto el negocio de los libros?

La pregunta cobra relevancia y resulta pertinente planteársela tras el anuncio de la adquisición por parte de Random House (no olvidemos que es, a su vez, propiedad de Bertelsmann) del grupo Penguin (que aglutina, a su vez, a sellos como Dutton, Viking y otros más y que, hasta hace poco, era propiedad de Pearson, el gigante educativo). Y la pregunta nos atañe cuando los rumores sobre la compra de Alfaguara por parte de Random son, cada vez, más insistentes ¿Acabaremos viviendo una especie de oligopolio de los media en manos de dos o tres grandes agentes globales? ¿Aniquilará eso la bibliodiversidad, la posibilidad misma de encontrar sellos independientes que representen a las voces divergentes, tal como nos recordaba siempre Pierre Bourdieu? ¿No era internet ese sitio en que la desintermediación permitía, por el contrario, pensar en largas colas en la que pudieran acurrurcarse los pequeños sellos editoriales junto a sus fieles comunidades lectoras? ¿Pero alguien puede pensar todavía, en este espacio digital intermediado, que puede monopolizar la generación de contenidos cuando cualqueira, potencialmente, puede convertirse en autor y editor, en prosumidor? Bien, demasiadas preguntas para tan pocas respuestas.

Davidson, sin embargo, utiliza un ejemplo trasladable al ámbito de la edición para alumbrar lo que nos sucede: al inicio del siglo XX Estados Unidos vivió un proceso de fusión de empresas que manufacturaban sus productos con el acero que adquirían a las empresas extractoras. Mediante su unión, lo primero que consiguieron fue imponer condiciones de compra a los proveedores de materias primas para, poco después, elevar sin demora los precios de su productos. Acabando con la competencia fueron capaces de despreocuparse de la competencia mientras descuidaban los procesos de creación e innovación. A la vuelta de la esquina, algunas décadas después, les esperaban las compañías asiáticas que acabaron con ellas.

¿Cómo asegurarnos, por tanto, de que el ecosistema del libro sigue siendo lo suficientemente rico para que en su cadena trófica grandes y pequeños convivan y cumplan sus funciones, para que unos se preocupen de los mercados más masivos y los otros arriesgen su vida y su capital en el empeño de buscar nuevos temas y nuevos autores?

Sin ánimo de agotar las posibilidades, se me ocurren algunas medidas:

No es probable que pueda levantarse el acta de defunción de la industria editorial, y es más que posible que convivan ambos modelos -grandes y pequeños- junto a la miriada de manifestaciones del contenido generado por usuarios. Sea como fuere, será necesario trabajar por asegurar la diversidad.

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Comentarios

joaquín, yo añadiría alguna más.

La distribución es un lastre. ¿una central de compras/ventas entre pequeños/medianos editores y libreros?

El precio fijo ya sólo beneficia quien no lo cumple. Los libros compiten con las corbatas y las colonias… un 5%dto. no es un arma, es una putada.

¿es razonable que en la corta y media tirada se venda sólo un libro de cada tres que se imprimen? las corbatas y las colonias tienen un margen del 50% para el punto de venta que, eso sí, compra en firme. O empezamos a debatir eso, o la industria como dices está muerta.

Soy de lo que creen que la industria del libro esta en coma, y los próximos meses vamos a ver desapariciones y ceses de actividad a gogó. Y los libreros lo mismo. Estoy de acuerdo con lo que planteais, así no se puede seguir, Se hacen jornadas de las que no sale ningún plan de acción. Y en el mundo anglosajón ahora se habla de la fusión de Harper con Simon & Schuster. Por encima de un cierto nivel de concentración la competencia no existe. Quizá habría que hacer un manifiesto en pro de la supervivencia del sector.

A mi modo de ver la bibliodiversidad se podrá mantener en tanto en cuanto esta parta de editorial digitales que, si lo hacen bien, pueden tener un excelente SEO.
Ha sido el Huffington Post el que ha comprado al New York Times y, luego, parcialmente, a El País.

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