La teoría de la conspiración

No concibo un mundo sin libros. Para mi sería mucho más pobre y se me haría en buena medida inhabitable. Me acompañan, me instruyen, me entretienen, me invitan, me estremecen… Entiendo, aún así, que quizás su papel preponderante en el ecosistema de la cultura y la información a lo largo del siglo XIX y XX esté en trance de desaparición. No tanto porque se haya urdido una conspiración internacional fundamentada sobre el desprestigio de la lectura y la apelación a sus (supuestamente) precios desmedidos, sino, más bien, porque la era digital desplaza su posición del lugar central que ocupaban a uno más lateral o complementario, forzados a convivir con otras muchas manifestaciones de naturaleza digital que construyen un nuevo ecosistema, un nuevo campo, en el que las certezas que nos sustentaban se han volatilizado.

 

Ni los libros ocuparán ya un lugar central;  ni los editores serán los únicos agentes legimitadores (tampoco los críticos tradicionales ni los medios a los que servían); ni los autores, tales como los entendíamos, poseerán el monopolio de la creación, ahora tan democratizada; ni las librerías serán los únicos canales a través de los cuales se distribuyan y/o comercialicen los libros.

Invocar una conspiración como causa del cambio inminente e inevitable, tal como hizo ayer Juan Cruz en un artículo publicado por el diario El País, es algo reconfortante, porque nos permite enfrentarnos a un supuesto enemigo, invisible, pero enemigo al fin y al cabo, al que podría combatirse con algunas dosis de promoción de la lectura y de recorte de márgenes de contribución. El problema es que en nuestro país poseemos un déficit estructural de lectura que parece insoluble y que no es de ahora; el problema es que nunca, en nuestra historia reciente, la población lectora regular ha sobrepasado el 20% de la población; el problema, como decía Roger Chartier hace poco, es que “históricamente, no ha habido una revolución en la lectura semejante a la digital”, y conviene que nos enteremos qué entraña este cambio; el problema es que la industria, atada a un modo de producción predigital, ha seguido una senda de sobreproducción que hoy ha hecho aguas; el problema es que los precios han seguido incrementándose debido a la asunción del euro y a una estructura de costes (irrefrenable e inasumible) vinculada a un modo de producción predigital; el problema es que nuestras estructuras gremiales siguen siendo medievales en su concepción de los oficios separados cuando necesitamos transparencia, apertura y coordinación en un contexto digital. . El problema, en el fondo, es que no existe conspiración alguna y que, el único culpable, si es que lo hay, somos nosotros mismos, que ni supimos ver lo que se nos venía encima, ni queremos entender ahora lo que está ocurriendo (menos aún, claro, emplear las herramientas digitales para aprovechar las oportunidades que se presentan en toda crisis).

Constantino Bértolo decía ayer en su Twitter: “J C escribe un artículo – cursi- sobre una conspiración contra el libro. Debe ser uno de los juramentados, porque hay defensas que matan”.

No existe conspiración alguna; más bien una (confortante y ofuscada) teoría sobre la existencia de una conspiración.

Etiquetas: , , , , ,

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Seguimos en el mismo ecositema de la cultura, lo que sí hemos cambiado es de biotopo. Hemos dejado las páginas de los libros por la pantalla del ebook o de la tableta. Y el mundo ha cambiado, cada paso cambia más rápido. Somos más teconológicos, pero más ignorantes. No leemos, no tenemos capacidad de autocrítica, sólo asimilamos la información que nos llega a espuertas. Cómo en 1984 hay un gran hermano que nos dice lo que tenemos que pensar y asimilar. Y lamentablemente es culpa nuestra. En este país, cuna de Cervantes, dónde los periódicos más leidos son los deportivos, con mucha diferencia respecto a los de información general, es un síntoma de a dónde vamos y de lo que somos como nación. Se toma como ejemplo a Messi y a Ronaldo, pero quién conoce a Joan Massagué ¿ ?…Conclusión , no hay ningún enemigo externo, el único enemigo somos nosotros mismos.

El libro no está en peligro. Estarán en peligro (y tampoco demasiado) las editoriales y los distribuidores tradicionales pero, ¿el libro? Si gracias a las plataformas digitales están surgiendo muchísimos autores que se autopublican, rechazados por las editoriales convencionales, y que, de otra forma, no conoceríamos.
El libro está a salvo a pesar de personas como Juan Cruz.

Hubo una gran revolución en la lectura, con el invento de Gütenberg. Esa fue la última, antes de la actual.

Se confunde lectura con literatura. La literatura ha perdido protagonismo en los últimos 100 años con la expansión del cine, y luego de la música grabada y de la TV. Esta pérdida de protagonismo fue acompañada paradójicamente de una mayor producción literaria para esas nuevas formas de expresión, ya sea como guiones, poesía o similares. Quizás hoy lea literatura menos gente que hace 100 años, aunque toda la población del planeta, no ya el 20%, accede a producciones artísticas más complejas en las que la literatura está presente.

La lectura es otra cosa. Podemos afirmar que nunca antes en la historia de la humanidad tanta gente escribió ni leyó tanto. Son emails, mensajitos, tweets, posts. Piezas sin valor literario, que sin embargo no dejan de señalarnos la gran oportunidad que está ahí: si logramos introducir la literatura en las pantallas donde la gente está (PC, celular, tablet) lograremos un gran avance en la lectura literaria.

Un aspecto aún con mayor potencial es el que surge de la distinción entre literatura digitalizada, y literatura digital. La primera es la que parece originar este post. La segunda encierra una gran promesa: narraciones pensadas para un entorno digital, y sólo reproducibles en el mismo. En esa línea, desde la fundación Itaú impulsamos anualmente una convocatoria de cuento digital, cuyas obras premiadas se publican en una antología de descarga gratuita en Internet: http://www.fundacionitau.com.ar/carousel/cuento-digital-itau-2012/

Es un inicio, falta mucho por recorrer. Nos podemos sentar a llorar. Explotar las nuevas oportunidades, e ir donde la gente está en lugar de reclamar que vengan, nos suena como una mejor alternativa.

(requerido)

(requerido)


*