La evolución digital del libro de texto

Leo en el extraordinario texto de Fernando Trujillo, Propuestas para una escuela en el siglo XXI, mientras preparo el curso de Alfabetizaciones múltiples: una nueva ecología del aprendizaje para la UIMP, lo siguiente:

En la escuela uno de los marcos más eficaces para el desarrollo de las competencias básicas es [...] la enseñanza basada en tareas y proyectos. Las tareas crean un contexto en el cual los estudiantes deben obtener un producto final, negociar para alcanzar tal realización, tomar las decisiones pertinentes, asumir riesgos y reflexionar sobre el proceso de trabajo y su evaluación. Además, el currículo de Educación Primaria y Secundaria está diseñado [...] para trabajar mediante tareas si tomamos los criterios de evaluación como las unidades fundamentales para el diseño de estas tareas integradas

Los libros de texto tradicionales no contemplaban apenas la posibilidad de que un profesor se planteara el desarrollo de proyectos o tareas integradas, conectadas con el entorno escolar y su realidad social circundante, que fomentaran la necesaria colaboración entre distintas materias y asignaturas, profesores, personas o no afines a la comunidad educativa capaces de aportar una visión u opinión sobre el tema abordado. No estaban diseñados, en fin, para otra cosa que no fuera soportar la transmisión unidireccional del conocimiento basada en la memorización, la repetición y la calificación. Cuando la pedagogía cae en la cuenta, hace ya tiempo, de que difícilmente pueden adquirirse competencias básicas de ningún tipo si no se basan en el saber hacer antes que en el mero saber, comienza a concebirse la posibilidad de que sea el propio docente, en colaboración con su claustro y con sus alumnos, quienes valoren la calidad y pertinencia de las fuentes que hayan de consultar, quienes realicen las búsquedas de información necesarias, quienes construyan, en definitiva, sus propios contenidos.

Soy de los que piensan que los libros de texto podrían y deberían seguir ejerciendo una función de guía de mínimos, de plantilla sobre la que construir esos proyectos o tareas integradas que cada centro debería desarrollar, pero a condición, eso sí, de que no se presentara ya como el texto monolítico y compacto que una vez fue. Su arquitectura -tal como yo la entiendo- estaba estrechamente vinculada a un diseño del entorno de aprendizaje donde primaba un currículum cerrado, una situación de comunicación unidireccional, un espacio clausurado y cerrado a toda experiencia externa. Hoy las cosas ya no son así y no parece que los libros de texto, en consecuencia, puedan seguir siendo lo mismo.

La tecnología digital, de nuevo, más que una amenaza resulta ser una oportunidad: gracias a la posibilidad de establecer niveles de etiquetado y marcado semántico tan pormenorizados o granulares como se desee (basta echar un ojo a la propuesta de LOMes), un libro de texto compacto podría llegar a ser un agregado o un conjunto de objetos educativos digitales con sentido unitario que, eventualmente, pudieran conformar una unidad para un nivel y una materia determinadas. Sería necesario, a mi juicio, plantearse esa evolución hacia que vayan más alla de los meros y eufemísticos “textos enriquecidos” para llegar a verdaderas unidades de contenidos detentadoras de sentido propio, interactivas y agregables a contenidos provinientes de múltiples fuentes.

Sólo una enseñanza -dice Fernando Trujillo- que se plantee ir más allá del saber para incorporar el saber hacer, el saber ser y el saber aprender, nos permitirá una contribución eficaz al desarrollo de las competencias básicas de nuestros estudiantes: un enfoque de la enseñanza basado en tareas, que integre el currículo vinculándolo con cuestiones de interés ocial y personal de los estudiantes, en un contexto de trabajo cooperativo, presencial o virtual, y que aspire a una socialización rica de los estudiantes puede suponer una apuesta de calidad para la escuela del siglo XXI

“Las competencias básicas son”, añade a renglón seguido (y sabe bien de lo que habla después de haber liderado durante años el proyecto iCOBAE), el reto y el compromiso que nos impone la sociedad y al cual tenemos que responder con profesionalidad: nos va el futuro en ello”. En el Consejo de Educación, Juventud, Cultura y Deportes de la Unión Europea celebrado en Bruselas en noviembre de 2012 junto al grupo de expertos en media literacy, se exhortaba, precisamente, a eso mismo:

Keep learning materials and methods under review in the light of increasing digitisation, in order to support learner motivation, and make greater use of non-formal learning resources. Promote the development of software for schools, in order to help teachers devise new approaches to improving literacy.

Si eso es así, y a mi me parece incontrovertible, los materiales educativos con los que antes trabajábamos parece que deberán satisfacer esa nueva demanda formativa, y aquellos que así no lo entiendan, por mucho que intenten acotar o sellar el acceso y la circulación de los contenidos que publican, se autoexcluirán de ese nuevo terreno -amplio, ilimitado, holgado, repleto de nuevos participantes- de juego.

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Comentarios

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Es interesante, y coincido en en que el libro de texto en formato digital tiene muchas ventajas. Apple tiene una fuerte estrategia en este sentido, y el tablet será problablemente el aparato para acceder a esos libros digitales.

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