Librerías

Con ocasión del X Encuentro Nacional de las Librerías celebrado en Burdeos el 3 de junio de 2013, la Ministra de Cultura Francesa, Aurélie Filippetti, declaraba: “hoy en día todo el mundo está cansado de Amazon, de sus prácticas de dumping, de su política de recorte de precios para penetrar mejor en los mercados y, después, hacerlos remontar una vez que están en situación de cuasi-monopolio”. “El sector del libro y de la lectura”, continuaba con absoluta convicción e investida de buenas razones, “está en competencia con ciertos sitios que utilizan todos las posibilidades para introducirse en el mercado del libro francés y europeo […] Eso resulta destructor para las librerías”. El Presidente del Sindicato Nacional de la Edición (SNE), Vincent Montagne, presidente de Média-Participations y del Syndicat National de l’Edition (SNE), decía en la conferencia de clausura del Encuentro Nacional de la Librerías:

Esa es la razón por la cual hoy, nosotros, editores, reafirmamos nuestra voluntad de ayudar a las librerías, prioritariamente a aquellas librerías que redoblan su creatividad para desarrollar su actividad. Me complace anunciar, en nombre del SNE, un esfuerzo sin precedentes, un esfuerzo excepcional de los editores, que se han fijado el objetivo voluntario de financiar por una cantidad de 7 millones de euros un fondo complementario de ayuda a la librería.

El total de las ayudas concedidas, sin entrar ahora en pormenores, asciende a 18 millones de euros, cantidad que llevó al Presidente de los libreros franceses, Matthieu de Montchalin, a declarar: “Nunca habíamos conocido un plan en favor de la librería de tal cuantía”.

En septiembre de 2013, tres meses después, en la cumbre bilateral germano-francesa celebrada en Berlín bajo el título El futuro de los libros, el futuro de Europa, sus dos ministros de cultura (de nuevo Filippetti junto a Bernd Neumann), asumían que “el mayor desafío para los participantes del mercado europeo en la actualidad es hacer frente a las compañías globales de Internet como Amazon y Google, garantizando así la calidad y la diversidad en el mercado europeo de libros digitales”. Y reconocían a continuación, expresamente, el compromiso específico de las empresas editoriales: “las pequeñas y medianas empresas europeas invierten constantemente en calidad y bibliodiversidad. Generan unos 40 mil millones de euros al año y emplean alrededor de 200.000 personas en puestos de trabajo cualificados”. Por primera vez en la historia reciente los alemanes -reacios a adoptar medidas estatales para la protección de sus librerías-, firmaron un pacto o un acuerdo para su salvaguarda, un documento que recoge cuatro asuntos tan polémicos como pertinentes: el precio fijo de los libros; la armonización tributaria de las sociedades en el seno de la Unión Europea; la igualación del IVA para los libros electrónicos y la protección de los derechos de autor.

Para llegar hasta este punto subyacía un acuerdo esencial: resulta pertinente y necesario que los gobiernos nacionales y la misma Unión Europea intervengan en la protección de su industria cultural -en este caso las librerías y la edición independiente- porque su patrimonio, su herencia, su legado y su acceso están amenazados por la pujanza y poder igualador (devaluador) de las operadoras multinacionales. Soy de la opinión de que estas empresas multinacionales operan de manera lícita utilizando para ello los mecanismos y los espacios que la propia Unión les proporciona: el hecho de que tributen en países distintos a los que comercializan o que utilicen mano de obra en condiciones de explotación laboral (como denuncia el libro de En los dominios de Amazon, de Jean-Baptiste Malet, recientemente publicado por Trama o los reportajes que a finales del año pasado emitió la TV nacional alemana), no es tanto una falta achacable a la empresa como una expresión de la incapacidad jurídica y política de la Unión. Sea como fuere, se ha buscado un chivo expiatorio (varios chivos expiatorios) fácilmente reconocibles que, al menos, sirven para concitar las fuerzas de los afectados. Al menos en algunos sitios…

Entre nosotros, que casi siempre somos la excepción, las cosas no se ven de esta manera (al menos por ahora). En el Plan Estratégico General de la Secretaría de Estado de Cultura 2012-2015 publicado en septiembre de 2012, no se encuentra la palabra “librería” en ninguna de sus 124 páginas. “Libro” solamente se encontrará asociado a una cuestión meramente instrumental: la adecuación de las subvenciones concedidas a libros y revistas. Las librerías no forman parte en nuestro país, obviamente, de una política de Estado que las comprenda como puntos de acceso insustituibles a la cultura, como salvaguarda de la diversidad de la oferta cultural y como sostén de la convivencia ciudadana. Claro que esto resulta comprensible si estamos de acuerdo con lo que nuestro Secretario de Estado de Cultura opina respecto a las medidas destinadas a la protección de la “excepción cultural”:

Es el instrumento que países como Francia han tenido que utilizar para no ser diluidos por la potencia económica y cultural de Estados Unidos. España no necesita esa protección porque tiene detrás una cultura compartida por 500 millones de hispanohablantes en el mundo. Somos una gran potencia y tenemos que ser capaces de proyectarla

No conforta mucho saberse un gran potencia cuando nuestras librerías están seriamente amenazadas de quiebra y consunción. Jorge Carrión, en el estupendo y reciente Librerías, nos recuerda el trance funesto en el que muchas de ellas están: “en todos los países del mundo las librerías como el Pensativo [en Guatemala] han desaparecido o están desapareciendo o se han convertido en una atracción turística y han abierto su página web o en parte de una cadena de librerías que comparten el nombre y se transforman inevitablemente, adaptándose al volátil [...] signo de los tiempos”.

Esa misma sensación de urgencia es la que seguramente haya llevado a la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, a requerimiento de la Junta de Castilla y León, a invitarnos a unas cuantas personas -Manuel Gil, José Manuel Anta, Enrique Pascual, Javier Celaya y yo mismo), a reflexionar sobre las estrategias que cabría poner en marcha para potenciar y salvaguardar nuestras librerías, ese bien insustituible, foco de tolerancia y cultura. En mi caso, como he dejado entrever, hablaré de las librerías en el mundo, sobre los sistemas de distinción, respaldo y promoción de la librería en el ámbito internacional. Porque ser una potencia mundial quizás no sea suficiente y convenga mirar y entender las razones de los demás.

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[...] Librerías Madri+d Joaquín Rodríguez 23 de septiembre de 2013 Share this:TwitterFacebookGoogleLike this:Like Loading… [...]

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