El pico de la producción editorial

En la última entrada del blog de Nicholas Carr, el autor de Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?, conjeturaba con la posibilidad de que la venta y penetración de los libros electrónicos hubieran alcanzado un pico de difusión máxima a partir del que sólo quedaría constatar su progresiva desaceleración.

Es posible, efectivamente, que el contigente de personas que adoptan las nuevas tecnologías de manera más vehemente haya llegado ya a sus confines; es posible que las prácticas lectoras asociadas al papel sigan tan estrecha y hondamente vinculadas en el hábito de muchos de nosotros, que el salto a los nuevos dispositivos sea progresivo y asegure un periodo de convivencia determinado; es posible que, incluso admitiendo las tesis principales de Carr, algunos sigamos pensando que la lectura profunda de las textualidades tradicionales depara placeres que un hipertexto fragmentado no puede proporcionanos; es posible que las tecnologías de reproducción sean todavía inmaduras y que muchos estén cansados del desfile de dispositivos y de formatos, incomprensible para tantos; es posible que en muchos países el comercio electrónico no penetre a la velocidad que en los países anglosajones, más habituados a la compra por catálogo, a la compra virtual y al pago mediante mecanismos de crédito; es posible que no exista todavía una oferta legal y a precios razonables suficiente para satisfacer una demanda. Es posible que eso y muchas otras cosas sean ciertas pero…

Pero las cifras que Amazon ofreció en la última Feria del Libro de Frankfurt muestran un crecimiento imparable de la venta de sus propios dispositivos de lectura, venta de soportes que va acompañada -en países como el Reino Unido o los USA- por una venta de archivos electrónicos superior, ya, a la venta en papel.

La historia nos de muestra, de manera muy tozuda, que en todos los episodios históricos donde han concurrido la transformación de los medios de creación y reproducción; la transformación de la entidad de los textos y los soportes sobre los que se practica la lectura, es inútil resistirse a los cambios. Sucederán, lo queramos o no lo queramos. Los periodos de convivencia están bien documentados y en el caso histórico de la imprenta, último de ellos, se puede apreciar un periodo aproximado de un siglo, momento a partir del cual el dominio de la imprenta y del libro en papel respecto al documento reproducido manualmente por un copista fue completo.

De esto y de muchas otras cosas irreversibles en la cadena de valor del libro hablamos ayer en el Curso de Edición que organiza Hotel Kafka junto a Ámbito Cultural. Más que del “pico” del libro electrónico deberíamos ser conscientes de que el “pico” de producción del libro en papel llegará mucho más pronto que en otros momentos de cambio histórico, porque la aceleración en el cambio tecnológico a la que asistimos carece de prencendentes.

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Comentarios

Hola Joaquín.
Claro como siempre, pero por enredar un poco.
Me llama la atención esa ‘globalidad’ de los análisis que tienen un punto de ‘interesado’ por parte sobre todo de las tecnológicas. Cuando se rasca un poco en las cifras de facturación del digital y se ponen por trocitos se ve con claridad que el proceso no es homogéneo y que, por lo tanto, no todo vale exactamente igual para todo.
Me llama todavía más la atención cómo no se analiza ni se trabaja sobre el papel que juega el canal en relación a la creación de nuevos contenidos.
Todo nuevo medio ha acabado generando o nuevos contenidos o nuevas narrativas y de esto no se habla en exceso.
Toda aceleración también lleva consigo con el tiempo una desaceleración. Al igual que todo crecimiento llega a un punto de curva que demuestra su inutilidad en el proceso. Quizás con esto haya que tener cuidado porque el batacazo, todavía no tenemos perspectiva histórica, puede ser mayor.
Abrazos y gracias como siempre por tus atinados comentarios

La historia demuestra que tras un periodo de convivencia de aproximadamente un siglo, en el que hubo incluso un repunte de las obras manuscritas por el impulso de la demanda de la nobleza, las obras impresas mecánicamente acabaron imponiéndose y provocando la desaparición de las prácticas asociadas a la creación, reproducción y uso de las obras copiadas a mano. Hubo quienes, como nos ocurre a tanto de nosotros ahora mismo, no quisieron aceptar esa transición, apelando a la calidad devaluada de los libros mecánicos -como un Benjamin anticipado-, pero la realidad fue absolutamente terca y la revolución sucedió. Sólo veo paralelos históricos y estructurales tan profundos que lo único que queda por saber es a qué velocidad se producirá la sustitución completa…

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