Indie(gentes)

Tengo un amigo con dilatada experiencia laboral en el ámbito de la edición que despidieron hace unas pocas semanas en la terraza de un elegante hotel. De nada sirvió su abnegación, la elevada facturación anual que su trabajo propiciaba y, más aún, las muchas oportunidades de negocio que abría. Todo huele a una maniobra de aclarado para mejor vender la cartera de derechos a una editorial con ganas de comprar gangas.

Tengo otros amigos, propietarios de editoriales independientes, cuya principal preocupación radica, desde hace ya tiempo, en encontrar un postor solvente, única vía no ya de supervivencia, sino de simple recurso para evitar la quiebra. De vez en cuando me llaman o me escriben, lánguidamente, porque no aciertan ya a discernir las razones que les llevaron a meterse en este negocio serio cuyas cifras son de risa, como suele decir otro insigne y curtido amigo editor independiente.

Tengo otro amigo, editor y grafista, al que se le llevan los demonios cuando tiene que explicar el coste de desarrollo de un formato digital y el trabajo pulcro y esmerado que exige construir un Epub que soporte aguerridamente su lectura en cualquier soporte. Lo que no consigue nunca es que le abonen justamente el fruto de ese esfuerzo.

Tengo algunos otros colegas libreros cuyo agujero contable alcanza dimesiones de sima insondable. Uno que tiene su sede cerca de un Ministerio dice que hasta los funcionarios han dejado de leer, y eso que son las únicas personas que tienen un renta, aunque sea mínima, asegurada, de forma que ya nadie parece leer ni mucho menos comprar. Está pensando, dicho sea de paso, en arrendar parte del local para convertirlo en cafetería.

Ninguno de ellos han encontrado en la migración a lo digital la solución a sus problemas, porque todavía, al menos entre nosotros, esa transformación cuesta los recursos que no tienen, pero apenas aporta otra cosa que incertidumbre.

Yo mismo podría contar de este año que va acabando un par de proyectos editoriales de considerables dimensiones que, como en otras ocasiones, se me han escapado entre los dedos, como la arena de playa, sin dejar rastro alguno.

Recuerdo muy bien que Pierre Bourdieu decía que la característica principal de los editores independientes (los indies a los que aludo en el título de esta entrada autoconmiserativa de hoy) era que tenían que estar dispuestos a asumir los riesgos que conlleva la inversión cultural: bajos retornos, siempre a largo plazo, inciertos en todo caso, fruto de apuestas arriesgadas por poner en conocimiento de los lectores ideas y valores novedosos que no han demandado. Así me consuelo después de los sucesivos reveses de mis amigos y de mis propios reveses, consciente de que la condición de indie conlleva, a menudo, la de indigente.

Y también, claro, refugiándome este fin de semana en mi rincón de lectura favorito…

Pd. tengo otro amigo, quizás el más osado de todos los editores independientes, raro entre los atrevidos, único entre los originales, que puso en riesgo su patrimonio y su familia y paseó por la cuerda floja de un lado a otro durante una década. El director de la sucursal bancaria con la que trabajaba se negó a seguir descontándole letras cuando la cosa se puso cuesta arriba, pero él se compró un 4×4 (es un decir) e hizo lo posible por remontar la empinada cuesta. Hoy vive a 2000 km., reencontrado con los suyos, en una isla. Estoy seguro que está preparando el regreso…

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Comentarios

Joaquín. Lo que cuentas me recuerda mucho mucho a reflexiones hechas ya hace tiempo dentro del mundo de las ‘artes’. Quizás a veces deberíamos mirar hacia otros sectores y las reflexiones que ya están hechas.

Espléndido como siempre en la reflexión y en la elegancia.

[...] Mapa de Librerías / Observatorio de la Librería en España Año 2013 »    Indie(gentes) by Vázquez, 11.16.13, Indie(gentes). [...]

Mi empatía con los sentimentos que intuyo de su comentario, que agradezco, me llevan a compartir aquí algunas de mis propias compulsiones, aunque me temo de manera estrambótica y críptica:

Lo indie es en general marginal e indigente porque no suele satisfacer necesidades percibidas de la sociedad, sin valorar si son buenas o malas. No es cuestión solo del tamaño de su mercado, sino también de su estructura. Del mismo modo, las tendencias que quedan obsoletas se convierten rápidamente en marginales y en fósiles antropológicos.

Algunas ideas y proyectos indie alcanzan, sin saber cómo ni porqué, una masa crítica que les incorpora a las corrientes de uso y consumo y dejan milagrosamente de ser indie, marginales e indigentes. Son solo una nano-proporción del total de micro-iniciativas que nacen y mueren cada día en todo el mundo. Así de natural es el ecosistema.

El problema de los creadores y emprendedores indie está en la gran dificultad de pensar y actuar rompiendo las reglas de juego de las tendencias dominantes. Entonces, las ideas y proyectos indie acaban convirtiéndose en más excedentes “kitsch” y residuos románticos y no en alternativas disruptivas que generan y satisfacen nuevas necesidades y usos sociales.

Por eso los raros creadores indie que alcanzan el éxito no suelen ser los que lo buscan más o menos racionalmente y desde la comodidad de plataformas establecidas, si no, más bien, los que lo llevan en su DNA y en un profundo desarraigo social y cultural. Salvo que sean falsos indie a los que les conviene aparentarlo para tratar de aprovecharlo por algún motivo táctico dentro de una tendencia ya dominante.

Excelente comentario, en mi escasa experiencia de auto publicación el autor debe conocer con profundidad las tareas del editor, auto publicarse no es sinónimo de auto editarse. Es crear un texto en el cual participen los actores inherentes al mundo editorial tradicional en cuestión, es decir: excelentes correctores ortotipográficos, de estilo, maquetadores tradicionales y electrónicos, diseñadores de portada, en fin la búsqueda de un libro de excelente calidad, prescindiendo de clásico inversor-editor.

Me encanta la calidad del post y de sus comentarios (lo visito por primera vez). Creo que surge allí el tema de la creación de nuevos públicos (o públicos convergentes de otra manera) y el de la construcción de valor editorial por vías diferentes, a través de la comunicación digital y las nuevas formas de conocimiento. No sé si me animo a anticipar una declinación de las grandes editoriales fagocitadoras de la diversidad, pero sí sin duda de la de un poder de mercado basado en el control de los canales de circulación de los libros. Habrá que construir nuevas herramientas de mediación (de selección) entre lectores y editores, de manera que las inversiones encuentren iluminado el camino hacia la demanda. La superación del vehículo de papel (o su reserva como podio de la publicación acreditada por públicos numerosos) es una oportunidad para que la inversión pueda graduarse en etapas, incluso antes de una versión final del contenido. (Es un fenómeno sumamente llamativo, y no solo otro plato del menú de los peces gordos, que Goodreads haya sido adquirida por Amazon.)
Por otra parte, están dadas las condiciones para la edición colaborativa que se menciona arriba. Y están dadas las condiciones para que los lectores se empoderen junto con los editores que tienen para ofrecer algo disruptivo en algún sentido, como se describe arriba. El fenómeno del encuentro de afinidad facilitado por las redes y la nueva circulación de bienes musicales son modelos naturales para construir maneras nuevas de convergencia para oferta y demanda (para construir ambas, más bien).
Desde luego que en las condiciones actuales de España los editores “indi” deben de estar más cerca del suicidario que de la demanda, pero también es cierto que la proliferación infinita de títulos indiscriminados es imposible y absurda. Me parece que aún no nos damos cuenta de que el cambio en las formas de circulación de contenidos entraña un cambio en la naturaleza de los públicos y en el lugar de lo editorial.
Creo que hay que convocar a los (micro)economistas y estudiar toda la circulación desde el lugar de un nuevo tipo de lector, un tío o una tía empoderados, capaces de discriminar mucho más allá de las publicidades y los superficies libreras. Ya no alcanza con mirar todo el asunto desde el lado de la oferta, de un pobre editor indi enfrentado al abismo del mercado, de una “microiniciativa” tratando de escuchar su eco en la inmensidad de unas montañas (de libros). Ahora es necesario colaborar con otros iguales y con los lectores, para escuchar mejor…

(requerido)

(requerido)


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