El coste del conocimiento

El pasado 27 de junio se hicieron públicas las cifras de facturación de los 56 grupos editoriales más grandes del mundo.

Entre los cinco primeros, tal como muestra la imagen, tres están dedicados a la edición de contenidos científicos, técnicos y profesionales, a la gestión e identificación de información valiosa para determinados colectivos altamente cualificados que necesitan contenidos actualizados. Reed Elsevier (promotora, entre otras muchas cosas, de Science Direct y Scopus), Thomson-Reuters (generadora, entre otras muchas cosas, de la Web of Science) y Wolters Kluwer (empresa holandesa fusionada, a su vez, con otro gigante, Bertelsmann & Springer, lo que daría lugar a Springer Science+Business) son tres gigantes que no solamente facturan cantidades inconcebibles para editores que trabajan en otros sectores sino que, sobre todo, dominan y controlan la producción, circulación y uso del conocimiento producido por la comunidad científica. A día de hoy apenas he leído o escuchado ningún comentario al respecto, ninguna valoración sobre las consecuencias que esa posición dominante tiene respecto a la disponibilidad y usufructo del conocimiento generado por una comunidad científicamente generalmente financiada con dinero público.

Es cierto que esta polémica viene de atrás: el 1 de septiembre de 2001 la Public Library of Science, uno de los más exitosos experimentos de ciencia libre en la red, intentó poner coto por primera vez a los precios abusivos y al secuestro de los contenidos ejercido por las multinacionales. José Antonio Millán explicaba en aquel momento en su blog que PLOS había fijado esa fecha “para que las compañías que rigen el mercado de la edición científica digital cambien su política. La iniciativa de la Public Library of Science lleva reunidas más de 26.000 firmas de científicos (casi 1.300 de ellos españoles), entre ellos varios premios Nobel. Su propuesta es que a los seis meses de aparición de los artículos estos se pongan abiertos en la Red, en sitios que reúnan lo más importante de la investigacion de un sector. Si el 1de septiembre las compañías no han actuado así, los firmantes se negarán a contribuir a sus publicaciones o a actuar de asesores para ellas. Las empresas objeto del ultimátum son bien conocidas: la canadiense Thomson y la anglo-holandesa Reed Elsevier, entre otras”. La revuelta de los científicos, la indignación del conocimiento, parecía aflorar y haber encontrado un fundamento sobre el que efectuar su reclamación porque Internet les daba las herramientas necesarias para autogestionarse, para compartir libremente el fruto de su trabajo, tal como la pionera arXiv.org ha venido demostrando desde mediados de los años 90.

Uno de los últimos episodios resonantes de esa indignación creciente fue la iniciativa The Cost of Knowledge promovida por el matemático Tim Gowers, una revuelta contra la política de precios crecientes y limitación de acceso al conocimiento practicada por Elsevier, la segunda compañía editorial más boyante del mundo.

No debemos olvidar, claro, que entretanto se han sucedido grandes declaraciones institucionales promoviendo el libre acceso al conocimiento, las primeras de las cuales fueron, seguramente, las realizadas por el Max Planck Institut (Berlin Declaration on Open Access), y por el filántropo (a ratos) George Soros, que puso en marcha la Budapest Open Access Initiative. Toda esa historia puede encontrarse en Ediciencia, un manual publicado en el año 2004 que coordiné junto a un grupo de expertos más que reseñable.

Sea como fuere, las cosas en el fondo parecen no haber cambiado demasiado. Al tiempo que se publicaba la lista de las editoriales más rentables, se publicaba un reportaje extenso en la Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America significativamente titulado Evaluating big deal journal bundles, y los datos que se ponían de relieve, entre otros, fueron que no solamente los precios seguían incrementándose y que las editoriales pretendían comercializar paquetes de suscripciones no desagregables, sino que no tenían en absoluto en cuenta la dimensión de la institución y/o bibliotea a la que se lo vendían y los recursos financieros de los que disponían, todo con la obvia intención de maximizar sus márgenes de contribución y sus beneficios netos (toda la información, cuantificada, puede encontrarse en este enlace).

Llegados a este punto, la pregunta es obligada, por si alguien quiere contestarla: ¿cuándo asumirá la comunidad científica la gestión de la creación, circulación, evaluación y uso de los contenidos que ella genera sin necesidad de intermediaciones que lastran y desnaturalizan su propio funcionamiento? ¿Cuándo asumirán los editores científicos universitarios, por tratarse del colectivo más cercano al asunto tratado, la construcción de una plataforma única y compartida que haga uso de las herramientas que Internet nos dio hace ya dos décadas? ¿Cuándo seremos capaces de generar modelos de acceso abierto al conocimiento?

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Comentarios

Interesante reflexión, pero falta una pata de la mesa en la exposición, y que contesta en parte a la pregunta que planteas: La comunidad investigadora tiene parcialmente atadas las manos mientras no cambien los criterios de evaluación de la actividad investigadora por parte de las agencias nacionales. Son los propios gobiernos los que, más que indirectamente, sustentan este oligopolio de la información científica, evaluando la investigación y a los investigadores y por ende, concediendo ayudas y complementos salariales, al aplicar criterios como el factor de impacto de las revistas en las que se publica. El investigador necesita publicar en revistas con alto factor de impacto porque es lo que le piden las agencias de evaluación y las convocatorias. Y no es dificil adivinar qué editoriales publican estas revistas. Dejando aparte la validez o la necesidad de actualizar los criterios bibiométricos que se aplican, el movimiento Open Access lo tiene bastante dificil si son los propios gobiernos los que ponen palos en las ruedas del Acceso Abierto.

Tienes toda la razón Roberto. Hasta tal punto estoy de acuerdo contigo, que por eso mismo escribí dos libros en los que se atacaba de cara ese tema http://bit.ly/1rg7caJ y un reciente artículo con los nuevos escenarios que Internet abre para eludir esa situación: “Nuevas formas de acreditación del discurso científico: métricas y canales alternativos” http://bit.ly/1l2IwuW

No todo cabe en un post…

Gracias por este excelente artículo, ¡Joaquín! He aprovechado tu reflexión para expander el tema de los monopolios del conocimiento (que es al mismo tiempo dominio de la naturaleza, etc.): http://infolet.it/2014/07/17/a-quando-i-dh-brics/

[...] segunda notícia na verdade nem é uma notícia, mas sim um ótimo resumo sobre a situação do “custo do conhecimento”, do infatigável Joaquín Rodríguez. Traduzo o que ele escreve, com alguns [...]

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