La defunción de los libros de texto

En la portada del semanario alemán Die Zeit del mes de octubre de 2014 podía leerse: ¿Se muere el libro de texto? La pregunta no era, obviamente, un estrambote, sino una cuestión plenamente justificada afecta, al menos, a toda la educación y la pedagogía y a la industria que ha vivido decenas de año de la confección y fabricación de esos artefactos.

Si nos fijamos bien, la tecnología del libro de texto -un contenido cerrado y acotado, ajustado a un currículum oficial, pensado para que un oficiante lo declame en público y una tropa de pacientes lo esuche, memorice y reproduzca- está firmemente apegada a una lógica industrial de la educación que buscaba eficiencia y homegeneidad. Hoy sabemos que eso no nos sirve por múltiples causas concomitantes:

  • Porque todos los niños nacen altamente dotados y capacitados y el sistema escolar tiene la obligación de hacer aflorar y desarrollar esas capacidades;
  • Porque en una sociedad fuertemente jerarquizada podía admitirse que hubiera tontos y listos fruto del funcionamiento de esa maquinaria educativa, pero hoy necesitamos de la inteligencia agregada de todos;
  • Porque el aprendizaje no es meramente visual, memorístico y repetitivo. Muy al contrario: el aprendizaje, tal como demuestra la pedagogía desde hace decenios, está fundamentada en una pirámide invertida en la que la base es el aprendiaje práctico basado en proyectos;

  • Porque se aprende más cuanto más interactivo, práctico, real y participativo sea el proceso de aprendizaje, todo lo contrario al diseño de la experiencia tradicional;

  • Porque los contenidos cerrados y clausurados tienen que dar paso a recursos reutilizables y acomodables en secuencias de aprendizaje integradas;
  • Porque la información ya no es un secreto celosamente guardado, sino un bien superabundante accesible a través de múltiples dispositivos ubicuos, que hacen del aula tradicional un receptáculo patibulario;
  • Porque nuestros jóvenes son nativos digitales, aborígenes de un ecosistema de la información distintos, en el que preponderan otros sentidos diferentes al meramente visual (una relectura de MacLuhan no vendría mal);
  • Porque la sociedad de la información es conocimiento democratizado, y para eso hay que capacitar en las nuevas competencias a nuestros alumnos.

En la última Feria del Libro de Guadalajara 2014, dentro del forto de “Contenidos educativos digitales”, tuve la suerte de poder convocar un taller para repensar y reinventar los libros de texto. Este resumen y la presentación que lo acompañan son la parte que puede incorporarse a un blog.

El ingenio y los más que estimables resultados fruto del trabajo de toda una mañana son todos mérito de los profesionales que intervinieron.

Gracias a todos por los aprendizajes mutuos.

El libro de texto, tal como lo conocimos, ha muerto -más allá de las resistencias de la industria y de su corta o larga inercia-. Estamos pues, obligados, a reinventarlo.

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