Las bibliotecas como armas de alfabetización masiva

Las bibliotecas escolares han estado siempre arrinconadas, segregadas, desvinculadas de toda dinámica pedagógica; su carácter ha sido más el de almacén que el de espacio de creación; su uso temporal siempre estuvo limitado al de la incierta disponibilidad de profesores que percibían la función de bibliotecario como la de un destierro provisional. ¿Cómo podría ser de otra manera cuando el conocimiento se dividía en asignaturas infranqueables, cuando no existía coordinación alguna entre los claustros, cuando todo lo que era necesario aprender se encontraba en los libros de texto y era transmitido por un portavoz, el profesor, y cuando el aprendizaje no era otra cosa que memorización y reptición en el interior de un espacio confinado, el aula?

La biblioteca escolar no podía estar más que arrumbada, en el mejor de los casos, en un rincón desconocido del centro escolar al que sólo se accedía de manera ocasional y fortuita. Ese mismo desplazamiento, esa misma desvinculación, esa misma ubicación periférica, denotaba claramente su insignificancia.

Primera ocasión desaprovechada, sin duda, por que hoy sabemos perfectamente -como dejaran claramente establecido Betty Hart y Todd R. Risleyen  en The Early Catastrophe. The 30 Million Word Gap by Age 3-, que a la temprana edad de tres años los hijos de las clases culturalmente ricas han escuchado 45 millones de palabras; los hijos de las clases de familias obreras, 26 y los hijos de familias que viven de la beneficencia, 13-, extraordinaria diferencia de vocabulario que determinará varias cosas de manera casi indeleble: el desarrollo cognitivo, el éxito escolar, la capacidad de aprender a lo largo del resto de sus vidas, la predisposición a consumir determinados bienes culturales. De hecho, en uno de los últimos informes del National Literacy Trust, Lost for Words: Poor literacy, the hidden issue in child poverty. A policy position paper, recomiendan imperativamente que se incremente la conciencia entre los padres desfavorecidos de la disponibilidad de recursos locales (bibliotecas públicas y bibliotecas escolares, sobre todos). La biblioteca escolar podría haber contribuido a cauterizar esa brecha incial mediante el contacto regular con los libros, pero no fue así.

En 21st Century Skills: Learning for Life in Our Times, uno de los muchos documentos que dibuja las competencias necesarias para el siglo en el que vivimos, se entiende claramente que la dotación y los recursos de las bibliotecas tradicionales son insuficientes para satisfacer las demandas de los nativos digitales: enfrentarse creativamente a las incertidumbres de un futuro incierto resolviendo los retos que se planteen, compartiendo conocimiento y construyéndolo de manera lúdica, crítica y cooperativa (por resumir groseramente lo que plantean), requiere de una pedagogía completamente diferente, radicalmente distinta, y requiere también, naturalmente, de espacios donde eso pueda suceder, de espacios que faciliten e impulsen esa clase de trabajo. Y es imperativo hacerlo, además, porque de acuerdo con PISA 2009 results. Students on line. Digital technologies and performance, existe una correlación de un 0,83% de media entre los alumnos con mejor puntuación en lectura tradicional y lectura digital; o dicho de otra manera: que aquellos que han demostrado una competencia lectora sobresaliente tenderán a mostrar, de la misma manera, una competencia digital del mismo nivel. La biblioteca, de nuevo, como segunda oportunidad para habituar a quienes no han tenido oportunidad en sus entornos familiares al contacto con los medios y soportes digitales.

Los arquitectos más conscientes de que el espacio determina la experiencia de aprendizaje, han comenzado ya a realizar propuestas para que la biblioteca se convierta en el centro de la revolución escolar, un nuevo espacio en forma de laboratorio, hub o taller donde los alumnos puedan trabajar colaborativamente de forma no jerarquizada; donde puedan aprender mediante la resolución de proyectos de manera significativa; donde puedan aprender mediante el uso y análisis de múltiples fuentes de información. En Design Features for Project-Based Learning, se dan las claves que han de tenerse en cuenta a la hora de diseñar esos nuevos espacios híbridos que tan poco tendrían que ver con las bibliotecas tradicionales pero que conservan esa voluntad de espacio de creación y aprendizaje.

La Asociación de Bibliotecarios escolares norteamericanos ya fueron conscientes de eso hace unos cuantos años: en el documento Standards for the 21st Century Learner abogaron por una concepción extendida de las competencias y por la asunción de un nuevo papel dinámico  y transformador de las bibliotecas en ese escenario. “Las bibliotecas escolares”, opinan, “son indispensables para el desarrollo de las competencias de aprendizaje”, si bien para ello deben tranformarse completamente.

La semana pasada tuve la oportunidad de exponer estas y otras ideas ante los miembros de la Asociación Educación Abierta y, en algo más de una semana, podré hacerlo en el Festival de Literatura y Artes Infantil y Juvenil. Las bibliotecas, en fin, como armas, instrumentos y medios de alfabetización masiva, espacios polivalentes puestos al servicio de la creación y el aprendizaje en la era digital, punto neurálgico sobre el que hacer pivotar la transformación pedagógica.

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Comentarios

[...] neurálgico sobre el que hacer pivotar la transformación pedagógica. More Sharing ServicesShare|Share on twitterShare on facebookShare on printShare on [...]

Hola Joaquín:

interesante la temática del post de la cual también trabajo desde hace un tiempo.

Quiero comenzar comentándote que no estoy de acuerdo con asociar aunque sea metafóricamente a la biblioteca con un “arma”, ya que el sentido bélico no me parece que debería ir asociado a la biblioteca. Para mí no existen “armas” inofensivas.

Más allá de tomar algunas cuestiones de los currículums o visiones de la educación norteamericana, en mi caso desde América Latina, principalmente en el país en el que vivo, Argentina no es tan fácil integrar un visión de la biblioteca escolar desde el punto de vista de promoción del aprendizaje digital. Tal vez que durante muchos años está la tradición anclada del bibliotecario en el paradigma del aprendizaje tradicional basado en el libro de texto.

A pesar que en el gobierno nacional argentino desde el 2010 ha instaurado una política de entrega masiva de dispositivo móviles (netbooks) y capacitación docente a nivel nacional sobre cultura digital (entre ellos a bibliotecarios escolares). Por eso considero que más que acciones aisladas de bibliotecarios “innovadores” o agiornados en la cultura digital, tendría que haber una política educativa nacional, regional y local que priorice que los docentes y bibliotecarios se introduzcan en la cultura del aprendizaje digital. Si una cultura digital que sea apropiada por todos los integrantes de los centros educativos no es mucho lo que puedan hacer los bibliotecarios, que además tendrían que reformular su rol hacia educadores, y me animo que no todo bibliotecario tiene herramientas para cumplir eficientemente la alfabetización digital e informacional, principalmente aquel que fue formado con el paradigma tradicional, anterior al siglo XXI. Y en esta era el aprendizaje permanente es esencial, tanto en los educadores como en los bibliotecarios, ya no como un deseo, sino como una realidad.

O sea para que el bibliotecario coordine un labs, hubs o lo que sea que la biblioteca potencia y potencie el aprendizaje digital, va a exigir unas competencias que por ahora no tiene y tendríamos que ir por ahí. Ese es el punto, además como dije anteriormente, que haya una política y los docentes del centro también se dirijan hacia ese punto.

Saludos desde Argentina

Fernando Gabriel Gutiérrez
@fggutierrez

En mi concepto, el lugar que se le da a las bibliotecas, no depende del lugar físico que se le asigne sino más bien al lugar donde los bibliotecólogos, bibliotecarios u responsables de estas áreas las pongamos, con el desarrollo de programas y/o actividades de fomento de lectura, donación e intercambio de libros, apoyo y acompañamiento de programas académicos, etc. Adicionalmente apoyado en las nuevas tecnologías, atraer a nuestra comunidad académica a través de servicios que generen interés y necesidad de información. La dinámica del uso y funcionalidad de las unidades de información depende de los servicios y recursos con que se disponga y se pueda ofrecer, y no por un lugar físico.
Cordial saludo.
Henry Ríos Pérez
henryrp1969@gmail.com

Podría haber utilizado la palabra herramienta o instrumento, pero hubiera perdido el efecto que se produce cuando en lugar de hablar de armas de destrucción masiva hablamos de armas de alfabetización masiva. Me valgo, también, de que la palabra “arma”, según el diccionario de la RAE, significa en una de sus acepciones “Medios que sirven para conseguir algo”. Y se trata de eso, precisamente, de que la biblioteca sea la excusa para la transformación pedagógica que la educación necesita: si parece obvio que el aprendizaje basado en proyectos, en la resolución de asuntos reales, es mucho más significativo y perdurable, necesitamos entornos en los que pueda trabajarse de manera cooperativa, en los que puedan usarse y consultarse todas las fuentes de información necesarias (incluidas, obviamente, las digitales), y en los que puedan utilizarse las herramientas más oportunas. Eso requiere la voluntad, al menos, del centro -que puede operar de manera autónoma-. Existen multitud de ejemplos en redes de colegios públicos en todo el mundo que permiten vislumbrar hacia donde van las cosas. Echad un ojo a este blog, en el apartado de educación, y encontraréis multitud de referencias.

Siento que muchas veces es efectivamente la falta de espacios adecuado es un gran obstáculo para que los niños y adolescentes sobre todo recurran a la biblioteca para hallar la información necesaria. Además de la falta de articulación entre el profesor y el bibliotecario. Ambos son aspectos a trabajar.

Excelente tu artículo Joaquín… Felicitaciones de una bibliotecóloga comprometida con el desarrollo de los pueblos…

Buen artículo, que estudio más completo. No creo que consista tanto en el epsacio como en crear la costumbre de leer o la importancia de los libros en las personas. Muy buenos contenidos, me encanta vuestro blog.

Excelente artículo Joaquín, felicitaciones!!!!!! Me interesó mucho el comentario de Fernando que abre un debate y presenta una realidad en nuestro país.
Soy docente de la UNMdP de la carrera de Bibliotecario Escolar y mis alumnos me han escuchado decir los que Fernando señala… “es necesario política educativa nacional, regional y local” pero para que esto se logre es necesario generar cambios desde las bases, acciones individuales que exijan la generación de estas políticas.
Coincido con los aspectos que hay que trabajar de Gabriela y agrego que hay muchos más para desarrollar desde distintos aspectos como lo son el político, social y cultural.
Pero para ir cerrando les dejo las siguientes inquietudes queremos una biblioteca escolar como espacio ¿de que? … ¿de aprendizaje? no solamente… tomando las palabras de Castan Lanaspa ¿de oportunidades? no solamente … “la biblioteca se convierta en el centro de la revolución escolar”
Cordiales saludos desde Mar del Plata… Argentina

(requerido)

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