¡No más exámenes!

En Francia se debate estos días sobre la pertinencia o impertinencia de seguir realizando exámenes que se puntúan cuantitativamente sin ninguna otra explicación o nota aclaratoria. ¿Qué se pretende exactamente con una calificación exclusivamente numérica cuyo fin parecer ser, únicamente, clasificar y jerarquizar a los alumnos, situándolos a lo largo de una campana de Gauss? ¿En qué contribuye un instrumento como una nota, desnuda de atributos, al proceso de aprendizaje, al desarrollo de las competencias y capacidades de cada alumnos, al proceso de maduración absolutamente individual de cada cual? Para comprender el papel de las notas en la educación es necesario entender que el sistema escolar sigue apegado a un modelo pedagógico decimonónico en el que se cree que la inteligencia es un don natural, que se recibe y despliega arbitrariamente, y que debe sancionarse y categorizarse siguiendo esa supuesta jerarquía natural de las inteligencias. Hoy sabemos, claro, que ese supuesto es completamente falso, sociológicamente ficticio, y que solamente contribuye a reforzar las jerarquías sociales y a desperdiciar la inteligencia y las capacidades de nuestros alumnos.

Una nota sin ninguna explicación que acompañe su taxativa resolución es casi siempre percibida como una sanción, como un correctivo, nunca como un principio a partir del que aprender algo valioso. Y eso es seguramente así porque el error, el derecho al error, no está contemplado en la pedagogía tradicional como un principio de aprendizaje, un punto a partir del que reflexionar, rectificar, enmendar, mejorar. Un elemento necesariamente constitutivo de cualquier experiencia de aprendizaje. Y todo esto no entraña ni quiere decir que no deban realizarse valoraciones, estimaciones, seguimientos. Al contrario: la evaluación debe ponerse al servicio del proceso de aprendizaje, despliegue y maduración de cada alumno, y para eso existen multitud de herramientas: existen las rúbricas, que agregan un componente cualitativo a la mera calificación numérica, tratando de explicar los diversos grados de consecución de un alumno en pos de un objetivo; existe la autoevaluación que obliga al alumno a reflexionar sobre su proceso de aprendizaje, magnífica herramenta de metaaprendizaje, por tanto; existe la evaluación comunitaria o de 360º, que agrega el componente de la visión colectiva sobre las consecuciones individuales; existen múltiples herramientas para la evaluación comprehensiva y existe, tambíen la evaluación basada en las distintas evidencias que ofrecen diferentes modalidades de trabajo. En todo caso, #nomasexamenes.

Otro instrumento perteneciente al arsenal pedagógico del siglo (ante)pasado es el de las tareas para casa, los deberes: solamente una educación obsesionada con la (apabullante) transmisión de contenidos, puede generar suficientes excedentes como para que tengan que ser memorizados y/o resueltos fuera de las aulas. No significa eso, en ningún caso, que el acto del aprendizaje no pueda ocurrir fuera del aula, muy al contrario: una de las señas distintivas del siglo XXI es el haber abolido el aula como el único espacio donde pueda aprenderse. Gracias a la web, el aprendizaje es virtualmente ubicuo. Me refiero a la obsesiva y machacona costumbre de torturar a niños y familias con deberes y tareas extraescolares que se prolongan, muchas veces, durante horas después del horario escolar. En un reciente informe de la OCDE, Does Homework Perpetuate Inequities in Education?, se constata lo ya sabido: los deberes generan una enorme industria de ayuda extraescolar que se cifran en centenares de millones de euros en todos los países, porque los padres no tienen normalmente ni el tiempo ni el conocimiento para procurar ayuda alguna, pero eso es particularmente lesivo para las familias con falta de recursos económicos y educativos, que ni pueden procurarse ayudas extraordinarias, ni poseen los conocimientos y competencias necesarios para auxiliar a sus hijos.

La educación del siglo XXI requiere y exige que imaginemos -entre otras muchas cosas- nuevos instrumentos de seguimiento y evaluación puestos al servicio de los alumnos, del despliegue individual de sus competencias y capacidades, de su singular proceso de crecimiento y maduración.

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Comentarios

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