Libros liberados: sobre accesibilidad, estándares e interoperabilidad en un mercado digital único europeo

Cuando la Vicepresidenta de la Comisión Europea, Neelie Kroes, encargada de la Agenda digital, escribió en el prefacio de On the Interoperability of eBook Formats que “la interoperabilidad concierne también a los ebooks”, es posible que muchos editores no se dieran por aludidos, pensando que las cuestiones que atañen a la interoperabilidad y el uso de estándares son cosa de que no atañen a las autoridades reguladoras. La Vicepresidenta planteaba en ese prólogo que “cuando alguien compra un libro impreso es suyo y puedo llevarlo allá donde quiera. Debería ocurrir lo mismo con los libros electrónicos. Ahora puede abrirse un documento en distintos ordenadores así que, ¿por qué no puede abrirse un ebook en diferentes plataformas y con diferentes aplicaciones? Uno debería poder leer sus propios libros en cualquier lugar, en cualquier momento, en cualquier dispositivo”. Difícilmente cabría plantear el reto de la interoperabilidad y la libre disposición de los contenidos adquiridos de una manera más evidente y sencilla, si bien lo que la Agenda digital europea marca como horizonte deseable para la constitución, entre otras cosas, de un mercado digital único europeo, podría demorarse tanto como las empresas privadas lo impidan. El Pilar II de la Agenda digital europea, sin embargo, dedicado íntegramente al debate sobre Estándares e interoperabilidad, establece un horizonte de convergencia inequívoco: “Internet es un gran ejemplo de interoperabilidad: muchos dispositivos y aplicaciones trabajan juntos en cualquier lugar del mundo. Europa debe asegurase de que los nuevos dispositivos, las aplicaciones, los repositorios de datos y los servicios interactúan sin dificultades en cualquier lugar, tal como sucede con Internet. La Agenda digital identifica algunos procedimientos para la estandarización y aboga por una interoperabilidad incrementada como llave del éxito”.

 

En la reciente declaración Publishing and the digital single market, promovida por The Publishers Association, se hacía mención, cómo no, a la supuesta madurez del mercado editorial para abarcar el reto de un mercado único digital, si bien la obligación autoimpuesta de profundizar en los requisitos básicos de interoperabilidad que lo deberían hacer posible, se mencionan una sola vez, como si se tratara de una cuestión soslayable o, al menos, trasladable a otros. En su punto número 8 puede leerse: “el desarrollo de formas de disponibilidad transfronterizas de servicios y contenidos en un mercado único podría ser fomentada por la Comisión Europea asegurándose de que exista una sana competencia entre los actores de la cadena de distribución e interoperabilidad entre los dispositivos y plataformas que los sustentan”, como si esa obligación atañera más a la autoridad ordenadora que a los editores o desarrolladores de contenidos y servicios.

Ha sido también la Unión Europea uno de los primeros organismos transnacionales quien, en paralelo, reforzando la exigencia de interoperabilidad, accesibilidad y disponibilidad de los contenidos y recursos educativos, ha insistido en la importancia que los recursos educativos abiertos (REA u OER, Open Education Resources, en sus siglas en inglés) tendrán en un futuro inmediato. En su publicación del año 2012 Rethinking education: Investing in skills for better socio-economic outcomes, podia leerse la siguiente e inequívoca aseveración: “el aprendizaje digital y las recientes tendencias de los Recursos Educativos Abiertos (REA) están ocasionando cambios fundamentales en el mundo educativo, expandiendo la oferta educativa más alá de sus tradicionales formatos y fronteras. Emergen nuevas maneras de aprender, caracterizadas por la personalización, el compromiso, el uso de medios digitales, la colaboración, las prácticas de abajo arriba, en las que tanto el estudiante como el profesor crean los contenidos, todo ello facilitado por el crecimiento exponencial de los REA disponibles en Internet. Europa debe explotar el potencial de los REA”, asevera el documento de manera rotunda, “mucho más de lo que lo está haciendo. Esto requiere de buenas competencias digitales” y, cómo no, de una estrategia coordinada de estándares que aseguren la interoperabilidad de los contenidos y de una revisión del ordenamiento jurídico que regula la propiedad intelectual.

Un reciente pronunciamiento del gobierno alemán, de la coalición de partidos que lo forma, indica que, al menos en el ámbito de la Unión, la estrategia de formatos, plataformas y dispositivos propietarios, conveniente para los operadores multinacionales capaces de imponer fórmulas de integración y consumo vertical, no cabrán dentro de sus fronteras. Y eso será verdad, aún más si cabe, en el ámbito de la educación y de la creación y desarrollo de contenidos y recursos educativos. En el documento recientemente publicado Deutschlands Zukunft Gestalten (Configurar o modelar el futuro de Alemania), un acuerdo firmado por los principales partidos políticos alemanes que forman parte del gobierno de coalición (CDU, SPD y CSU), puede leerse, en su epígrafe Digitale Bildung (educación digital), la siguiente reclamación: “la libertad de los materiales didácticos digitales debe reforzarse con la colaboración de los Ländern. El fundamento para ello es una modalidad de derecho de autor amigable para la educación y la investigación y una política abarcadora de Open-Access. Los libros de texto y los materiales de enseñanza de los colegios deben ser de libre acceso, tan pronto como sea posible, mediante el uso y expansión de licencias y formatos libres” (pp.22.23).

[Este texto es un fragmento del artículo homónimo publicado en el último número de la revista Texturas, nº 27, pp. 39-42]

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