Amazon en el altillo

En el último número del suplemento cultural Babelia, Colm Tólbín, el escritor irlandés, recibe en su domicilio a Winston Manrique: “Está su habitación, que da a la calle, con una antigua cama de madera presidida por un mosaico de retratos con sus dioses tutelares: Henry James, James Joyce, Samuel Beckett, Jorge Luis Borges, Thomas Mann… Otra puerta conduce a su estudio. Es un refugio de paredes tapizadas de libros en cuyo suelo de madera crecen pilas de obras literarias de donde emerge una mesa desbordada de más libros y papeles”. Una descripción sin duda ideal del refugio del creador.

Lo que seguramente no tuviera en cuenta el entrevistador, quizás se le pasara por alto, es el detalle de la caja que reposa en la cúspide de libros y envalajes dispuestos sobre una repisa, una mesilla o un altillo en la cabecera de la cama del escritor: al lado de las deidades literarias, al mismo nivel, incluso un poco por encima de ellas, una caja de libros de Amazon contempla el templo creativo. Es posible que Tólbín siga rindiendo tributo a ciertas majestades literarias indiscutibles, pero se hace con sus títulos -o con los de otros dioses menores-, en la mayor librería online del mundo, no en librerías de maderas olorosas y personal competente, como Chapters, The Gutter Bookshop o The Winding Stair. Conscientes seguramente de que ese cliente distinguido que antes rondaba por las librerías ya no comparece con la misma asiduidad, las liberías irlandesas han comenzado a cavilar, colectivamente, qué hacer ante esa situación. En How are Irish bookshops coping against Amazon?, el propietario de The Gutter Bookshop, esa librería que Tólbín seguramente ya no visite, declaraba: “Amazon es un gigantesco retailer multinacional y constituye la mayor amenaza para las librerías físicas en Irlanda. También contribuye poco a la economía irlandesa en términos de impuestos y empleo. Como gran multinacional, intenta acaparar tantos clientes como sea posible. Es necesario reestablecer el equilibrio “. Es posible que Bob Johnston, el propietario de la librería y, adicionalmente, Presidente del Gremio de Libreros, no conozca el dormitorio de Tólbín ni sus nuevos hábitos de compra porque su enrocamiento en las certezas tradicionales no le deja ver la luz digital: “hay una gran presión para que las tiendas independientes venden en línea, pero no hay necesidad de competir directamente con Amazon. Mientras que todo el mundo necesita una presencia en línea para animar a los clientes potenciales, las librerías tienen que hacer valer sus puntos fuertes. Nuestras fuerzas están en la recomendación de libros a nuestros clientes y en el servicio personalizado”. Bien. Quizás su antiguo cliente piense de otra manera.

No quiero llevar al extremo algo que bien pudiera ser anecdótico y ocasional, en todo caso real y legítimo, pero la imagen me parece lo suficientemente inquietante como para desencadenar una reflexión colectiva en torno al futuro de la librería tradicional, de su ceguera corporativa. Escruten la fotografía del dormitorio de Tólbín, con una lupa, y vean en el altillo la caja de libros de Amazon, y piensen después de qué manera han cambiado los usos y hábitos de compra y lectura de, incluso, los más exquisitos y excelsos representantes de la cultura.

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Comentarios

Lo que está claro es que las librerías pequeñas nunca jamás podrán competir con Amazon jugando con las mismas reglas (que por cierto, imponen ellos, cada vez más). Hay que diferenciarse y ofrecer lo que Amazon no ofrezca pero ¿qué? Efectivamente el cliente ha cambiado y mi experiencia dice que exige (no busca) gastos de envío gratis y entrega en menos de una semana; y cada vez menos recurren al librero para solicitar ayuda, suelen ir “a tiro hecho”. Las librerías pequeñas se suben a este carro para no cerrar su puertas, pero cada vez se trabaja más para ganar menos… Quien pudiera conocer la receta para seguir a pie del cañón.

La receta no la conozco, al menos completamente, pero uno de sus ingredientes es el trabajo colaborativo, la generación de una plataforma propia capaz de ofrecer bienes y servicios de la misma calidad, y hasta el día de hoy no tenemos noticia de que eso haya sucedido.

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