Nórdica o la copiosa nevada

Diego Moreno veló sus armas editoriales en Ediciones de la Torre (que ahora cumplen 40 años, ni más ni menos), pero pronto alzó el vuelo y buscó su propio territorio. Le conocí como librero, seguramente porque su profunda vocación era la de construir su propia librería, pero la experiencia le advirtió de las enormes dificultades financieras de arriesgarse en un aventura así (de hecho, la cadena donde trabajaba ya no existe, lo que indica que extrajo sus consecuencias), pero ha conservado hasta tal punto el gusto por ese oficio devaluado que sigue visitando uno a uno a los libreros que son sus cómplices. Su primer proyecto y su primer infortunio editorial fue el sello hoy desaparecido de JosephK, con títulos (que atesoro en mi biblioteca), de Gogol y Svevo. Se conoce perfectamente que los reveses y los contratiempos son combustible para el ánimo de un editor vocacional, y parece que Diego Moreno debía serlo, porque arremetió con el sello Nórdica del que hoy celebramos 10 jubilosos años.

Su nombre era una trampa, porque algnos pensábamos que intentaría pescar en el remanso de la literatura y el pensamiento nórdicos buscando a los pocos y elegidos lectores que pudieran gustar de esa estética, que se conformaría con cultivar esa parcela casi intransitada de las letras escandinavas. Pero su apetito no se conformó con los manjares del norte de Europa sino que, bien pronto, enriqueció su catálogo y su despensa con literatura de otras latitudes en la que conviven italianos, checos, irlandeses, sirios, daneses, griegos, norteamericanos, noruegos, rusos… un festión donde vale  cualquier ingrediente siempre que cumpla con el precepto de ser de una calidad excepcional y de que corrobore aquella famosa aseveración de Einaudi, “edición sí vs. edición no”, de que la única edición que perdura es la que se compromete con la excelencia cultural.

Aunque la lógica predominante de su catálogo sea la del rescate, en los últimos tiempos nombres como Vila-Matas, Llamazares o Marchamalo impulsan una nueva dinámica de riesgo y descubrimiento.

Ese olfato incansable, ese hambre infatigable, es seguramente el que le llevó a topar con Tomas Tranströmer, el que a la postre sería su (primer) Premio Nobel, un premio también a su labor infatigable.

Es posible que al inicio tuviera que hacer de la necesidad virtud y encargarse del diseño, la maquetación, la selección del papel y los muchos oficios que intervienen en la construcción de un libro pero pasado el tiempo supimos que de nuevo nos engañaba y que era su gusto por el oficio lo que le llevó a experimentar, entre otras cosas, con la ilustración, uno de los rasgos por el que se ha acabado identificando en buena medida a su catálogo. La concepción del libro como el de un objeto bello y excelso, que debe cuidarse en todos sus detalles a la manera en que lo hacía Franco Maria Ricci, permea todo su trabajo y convierte a cada uno de sus libros -en el papel que utiliza, la imagen que ilustra, el texto que elige- en una fiesta de los sentidos. Pero eso no signifca que haya rehuído nunca la ineludible transformación digital del oficio porque fue uno de los primeros que se atrevió a experimentar el lenguaje de las aplicaciones digitales construyendo obras cuya arquitectura y textualidad ya no es la del libro tradicional.

Por atreverse se ha atrevido hasta colaborar con otros editores buscando el mutuo beneficio (labor por la cual les concedieron el Premio Nacional de Edición), algo inaudito en nuestro país; a emprender aventuras imaginativas con libreros para exaltar el placer de los libros (como hizo con otro premiado, esta vez en Zaragoza); a casar vinos y libros.

Algo debí hacer mal -por lo poco y lejos que me toque- en su momento, porque hace poco reconocía que “tras hacer el I Máster de Edición de Santillana me di cuenta de que era más fácil crear una editorial y que, además se podían ofrecer propuestas muy interesantes a los lectores”, todo lo contrario de lo que pretendí insuflarle…

Alcemos la copa con uno de sus vinos para celebrar los próximos 10 años de copiosas nevadas.

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Comentarios

Felicidades a Nórdica. Gracias,Joaquín por el recordatorio.

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