El largo declive de las revistas culturales

Existen muchas razones, a mi juicio, por las que las revistas culturales -antaño un bastión de la vanguardia en todos los ámbitos de la cultura, fuera el cine,  la arquitectura, el teatro, la pintura, la crítica cultural o la ecología- están en franco declive hace ya una década:el desplome de los suscriptores que conformaban e

Podemos poner encima de la mesa algunos argumentos más, algunas causas adicionales, pero hay uno sencillamente subsanable y de pura equidad pública que, sin embargo, está a punto de dar la puntilla a las pocas y valerosas supervivientes: la compra pública para Bibliotecas Públicas, bien de titularidad estatal, bien de titularidad autonómica. Para quien no lo sepa, el soporte adicional con que las revistas han contado siempre para financiarse y continuar y para cumplir con su vocación fundacional de difusión pública, ha sido la compra pública de ejemplares para las bibliotecas de las respectivas redes. A día de hoy, amparándose en los recortes aplicados a los presupuestos de cultura, las bibliotecas han despoblado los revisteros y todo ese patrimonio y capital cultural está a punto de perderse definitivamente, pervirtiendo el sentido mismo del cometido y fin de una biblioteca pública, que es el de poner a disposición de los ciudadanos las mejores obras de la producción editorial de un país.

La labor asociativa de las revistas en los últimos años ha intentado entender su realidad circundante para poner en marcha estrategias colectivas; ha generado espacios de colaboración, visibilidad y comercialización para facilitar el acceso a los usuarios generando una masa crítica de contenidos atractivas a precios razonables; y ha intentando ofrecer a sus socios contenidos y experiencias formativas para apuntalar y desarrollar su negocio. Todo eso, sin embargo, resultará incluso insuficiente ante la falta de apoyos públicos.

Puede que existan razones incontrolables para entender el largo declive de las revistas culturales pero resulta incompresible que la última estocada pueda asestársela la administración pública. ¿Alguien hará algo por detener esta larga hemorragia de la cultura?

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