Cómo conseguir que un niño no entre jamás en una librería

Hoy que se celebra el #DiaDeLasLibrerias, en que se apela de manera denodada al fomento de la lectura y al papel que las librerías deberían jugar como centros dinamizadores, quizás convenga recordar algunos principios capaces de repeler a cualquier aspirante a lector. Enumero, de memoria, en una mezcla personal, los principios que dos grandes, uno de la sociología y otra de la educación, formularon antes que yo:

  1. Dejen que los niños que provengan de familias culturalmente depauperadas sigan su propia inercia en los colegios;
  2. Cuando no muestren interés alguno por la lectura o por cualquier otro alto valor de la cultura, atribúyanlo a la falta de capacidad o, incluso, a la falta de competencia;
  3. No intenten sugerirles lecturas que puedan resultar significativas para ellos, que puedan hacerles comprender mejor su entorno; aférrense a las lecturas canónicas que el currículum establece;
  4. Mófense de cualquier otra práctica cultural que no sea la lectura, incluyendo los videojuegos, la televisión y los juegos de rol;
  5. Ríanse de la baja calidad literaria de las pseudoliteraturas que algunos de ellos puedan llegar a consumir, sean estas cómics, TBOs o cualquier derivada juvenil;
  6. Compárenlos con generaciones anteriores, habitantes del parnaso literario: si cotejan a su generación con la de ellos, debe parecer que todos leían a Goethe desde la infancia;
  7. Atribuyan la dejadez y la falta de ganas por la lectura a la multiplicidad de distracciones y estímulos de los que un niño goza o a los que estás sometido. No piense jamás que si realmente estuviera atraído por la lectura dejaría todo lo demás;
  8. Culpabilícelos, haga que sientan que arrastrarán un estigma toda su vida por no leer ni parecerse a los grandes lectores que pretenden ser sus prescriptores;
  9. Repita sin titubear, de la manera más punitiva posible: o lees o te quito la televisión, el mando de la XBox o el teléfono móvil. Que sienta que el libro es una herramienta de tortura;
  10. No dedique nunca tiempo a leerle a sus hijos, a sus alumnos, a compartir en voz alta sus emociones;
  11. Alabe sin tasa el espacio de las bibliotecas y las librerías como santuarios de la cultura. Conseguirá, en fin, que jamás se les ocurra poner un pie en ninguna de ellas.

Si nuestra pretensión es que un niño no entre jamás en una librería, como contracampaña sería perfecta. Si, por el contrario, quisiéramos insuflar cierto amor por la lectura y los libros, bastaría con hacer todo lo contrario.

Y mientras tanto, para los interesados, dos recomendaciones para este #DiaDeLasLibrerias: Escuela de fantasia. Reflexiones para profesores, padres y niñosEl amor al arte, de Gianni Rodari y Pierre Bourdieu, respectivamente.

 

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