‘Ciudadanía digital’

Internet y ciudadanía digital

Internet -feliz en tu día- es un fenómeno poliédrico e irreductible a una sola dimensión: ¿qué nos interesa más? ¿su dimensión filológica e hipertextual, donde los textos se expanden y fluyen reticularmente? ¿su dimensión de biblioteca universal consumada, convertida en sueño de Borges? ¿su dimensión potencialmente colaborativa, de inteligencia agregada y esfuerzos compartidos? ¿su naturaleza transmedia, soporte de nuevos géneros y nuevos lenguajes? ¿su carácter como plataforma de servicios múltiples, de los administrativos y financieros a los sanitarios y comerciales? ¿su capacidad para transformar la educación tal como la hemos entendido hasta hoy, al proporcionar a quien quiera saber los medios y los contenidos para hacerlo?

Sin duda todos esos y tantos otros como a cualquiera pudieran ocurrírsele. A mí, en todo caso, cada vez me interesa más la dimensión cívica y colaborativa de la red, su capacidad de convertirse en instrumento de indagación, de pesquisa, de investigación, de interpretación y debate. Su capacidad para agregar colectivos que comparten intereses, a menudo ocultos o negados, de manera horizontal y acéfala, distribuida y reticular. Su facultad de generar nuevas formas de organización política y social, de la que tanto desconfían y recelan quienes no han conocido otra cosa que la disciplina jerárquica de los partidos tradicionales. La posibilidad cierta que ofrece para transformar la ciencia absorta y la práctica académica sorda a las necesidades sociales, al brindar la posibilidad de que determinados colectivos, afectados por una situación determinada o interesados por un problema concreto, arrojen luz allí donde la ciencia no lo hizo y abran con esa nuevas vías para comprender lo que sucede y para intervenir de manera consecuente.

Para mi esas son, verdaderamente, las humanidades digitales, no la sinécdoque que a menudo encontramos en artículos, seminarios y congresos donde prima la dimensión meramente filológica o textual del fenómeno.

La semana pasada se celebró en San Sebastián el Congreso Internacional de Ciudadanía digital donde se exploraron, como no podría ser de otra manera, asuntos relacionados con la capacidad de los ciudadanos para anudar sus relaciones e intervenir políticamente en conflictos o situaciones que lo requieran; con nuevas formas de participación política más directa y modalidades de administración más amables y transparentes; con la necesidad de convertir la tecnología en aliada de una educación expandida que fomente la responsabilidad y la participación; con la necesidad de que todo esto ocurra sobre una red neutral cuya seguridad e imparcialidad sea garantizada por las autoridades.

Esas voces globales que se hacen oir gracias al uso de internet, de periodismo ciudadano, no hacen otra cosa que reclamar el protagonismo que merecen interviniendo de manera activa en los asuntos que a todos nos conciernen. Nuestras voces locales están aquí cerca (Toma la plaza, Democracia Ya, Movimiento 15M, etc.) No es casualidad, por eso, que los Premios 2012 ARS Electronica hayan recaído, en el apartado de comunidades digitales, en los movimientos ciudadanos en contra del tiránico régimen sirio, tal como lo atestigua Syrian people know their way. El activismo, el arte y la intervención se confunden en una sola cosa.

Esa es, o esas son, las dimensiones de empoderamiento ciudadano que más me interesan, y esa es la modalidad de humanismo digital de la que me interesa hablar.

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