‘Etnografía digital’

Tecnología y educación: la era de los polialfabetismos y la participación

No soy nativo digital. Lo confieso. Nací antes de que las tecnologías que ahora manejo se inventaran y, en consecuencia, en cualquiera de mis reflexiones prepondera un tipo de narratividad, la vinculada al libro, por encima de cualquier otra, incluida la digital. Eso puede que muchos de mis juicios y puntos de vista estén lastrados, de partida, por ese apego insoslayable a un tipo de soportes, de exposición, de racionalidad, que no tiene por qué corresponderse con la lógica de lo digital, con la manera de hacer, ver y comprender de los nativos digitales. Quizás no se trata de pensar la tecnología sino de pensar con la tecnología. He terminado hace poco de leer un libro que me ha costado conseguir (la paradoja de la importanción de libros entre España e Iberoamérica y de sellos transnacionales que no traen aquí lo mejor que producen en otros países): Nativos digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva, y arquitecturas de la participación.

La principal virtud del libro, entre otras muchas que lo adornan, está de la hacernos reflexionar a los nativos de la tinta y el papel sobre la inconviencia de pensar un fenómeno digital nuevo con las anteojeras analógicas precedentes, sobre la impropiedad de pensar la creación, transmisión y uso del conocimiento en un ecosistema digital de la información con las antiparras de los mecanismos y tecnologías de la comunicación unilateral tradicionales. Tengo mis dudas, mis pegas razonables, mis disensiones basadas en la pertinencia de mantener dentro de la necesaria polialfabetización contemporánea una atención prioritaria a la alfabetización tradicional (como recomiendan Maryanne Wolf o Stanislas Dehaenne), pero, qué duda cabe: necesitamos pensar con la tecnología, no sobre la tecnología; necesitamos generar prácticas tecnoeducativas para el aula, no reflexiones teóricas sobre tecnología y educación, algo que el propio Piscitelli -atrevido maestro de lo digital-, ha llevado a cabo recientemente en el Proyecto Facebook.

No diré que lo comprime y sintetiza todo, pero en el párrafo siguiente se encuentra, sin duda, la profunda clave de la polémica y  la posible disensión: “estamos en las antípodas de la linealidad del libro. Y frente a esta constatación podemso llorar de pena -como hacen sus viudos, las Academias de Letras, los organizadores de las Ferias del Libro, los editores monsergas, los educadores del canon- o alegrarnos por la invitación a la reinvención del sentido y la creación de renovados formatos, soportes , y opciones de intelegibilidad -tal como refulgen en la red,en exposiciones interactivas, en la estética experimental, en el Zemos 98, en DLD 2009 y en TED 2009, dos exhibiciones únicas en el mundo, en cuanto a sintonizar con los nativos digitales se trata”.

Vale la pena, para no empeñar su propio discurso, echar un vistazo a una de sus últimas intervenciones, conferencia cuyo título recoge perfectamente su visión de la transición radical que vivimos: “De las pedagogías de la enunciación a las de la participación”, donde la colaboración, la cooperación, la agregación sucesiva de las inteligencias de los participantes, pone en solfa el modelo de comunicación tradicional del conocimiento.

Ese es, también, el objetivo que persigue el video elaborado por los alumnos del departamento de “Innovation in Mass Communications” de la Kansas State Universtiy, uno de los lugares más activos en los últimos tiempos en la implementación y experimentación con tecnologías digitales en el aula. Los propios alumnos, autores de la puesta en escena, rodaje y montaje finales, parodían los métodos de comunicación tradicionales, el sopor que la transmisión tradicional origina, abogando por una modalidad más participativa e inclusiva de práctica docente.

¿Seremos capaces de crear entornos de aprendizaje capaces de conjugar la experiencia profunda de la lectura tradicional con las exigencias de entornos multimediales participativos, dirigidos por profesores mediadores, problematizadores, maestros seductores de la comunicación, tal como quiere Piscitelli? No soy nativo digital, lo reconozco, pero como antropólogo que soy de formación, intento comprenderlos.

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Mapa de los nativos digitales

“Nos encontramos”, reconocía Maryanne Wolf en su libro tantas veces mencionado en este blog, asumiendo nuestros desconocimientos, “solamente al inicio del análisis de las implicaciones cognitivas del uso” de las tecnologías digitales, de los nuevos soportes y de la manera en que alterarán y trastornarán la manera en que leeremos, crearemos y procesaremos la información, la intercambiaremos. En realidad, muchas de nuestras presunciones son solamente eso, conjeturas a falta de fundamento empírico. Pero la importancia del envite es tal que convendría poner en marcha cuanto antes una cartografía experimental de los usos y hábitos de los nativos digitales, que también viven entre nosotros. En Estados Unidos, el proyecto Digital Nation ha realizado ya ese primer mapa.


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Fedro regresa

Un adolescente de quince años se ha convertido en los últimos días en uno de los oráculos más valorados por las compañías de consultoría internacional, atónitas aparentemente ante lo obvio. Morgan Stanley, ni más ni menos, publica el informe donde se recogen las valoraciones y percepciones de esta etnografía digital dejada en manos de un nativo. Como un Fedro contemporáneo, el augurio del adolescente no hace otra cosa que ratificar lo que ya sabíamos: que los nativos digitales desdeñan los medios tradicionales, incluidos los libros, y que el medio en el que se desenvuelven está hecho de dispositivos digitales, redes sociales, información fragmentada y compartida, y que no están dispuestos de ninguna manera a dejar de utilizarlos de la manera en que lo hacen. Sócrates creyó en su momento que sus admoniciones bastarían para desanimar a Fedro de utilizar los nuevos soportes y aprender el alfabeto, confiando todo su conocimiento a la oralidad tradicional, pero no fue así. Todos acabaron traicionándole. La cuestión, por tanto, no es si los nativos digitales van a utilizar los medios digitales en la manera en que ya lo hacen, porque eso es una obviedad del tamaño de un terabyte, sino, más bien, en qué medida podemos alfabetizar digitalmente a la población que va utilizar esos medios y de qué manera podemos conservar o no las competencias asociadas a la lectura tradicional.


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Avatares de la cultura escrita

Casi me gustaría comenzar comentando la actitud de algunos directivos de Bertelsmann en Alemania, que han renunciado al 50% de los bonos extraordinarios que percibían en función de los objetivos cumplidos, porque solamente así entiendo que pueda solicitarse a trabajadores, colaboradores y proveedores que se aprieten el cinturón o colaboren, con sus sudores y sus lágrimas, al sostenimiento de una empresa común, pero mucho me temo que el ejecutivo editorial español -en términos generales y haciendo todas las honrosas excepciones que sea necesario- es más partidario de la política de tierra quemada y de hechos consumados que del bravo ejemplo de la jefatura bien entendida (política que consiste en arramplar con lo que hay y dejar un legado envenenado al heredero). Me gustaría comenzar por ahí, ya digo, porque a mi alrededor (por no mirarme a mí mismo) no veo más que buenos profesionales de la edición sumidos en crisis profesionales difíciles de remontar, financiando con su esfuerzo denodado a otrora grandes imperios de la comunicación, atónitos ante la desfachatez de quienes se amparan en penurias económicas internacionales para no abonar la justa soldada. En fin, me gustaría comenzar por ahí, para que el ejemplo cundiera y nuestra convergencia con Europa no fuera meramente testimonial, pero no lo voy a hacer. Voy a comenzar…


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(R) evolución de la información

En la Kansas State University existe uno de los primeros grupos de investigación en el mundo que aplica los principios de la investigación antropológica al medio digital (dos de las líneas de trabajo, casualmente, por las que se ha desarrollado mi trabajo, quizás me vaya a Kansas). De esta confluencia han surgido, al menos, dos proyectos que vale la pena mencionar, quizás más que glosar, contemplar.


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