‘Planes de lectura’

Bibliotecas: esas redes que la razón ignora

Hoy, si no estoy equivocado y el santoral no me falla, se celebra el Día internacional de las Bibliotecas. Tal como escribía Bruno Latour hace más o menos un año, en un elocuente artículo titulado Esas redes que la razón ignora: laboratorios, bibliotecas, colecciones, “quienes se interesan por las bibliotecas suelen hablar de textos, de libros, de escritos, y también de su acumulación, su conservación, su lectura o  su exégesis. Seguramente tienen razón, pero supone un cierto riesgo limitar la ecología de los lugares de saber a los signos o exclusivamente a la materia de lo escrito, un riesgo que Borges ha ilustrado bien con su fábula de una biblioteca total que sólo se refiere así misma”. Efectivamente, hoy la biblioteca es un ente forzosamente ubicuo, porque la biblioteca está hoy donde nosotros estemos (tal como nos demuestran virtuosos ejemplos como el de la Nubeteca, que se inaugurará mañana día 25), y flaco favor le haríamos si intentáramos restringir su misión a la de la custodía y clasificación del patrimonio bibliográfico.

 

 

 

De hecho, la división de Bibliotecas de la UNESCO está encuadrada en el Sector de la Comunicación y la Información (CI), y los objetivos que se da esa división exceden, con mucho, a los que una biblioteca tradicional, ensimismada en la solidez de sus colecciones librescas, se daría así misma. Dos son los principales ámbitos de actuación: Freedom of Expression and Media Development y Knowledge Society y tres sus líneas estratégicas:

  • promover la libre circulación de las ideas y el acceso universal a la información;
  • promover la expresión del pluralismo y la diversidad cultural en los medios y las redes mundial de información;
  • promover el acceso para todos a las tecnologías de la información.

No veo mejor ni más sencilla manera de definir alguno de los principales objetivos de las bibliotecas del siglo XXI.” Una biblioteca”, dice Latour, “considerada como un laboratorio, no puede permanecer, como veremos, aislada, como si acumulase, de forma maniática, erudita y cultivada, signos a millones”.

“Esos lugares silenciosos, guarecidos, confortables, dispendiosos, donde los lectores escriben y piensan, se relacionan por mil hilos con el vasto mundo”, agrega Latour, “del cual transforman tanto las dimensiones como las propiedades”. Si eso es así, y parece induscutible en nuestro siglo digital, resultan bienvenidas iniciativas como las del último Plan de lectura del País Vasco, dado a conocer hace unos pocos meses, donde se insiste con especial atención en “Integrar en los diseños curriculares de primaria, secundaria y educación superior la alfabetización informacional”, desarrollando y fortaleciendo, en paralelo “el papel de la biblioteca escolar como soporte del fomento lector en la escuela y de la integración de las TIC en la práctica educativa”.

No veo que haya otro camino para celebrar adecuadamente el día internacional de las bibliotecas que reconociendo su naturaleza ubicua y en red y potenciando su papel como doble alfabetizadora en un mundo simultánea e irrenunciablemente textual y digital.

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