‘Realidad virtual’

La era de las máquinas espirituales

Uno de los libros más decisivos de la última década del siglo XX fue, seguramente, La era de las máquinas espirituales, el libro del visionario y tecnólogo Ray Kurzweil. Previamente, entre los años 1991 y 1993, escribió una columna mensual en el conocido Library Journal, titulada The Futurecast, y en agosto del año 1992 publicó un conocido artículo titulado The future of book technology, en el que auguraba en alguna medida la explosión posterior de los libros digitales. Su visión, su previsión casi onírica, también su creencia, es que los seres humanos seremos más inteligentes gracias a las computadoras, a que depositaremos nuestra memoria y conocimiento en la nube digital y a que dispondremos de un patrimonio inagotable de contenidos, una especie de omnisciencia digital peremne. Y es posible que en buena medida sea así porque, ¿quién de mi legión de lectores podría negar que en gran medida ha depositado ya parte de su memoria en la red y utiliza sus aplicaciones y herramientas para expandir y perfeccionar sus propias capacidades?

En el último TOC de New York, celebrado hace unos pocos días, uno de los encuentros estelares fue, precisamente, el que se produjo cuando Ray Kurzweil se entrevistó con Tim O’Really, previa presentación de un nuevo software de lectura desarrollado por su empresa, el Blio eReader. Lo cierto es que el software añade una muesca a la concurrida escena de los libros electrónicos y sus aplicaciones derivadas: como algunos otros productos que están apareciendo en los últimos meses, Blio combina acertadamente la lectura en voz alta con el reconocimiento visual de los caracteres, fundamento de la enseñanza de los métodos más recientes y exitosos de enseñanza de la lectura. Y por lo que respecta a los libros de consulta y a las obras científicas, permite añadir ilustraciones, animaciones e interacciones que enriquecen, sin duda alguna, el contenido del libro (siempre que se utilice, claro, la herramienta de autoría que proporciona la aplicación).

En la entrevista que sucede a la presentación Kurzweil  habla de realidad aumentada, de desarrollos de mundos virtuales, de herramientas que proyectarán nuestros sentidos y que, en buena medida, sustituirán a los soportes que ahora conocemos. En eso sigue fiel a las  predicciones que ya realizara décadas atrás. Resulta interesante escuchar, sin embargo, ciertos fragmentos del diálogo para presumir (minutos 25 y 29) que el rescoldo de las tecnologías previas, del libro de papel y del tipo de narratividad o textualidad que ampara, no desaparecerán con tanta facilidad: los libros en papel poseen muy profundas raíces, según Kurzweil, no son meros soportes que puedan sustituirse de un plumazo, sino receptáculos de un tipo de arte que el alaba y pondera, como las novelas de Gabriel García Márquez que elogia y que parece leer.

La pregunta que me hubiera gustado hacerle y que no descarto plantearle en un futuro, sería: ¿cuál de las máquinas es más espiritual: el libro en papel o la realidad aumentada?

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Sócrates contra los Cyborgs

Este verano confieso haber intentado practicar la desconexión integral: nada de móviles, nada de ordenador ni, mucho menos, correo electrónico. Lo mejor, el sosiego que se obtiene cuando logra superarse el mono provocado por la infoxicación previa; lo peor, que he perdido la mayor parte de mi memoria. A poco que uno se pare a pensar, se dará cuenta que su memoria se encuentra ya repartida entre un conjunto de dispositivos digitales que, en muchas ocasiones, ni siquiera le pertenecen, que su memoria está depositada en plataformas virtuales que no sabe dónde se encuentran ni, mucho menos, quién las administra. Mi memoria -ya nos lo advirtió Sócrates cuando se inventó el alfabeto y los soportes para registrarlo: “ella” -decía el filósofo griego refiriéndose al infernal invento- ” no producirá sino el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; fiados en este auxilio extraño, abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu”. Me reconozco plenamente como Cyborg,  como un organismo que ha confiado gran parte de su memoria a dispositivos cibernéticos.

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Ciberbardos y cibernarraciones

En un libro pionero y quizás visionario, Hamlet en la holocubierta, libro algo desasosegante y no siempre acertado, a mi entender, Janet Murray auguraba que una de las sólidas alternativas a los libros en papel serían las holonarraciones en las que los ¿lectores? se implicaran como actores y generaran participativamente su propio argumento. Cualquiera podría convertirse, teóricamente, en una holoproyección de Hamlet. Las últimas tecnologías, según Wired, apuntan en ese sentido.

HAMLET EN LA HOLOCUBIERTA

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