‘Redes sociales’

En el futuro el contenido educativo será gratuito y ampliamente virtual

Hace a penas unos meses las Universidades de Berkeley, Harvard, Texas y el MIT, lanzaron un sitio web educativo colegiado, EdX, cuyos contenidos son de acceso libre y gratuito (todavía oigo resonar en mis oídos los argumentos de algunos sagaces portavoces gremiales argumentando que nada de lo gratuito puede ser bueno). Su propósito, como antes lo fuera el del MIT Open Course Ware, era el de poner a disposición de cualquier interesado la posibilidad de cursar grauitamente parte de los cursos ofertados, con la opción subsiguiente de optar a ciertas formas de certificación sancionadas por esas mismas institucinoes previo abono de los derechos preceptivos. El acento, por tanto, deja de radicar en la presencialidad de los alumnos, porque todo se resuelven virtualmente, online; los contenidos se liberan y se distribuyen gratuitamente, porque se generaliza y allana la posibilidad de aprender, si bien el crédito se obtiene mediante una nueva forma de certificación pagada y diferida; la responsabilidad del proceso de aprendizaje recae, en gran medida, en los propios alumnos, que deben asumir un compromiso indeleble con su propio proceso de instrucción.

Hoy hemos sabido que la UNED, emulando la iniciativa mencionada y apadrinada por el MIT, ha puesto en marcha UnX, porque, en sus propios términos, “la acción educativa es compleja, colaborativa y experiencial. El comportamiento del docente ha variado. Lo exige así la realidad cultural y la interconexión. El nuevo paradigma educativo requiere que el protagonismo esté en las personas participantes”. El vuelco del paradigma educativo ha terminado, casi, de producirse.

Lo decía hace poco Alexander Baumgardt desde la Feria de Frankfurt: “In the future educational content will be free and widely virtual”. Aunque ese futuro esté ahora, seguramente, mucho más cerca de lo previsto. Los contenidos educativos, tal como puede en los sitios mencionados y en otros muchos que abundan en la web (desde el fantástico Flexbook hasta la ITunes University), se han liberado ya, y su condición es estrictamente virutal. Más que un vaticinio parace una constatación.

El sistema educativo fundamentaba su compacidad en tres cierres simultáneos: el del currículum; el de las aulas; el del proceso de comunicación unidireccinoal y masivo. Hoy no queda prácticamente nada de eso, solamente inercia y residuos. Las editoriales de texto tradicionales generaban contenidos propietarios que cimentaban esa triple certeza: la de los objetivos curriculares clausurados; la del proceso de aprendizaje como repetición; la de la comunicación indiferenciada. ¿Qué quedará de eso en el futuro? Juan Freire, en la última entrada de su blog, retomando textos de su participación en el Congreso de “Educación expandida y nuevas instituciones ¿Es posible la transformación?“, dice: “existe un amplio consenso sobre la necesidad de adaptar los modelos educativos a las transformaciones que está experimentando nuestra sociedad: la importancia de la innovación, la transición desde un aprendizaje centrado en contenidos a otro basado en procesos y competencias, el impacto de la digitalización del conocimiento y las relaciones sociales … Entre los factores responsables”, continúa Freire, “podríamos singularizar el hecho de que el acceso a la información y el conocimiento han dejado ya de ser patrimonio de las instituciones que lo controlaban tradicionalmente, una de ellas la universidad. Por tanto, tal como señala Tapscott (2009), el modelo educativo centrado en el profesor como transmisor de conocimientos estandarizados a una “masa” de estudiantes (un modelo análogo al de los medios de comunicación de masas”) deja de tener sentido. Los nuevos objetivos de las instituciones de educación superior deberían ser “aprender a aprender”, y desarrollar pensamiento crítico y capacidades de colaboración. En estos tres nuevos ejes Internet aparece como un elemento transformador al facilitar las herramientas y contextos donde desarrollar esas nuevas prácticas educativas”.

Repensar la educación requiere repensar los medios e instrumentos de los que se valía, de las herramientas, contenidos y prácticas que la soportaban. En el futuro, si es cierto lo que Baumgardt pronostica, el contenido educativo será gratuito y ampliamente virtual.

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Movilizaciones y redes sociales

En La corrosión del carácter Richard Sennett hablaba del progresivo desgaste y deterioro del temperamento y la personalidad de aquellos que se veían privados del trabajo, de aquellos cuya razón de ser social desaparecía, de aquellos cuyo fundamento existencial se desvanecía por efecto de los ajustes económicos y financieros, un tema, claro, de suma actualidad. Hasta tal punto puede llegar esa carcoma interior que las clases medias, siempre en peligro de perder de un plumazo lo poco que han atesorado al precio de un enorme esfuerzo, estructuralmente inestables, están dispuestas a apoyar políticamente cualquier opción aparentemente radical y populista que les prometa mano dura y retorno a las evidencias preliminares. Esta extraordinaria paradoja política -la del apoyo de determinadas clases sociales a medidas que, objetivamente, les perjudican- la explicó en muchas ocasiones Pierre Bourdieu.

En su último trabajo, Together: the ritual, pleasures and politics of cooperation, Sennett aborda uno de los clásicos problemas de la sociología y la económica: ¿cuáles son las condiciones necesarias para que la cooperación, la simpatía estructural entre los desafortunados, crezca y se desarrolle? ¿Cómo puede gestionarse correctamente la acción colectiva en pro del bien común? ¿Es siquiera imaginable la cooperación en una situación de crisis donde las condiciones estructurales de buena parte de la población se ven mermadas y disminuidas?

Si doy rienda suelta a mis intereses sociológicos en este espacio, es porque están también directamente ligados a la discusión sobre el poder aglutinador -o no- de las redes sociales, a su capacidad -o no- de concitar la voluntad de determinados colectivos para emprender acciones conjuntas. El artículo de Malcolm Gladwell en The New Yorker, The revolution won’t be tweeted, abrió hace algún tiempo la discusión en torno a la labilidad e inconsistencia de los lazos que las redes sociales generan, insuficientes para coaligar a personas en horas bajas en pro de una revolución. Otros, sin embargo, piensan lo contrario: Manuel Castells aseguraba, en Anatomía de una revolución, que “En Facebook y en Twitter se encontraron veteranos de la lucha contra la represión y miles de jóvenes indignados por la injusticia e inspirados por Túnez. Los jóvenes se comunicaron por sus medios habituales, internet y móviles”.

Yo, que suelo transitar las calles del centro más que las del extrarradio, veo un camino entremedias: las redes sociales son insuficientes, por sí mismas, para concitar la voluntad de colectivos desagregados, desarticulados, dispersados precisamente por efecto de las condiciones en las que viven, pero ofrecen, también, la posibilidad de que se establezca un diálogo que, de otra manera, sería difícil de mantener. No estamos más que en los albores del uso de las redes sociales como instrumentos de comunicación y a penas sabemos si persistirán o desaparecerán. Puede que el problema no sea tanto, como apuntaba David Nicholas en The Google generation, que los jóvenes y los adolescentes muestren un profundo desconocimiento del significado y alcance de las redes. Puede que el problema trascendental sea, precisamente, el de proporcionales -proporcionarnos- una nueva alfabetización que comprenda el uso de los recursos digitales para favorecer las movilizaciones y la contestación ciudadana.

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Tecnología y educación: la era de los polialfabetismos y la participación

No soy nativo digital. Lo confieso. Nací antes de que las tecnologías que ahora manejo se inventaran y, en consecuencia, en cualquiera de mis reflexiones prepondera un tipo de narratividad, la vinculada al libro, por encima de cualquier otra, incluida la digital. Eso puede que muchos de mis juicios y puntos de vista estén lastrados, de partida, por ese apego insoslayable a un tipo de soportes, de exposición, de racionalidad, que no tiene por qué corresponderse con la lógica de lo digital, con la manera de hacer, ver y comprender de los nativos digitales. Quizás no se trata de pensar la tecnología sino de pensar con la tecnología. He terminado hace poco de leer un libro que me ha costado conseguir (la paradoja de la importanción de libros entre España e Iberoamérica y de sellos transnacionales que no traen aquí lo mejor que producen en otros países): Nativos digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva, y arquitecturas de la participación.

La principal virtud del libro, entre otras muchas que lo adornan, está de la hacernos reflexionar a los nativos de la tinta y el papel sobre la inconviencia de pensar un fenómeno digital nuevo con las anteojeras analógicas precedentes, sobre la impropiedad de pensar la creación, transmisión y uso del conocimiento en un ecosistema digital de la información con las antiparras de los mecanismos y tecnologías de la comunicación unilateral tradicionales. Tengo mis dudas, mis pegas razonables, mis disensiones basadas en la pertinencia de mantener dentro de la necesaria polialfabetización contemporánea una atención prioritaria a la alfabetización tradicional (como recomiendan Maryanne Wolf o Stanislas Dehaenne), pero, qué duda cabe: necesitamos pensar con la tecnología, no sobre la tecnología; necesitamos generar prácticas tecnoeducativas para el aula, no reflexiones teóricas sobre tecnología y educación, algo que el propio Piscitelli -atrevido maestro de lo digital-, ha llevado a cabo recientemente en el Proyecto Facebook.

No diré que lo comprime y sintetiza todo, pero en el párrafo siguiente se encuentra, sin duda, la profunda clave de la polémica y  la posible disensión: “estamos en las antípodas de la linealidad del libro. Y frente a esta constatación podemso llorar de pena -como hacen sus viudos, las Academias de Letras, los organizadores de las Ferias del Libro, los editores monsergas, los educadores del canon- o alegrarnos por la invitación a la reinvención del sentido y la creación de renovados formatos, soportes , y opciones de intelegibilidad -tal como refulgen en la red,en exposiciones interactivas, en la estética experimental, en el Zemos 98, en DLD 2009 y en TED 2009, dos exhibiciones únicas en el mundo, en cuanto a sintonizar con los nativos digitales se trata”.

Vale la pena, para no empeñar su propio discurso, echar un vistazo a una de sus últimas intervenciones, conferencia cuyo título recoge perfectamente su visión de la transición radical que vivimos: “De las pedagogías de la enunciación a las de la participación”, donde la colaboración, la cooperación, la agregación sucesiva de las inteligencias de los participantes, pone en solfa el modelo de comunicación tradicional del conocimiento.

Ese es, también, el objetivo que persigue el video elaborado por los alumnos del departamento de “Innovation in Mass Communications” de la Kansas State Universtiy, uno de los lugares más activos en los últimos tiempos en la implementación y experimentación con tecnologías digitales en el aula. Los propios alumnos, autores de la puesta en escena, rodaje y montaje finales, parodían los métodos de comunicación tradicionales, el sopor que la transmisión tradicional origina, abogando por una modalidad más participativa e inclusiva de práctica docente.

¿Seremos capaces de crear entornos de aprendizaje capaces de conjugar la experiencia profunda de la lectura tradicional con las exigencias de entornos multimediales participativos, dirigidos por profesores mediadores, problematizadores, maestros seductores de la comunicación, tal como quiere Piscitelli? No soy nativo digital, lo reconozco, pero como antropólogo que soy de formación, intento comprenderlos.

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La importancia de compartir

Pudiera parecer que el título de esta entrada aludiera a esa forma de buenismo lánguido que nos transmitieron a alguno de nosotros en la escuela, sobre todo en algunas clases de escuelas de las que prefiero no acordarme; o también a una admonición infantil, para que los pequeños sepan que deben hacer lo que los mayores no hacen. Sin embargo, la actualidad y pujanza de las redes sociales desmiente ese sesgo y expande su significado más allá de cualquier apropiación ideológica, religiosa o cronológica. Yo lo comprendo, en el fondo, como una manifestación exacerbada de las nuevas formas de comunicación y uso de la información que transforman radicalmente los métodos precedentes.

Cuatro ejemplos bastarán para comprender la mención inicial, uno militar, otro político y administrativo, el siguiente del mundo de los negocios y, por último, del universo científico:

1) los espías son gente poco dada a compartir información porque viven o han vivido, precisamente, de gestionar su carestía y usufructo. Cuanto menos se supiera de sus actuaciones, de sus intenciones y de sus fuentes de información, mejor. Las cosas, sin embargo, están cambiando: ante la amenaza del terrorismo internacional, la seguridad norteamericana ha puesto en pie el sistema A-Space, que no es otra cosa que una red social de espías que comparten sus  perfiles, sus ámbitos de interés y especialización y sus fuentes de averigüación. Si el bastión de los secretos y la incomunicación ha caído en la cuenta que compartir información es esencial para su negocio, ¿qué otra cosa podríamos hacer los demás?;

2) En el Foro económico mundial de Davos se dan cita las más altas autoridades de la política, los negocios y la inteligencia del mundo académico. Coordinar sus agendas debe de ser una tarea casi impracticable pero la cosa será todavía más improbable una vez que abandonan Davos. ¿Cómo continuar con el intercambio de opiniones, con las discusiones en torno a los temas abiertos y puestos encima de la mesa en el ídilico pueblo suizo? Welcom es la red social que utilizan los 5000 selectos miembros de esa comunidad para permanecer en contacto y para generar conocimiento en torno a los enormes retos y problemas que deben abordar. ¿Si las autoridades del mundo utilizan redes sociales para compartir sus inquietudes y sus quitas, qué otra cosa podríamos hacer los demás?

3) Hablando de Davos, pero esta vez centrándonos en el trabajo de las grandes empresas multinacionales: la Global Redesign Initiative es una de las más esperanzadoras actividades que se llevó a cabo en Davos, un proyecto que auna economía abierta, verde y digital: en el año 2009, en la convocatoria anterior, se puso en marcha el proyecto GreenXChange, animado por el CEO de Nike, Mark Parker. Sintéticamente, la operación consiste en dotarse de una plataforma digital común y compartida, abierta a todos los miembros que quieran colaborar, para poner a la disposición de la comunidad información concerniente a las buenas prácticas en materia de sostenibilidad, eficiencia energética y nuevos materiales.

Los beneficios económicos directamente derivados de compartir la información y el conocimiento son obvios hasta para el más encarnizado competidor chapado a la antigua usanza capitalista: en lugar de invertir individualmente cantidades ingentes y prohibitivas en investigación, organización y comunicación, ¿por qué no construir una base compartida común, abierta, en la que las empresas, con productos patentados o no, intercambien información honestamente sobre sus experiencias diversas para construir una industria mejor gobernada y más efectiva? ¿qué obstáculo encontraríamos para que cada empresa, tras ese intercambio, siguiera innovando y en algunos casos patentando, siempre y cuando se estableciera claramente por escrito la obligación de compartir conocimiento en las mismas condiciones en que lo recibieron? ¿Qué nos impediría hacer eso excepto las viejas rémoras vinculadas a un sistema moribundo? ¿Cómo es que en un país como el nuestro, cuyo tejido empresarial está mayoritariamente compuesto de pequeñas y medianas empresas, que cuentan con escasos recursos propios para innovar, la cooperación basada en la tecnología no se ha impuesto ya como un principio indiscutible?

4) Los científicos siempre han sido tipos celosos de la información que transmitían a los demás porque, tradicionalmente, su prosperidad se basaba en el secretismo y en la circulación restringida de sus hallazgos. ResearchGATE es hoy una de las comunidades virtuales más florecientes de la web porque los científicos han cobrado plena conciencia de que la esencia de su trabajo se basa en la construcción de una verdadera red de conocimientos mutuamente vinculados, tanto más relevante y más visible cuanto más expuesto a los comentarios y críticas de sus pares. Si la colectividad que usufructa el conocimiento por antonomasia ha decidido abrirse a las redes sociales, ¿qué podremos hacer los demás sino abrir de par en par los nuestros?

En el último dossier de The Economist podemos encontrar un dossier íntegramente dedicado a “un mundo de conexiones”, a la discusión sobre el papel cada vez más creciente y relevante de la importancia de compartir en nuestras vidas cotidianas, en nuestras economías de pequeña y mediana escala, en la gestión del conocimiento que tenemos sobre el mundo y sobre los demás.

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El quinto poder

Todo uso trae su abuso y el sustantivo Web 2.0. se ha convertido en un adjetivo que sirve para aderezar cualquier ensalada digital. José María Álvarez Monzoncillo dice en Incertidumbres de la web 2.0. que la promesa que esa cifra mágica encerraba se ha incumplido. “Los millones de blogs“, dice Álvarez de manera aparentemente inapelable, “son verdaderos monólogos, sin capacidad de influencia y sin que sus opiniones lleguen a nadie. La escalera generada por Forrester, segmentando según los diferentes niveles de participación en la Red, tampoco parece cumplirse (creators, critics, joiners, spectators, collectors e inactives). Las redes sociales evolucionarán hacia el marketing, desarrollando nuevas productividades y rompiendo la lógica por la que surgieron”.


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La tragedia del conocimiento común

En el Financial Times del 2 de enero (los retrasos en los aeropuertos, en estas fechas, son un bálsamo para la lectura sosegada de la prensa) puede encontrarse un revelador artículo sobre la Wikipedia, sobre la disyuntiva que aqueja su fundamento: Equality or truth? Wikipedia’s dilemma: ¿debe prevalecer el gobierno y la gestión igualitaria de la enciclopedia, en detrimento de la fiabilidad, o debe incorporarse algún mecanismo o dispositivo de acreditación de la calidad y de reconocimiento del trabajo y del esfuerzo? Esta cuestión, dice Richard Waters, “apunta hacia una tensión fundamental en el corazón de la Wikipedia que atasca su desarrollo. Fundada sobre la idea de la apertura completa, cualquier ajuste que parezca favorecer a uno de los grupos de contribuyentes sobre cualquier otro es percibido como una traición a sus principios”. En realidad, esta constatación no es sino una versión moderna y digital de un problema identificado hace mucho tiempo: el de la tragedia de los comunes o, expresado de otra forma, el problema irresoluble de cómo desarrollar formas de gobierno de empresas cooperativas que sepan cómo gestionar la provisión, el compromiso y la supervisión.


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Neocolonialismo editorial y la república mundial (digital) de las letras

Jorge Volpi, en su último libro premiado, El insomnio de Bolivar, dedica ciertas consideraciones a la desigualdad en la balanza comercial editorial entre Iberoamérica y España o, lo que quizás sea más grave e intolerable aún, a una forma poco larvada de neocolonialismo cultural que consiste en que todo el campo literario iberoamericano gravita en torno a los polos de la industria editorial española, a Madrid y Barcelona. Para que un escritor latinoamericano triunfe, debe aspirar, firmemente, a ser editado por un sello español, a escapar de la consoladora jaula de las evidencias más cercanas y los halagos más provincianos.


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Ponga un editor en su vida

Pongamos que se me ocurre intentar publicar una colección de libros que tienen que ver con un asunto tan osado y tan insólito como la relación de cosas que uno haría por dinero, por equivocadas, chocantes o infrecuentes que fueran, un libro, en el fondo, en torno a la moral de nuestra sociedad, a nuestras prioridades y valores. Pongamos que pregunto cosas como ¿estarías dispuesto a pasar un año en prisión por dinero?, ¿te gustaría conocer la fecha exacta y la hora de tu muerte? ¿cambiarías tu sexo por dinero? ¿ingerirías un rollo de cinta adhesiva por una compensación económica adecuada? Si consiguiera respuestas representativas, respuestas suficientes para llenar las páginas de un libro, quedaría componerlo, maquetarlo, editarlo, distribuirlo y, mágica y herméticamente, venderlo, algo que podría resultar bastante difícil en un mercado abarrotado de novedades. Pero pongamos en que persisto en la idea, convencido de su interés. ¿Cómo conseguir poner en marcha un proyecto editorial así?


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Razones para estar excitado

La conferencia de clausura que debería haber pronunciado Tim O´Really llevaba por título “Razones para estar excitado“, pero un accidente en su villa italiana, subiendo o bajando unas escaleras (es el incoveniente de poseer palacetes de varias alturas a orillas del Lago Maiore), le ha impedido estar presente. En todo caso en el ambiente previo al inicio de la Feria se respira esa excitación denunciada por O´Really, aunque a veces no se sepa si procede de la más pura desorientación o del conocimiento profundo de la insostenibilidad de una industria con fundamentos predigitales.

Tools of Change Conference in Frankfurt

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Fundamentos de economía del conocimiento en la red

Uno de los enigmas más intrincados, al menos para los economistas paleoliberales que siguen creyendo que “el trabajo debe encontrar su precio en el mercado” (según relatara hace mucho ya Karl Polanyi, al hablar de las características de La gran transformación), del funcionamiento de la red es el hecho de que, en buena medida, su crecimiento y funcionamiento se basa en la generación cooperativa y colectiva de contenidos por parte de los usuarios, sin un afán, al menos inmediato, por recibir una recompensa económica o material directa. Este hecho solamente es enigmático, sin embargo, si pretendemos comprender la lógica de la economía de la web desde la perspectiva simplificada y simplificadora de la economía liberarl. “La ciencia que llamamos economía se sustenta en una abstracción inicial que consiste en disociar una categoría particular de prácticas, o una dimensión particular de cualquier práctica, del orden social en el que toda práctica humana está inmersa”, decía Pierre Bourdieu en el inicio de ese libro insustituible que es Las estructuras sociales de la economía.


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