‘Wikies’

El Potlatch digital y la gestión del digital commons

 

En el último informe de tendencias publicado por la Fundación Wikimedia en el mes de abril de este año, relacionado con la dinámica de funcionamiento de la Wikipedia y su imparable crecimiento, puede leerse en la cuarta página en relación al compartamiento de sus editores y bibliotecarios:

Refuerzo positivo: el reconocimiento de los esfuerzos de los editores es importante para revertir su declive y desercion. Es una opinión generalizada que los editores solo quieren ver a sus artículos mejorados y leídos por mucha gente, sin que les importe la opinión de sus compañeros. Pero esto es rigurosamente falso. El estudio revela que el reconocimiento de sus pares a través de una nota agradable o un barnstar (o una insignia) se valora aún más alto que el alcanzar la condición de artículo destacado. Para sostener y hacer crecer nuestra comunidad, tenemos que ofrecer unos a otros comentarios positivos, y debemos crear las herramientas para que sea más fácil hacerlo.

Esa esa precisamente la tesis central de El Potlatch digital. Wikipedia y el triunfo de los comunes y el conocimiento compartido, un esfuerzo compartido de varios años, junto a Felipe Ortega, en el que el caso del «potlatch» canadiense nos sirve para comprender cómo en determinados contextos y circunstancias es nece­sario desprenderse del capital que se posee para que la comunidad lo devuelva y lo reintegre en forma de reconocimiento y renombre; cómo en determinados contextos culturales, la especie de capital que circula no es monetaria, sino simbólica, en forma de repu­tación y popularidad, y la lógica de su acumulación exige ser desinteresado para generar otra forma de interés. Así funcionan algunos de los casos más co­nocidos de Internet y así se ha convertido la Wikipe­dia en un caso del triunfo de la gestión del procomún y el conocimiento compartido.

Wikipedia ofrece un ejem­plo prototípico y floreciente de la construcción de una comunidad que consensúa sus políticas, esta­blece sus mecanismos internos de reconocimiento y orga­niza sus dispositivos de control y vigilancia, todo sin que circule efectivo de ninguna clase. Es decir, Wikipedia es un caso prototípico de lo que bien podría denominarse procomún digital, «digital commons», y este libro demuestra de manera empírica y cualitativa que esa apreciación que los editores de Wikimedia sitúan en el centro de la perpetuación del proyecto es, precisamente, la que hemos argumentado y demostrado.

A partir de hoy puede encontrarse en todas las librerías. Pelotazo editorial mundial, seguro….

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Polifonías textuales

En El Potlatch digital. Wikipedia y el triunfo del procomún y el conocimiento compartido (Cátedra, septiembre de 2011), Felipe Ortega y servidor aseguramos lo siguiente: “La correlación estadística subraya un fuerte nivel de correspondencia entre la media de la reputación de los autores y el número de artículos destacados en cada una de las versiones (r=0.8848), y señala, también, una diferencia cuantitativa notable entre aquellos que intervienen en la recreación de las entradas destacadas (media de 32 usuarios registrados) y los que participan en la redacción de nuevas entradas (media de de 4 usuarios registrados), un patrón que puede constatarse de manera fehaciente entre las diez primeras de las wikipedias. En casos puntuales, como el de la Wikipedia inglesa, en el que la cantidad de concurrentes es superior a cualquier otra, las diferencias estadísticas se exacerban (113 autores registrados que intervienen en entradas destacadas y 6 en voces de nuevo cuño), poniendo de manifiesto de forma más irrebatible que nunca las estrategias de posicionamiento y visibilidad que guían el comportamiento de los wikipedistas. La calidad de una entrada, en consecuencia, depende más de la cantidad de veces que es revisada y corregida, pulida y perfilada, por un número también alto de usuarios registrados de primer nivel. Es decir, la excelencia de una voz es el resultado de la cristalización de una mente colectiva puesta al servicio del conocimiento, empujada por el prurito del prestigio y el reconocimiento colectivo, única forma de crédito circulante en el contexto de ese proyecto confederado”.

Eso quiere decir, ni más ni menos, que la calidad de los textos de la Wikipedia es tanto mayor cuanto más polifónica es su composición, cuantos más autores versados intervienen, cuanto menos se respeta la idea de una obra acabada cerrada sobre sí misma. Las tecnologías digitales hacen por tanto posible que convirtamos en realidad la premonición a las que tantas veces he aludido de los semiólogos franceses de los años sesenta, de Roland Barthes en especial, de la obra como un mero cruce de caminos cuya pretensión de suficiencia o conclusión provenía, en buena medida, del objeto que la acogía o representaba, del soporte libro, objeto físico con un principio y un final necesarios. Cuando esa finitud física intrínseca se acaba, porque el espacio digital es inabarcable e inagotable y pone en evidencia todas las posibles influencias de una obra, asistimos al alumbramiento, seguramente, de una nueva narrativa polifónica de la que tendremos que aprender a sacar partido. Eso es lo que me parece que quiere decir hace ya tiempo Alejando Piscitelli cuando se empeña en hablar de “Del fin del artefacto libro y la emergencia del libro post artefactual colaborativo“, idea a la que da una vuelta de tuerca en una reciente tribuna en Interlink Headlines News 2.0. Piscitelli dice, tomando la Wikipedia precisamente como ejemplo de lo que entrevé que está por llegar: “que no se trata de una fantasía está demostrado por la existencia (con 10 años de vida) de la Wikipedia cuyo ADN está constituido por la escritura iterativa permanente, lo que conlleva el correlato de qu nada es precioso ni único en sus confines”.

De acuerdo. Pero de acuerdo no hasta el punto de desechar la excelencia, pertinencia y más que segura pervivencia del solo virtuoso, del texto unipersonal, de la obra de ficción acabada con una intención expresa fruto de la elaboración de una sola persona, desde un poema de Angel González, un texto de Chejov o una afirmación de Coetzee. En esa extraordinaria novela biográfica o biografía novelada o ficción biográfica que es Verano, dice el trasunto del Premio Nobel en conversación con su amante Julia:

- ¿Quieres que la gente te lea después de muerto?

- Aferrarme a esa perspectiva me procura cierto consuelo.

- ¿Aun cuando no estés aquí para verlo?

- Aun cuando no esté aquí para verlo.

- Pero ¿por qué la gente del futuro se molestaría en leer el libr que escribes si no les habla personalmente, si no les ayuda a encontrar significado a su vida?

- Tal vez seguirá gustándole leer libros que estén bien escritos.

- Eso es absurdo. Es cmo decir que si construyo una buena radio en miniatura la gente seguirá usándola en el siglo veinticinco. Pero no lo harán. Porque las radios en miniatura, por bien hechas que estén, para entonces serán obsoletas. No le dirán nada a la gente del siglo veinticinco.

- Tal vez en el siglo veinticinco aún habrá una minoría que sentirá curiosidad por escuchar cómo sonaba una radio en miniatura de fines del siglo veinte.

Quizás sea solamente eso. Que muchos seguiremos queriendo escuchar la música de esas antiguas radios y querremos leer textos bien escritos. Y que la polifonía conviva con el virtuosismo individual.

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Fundamentos de economía del conocimiento en la red

Uno de los enigmas más intrincados, al menos para los economistas paleoliberales que siguen creyendo que “el trabajo debe encontrar su precio en el mercado” (según relatara hace mucho ya Karl Polanyi, al hablar de las características de La gran transformación), del funcionamiento de la red es el hecho de que, en buena medida, su crecimiento y funcionamiento se basa en la generación cooperativa y colectiva de contenidos por parte de los usuarios, sin un afán, al menos inmediato, por recibir una recompensa económica o material directa. Este hecho solamente es enigmático, sin embargo, si pretendemos comprender la lógica de la economía de la web desde la perspectiva simplificada y simplificadora de la economía liberarl. “La ciencia que llamamos economía se sustenta en una abstracción inicial que consiste en disociar una categoría particular de prácticas, o una dimensión particular de cualquier práctica, del orden social en el que toda práctica humana está inmersa”, decía Pierre Bourdieu en el inicio de ese libro insustituible que es Las estructuras sociales de la economía.


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La Wikificación del conocimiento

El término no es mío, es de Kenneth S. Kosis, Catedrático de Neurobiología de la Universidad de California. Kosis habla, literalmente, de Wikification of knowledge en un artículo publicado por la Universidad de Harvard, refiriéndose a uno de los fenómenos menos discutidos pero más determinante y trascendental de lo que está aconteciendo en la web, gracias a (o por culpa de, dirían otros) las tecnologías de generación colaborativa de contenidos: el desafío a las jerarquías tradicionales del conocimiento, la impugnación parcial de la condición inamovible de experto, la lucha por la legitimidad para enunciar cómo son las cosas.

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La Wikilengua y la gestión del patrimonio común

Fue Auguste Comte quien en el Système de politique positive adujo que la lengua era un caudal inagotable, patrimonio común de toda la comunidad hablante, fuente inacabable de recursos comunicativos que no decrecerían nunca con el uso, antes al contrario, engrosarían su valor y su cuantía mediante su manejo y explotación. La lengua era para él un patrimonio de una naturaleza singular por cuanto eran del tipo de las “riquezas que implican una posesión simultánea sin experimentar ninguna alteración”, un “tesoro universal” que todos contribuíamos a acrecentar al emplearlo, al hacerlo madurar y cambiar.


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