Posts etiquetados con ‘Aprendizaje basado en proyectos’

Tecnología, educación, diversión

Mi hijo se aburre en el colegio, no quiere ir. Sin embargo, es un buen jugador de MeinCraft. Disfruta aprendiendo, enfrentándose a retos intrincados, resolviendo enigmas, aventurándose en encrucijadas desconocidas, consultado a otros jugadores por los trucos y las tretas que utilizan para afrontar los problemas que van surgiendo, divirtiéndose esforzadamente, en suma. En el colegio, sin embargo, le piden que se esté quieto y en silencio durante siete horas, que no consulte nada con sus compañeros a riesgo de ser apercibido, que demuestre atención y concentración y no se le ocurra dejar volar su imaginación a través del único espacio de libertad virtual del que disponen, la ventana. El fracaso y el error no caben en su colegio, resultan inimaginables en un colegio de élite, mientras que en el entorno de Meincraft el error resulta siempre provechoso, porque se sacan consecuencias de él de manera inmedita, y la comunidad de los jugadores en línea presta el apoyo y el feedback necesario para que casi nadie quede en la estacada. En el juego se reciben premios, gradualmente, en función del avance bien ponderado en niveles, y la reputación de cada cual aumenta a medida que se avanza; en su colegio se reparten notas sin que nadie sepa muy bien por qué, y nadie proporciona nunca una explicación, una oportunidad para reflexionar sobre las razones del eventual error que se cometió. De más está decir que no se utiliza ninguna clase de tecnología digital y que los teléfonos y otros dispositivos de acceso ubicuo a la información están terminantemente prohibidos bajo pena de enajenación. Una de sus profesoras nos pide que le llamemos seriamente la atención porque rinde por debajo de sus posibilidades…

Me consuela saber que mi hijo no está solo y no es especialmente anormal: según datos proporcionados por Michael Fullan en Stratosphere: integrating technology, pedagogy and change knowledge, la pérdida de entusiasmo de los alumnos en el marco pedagógico de la escuela actual es alarmantemente decreciente. A los 5 años demostramos todavía un extraordinario e innato entusiasmo por aprender, pero la escuela se encarga, en un plazo de unos cinco años, de hacernos perder todo empeño y emoción. Y el problema es que es muy difícil volver a recuperarlo. Según Fullan, es necesario rediseñar la escuela tomando como base cuatro principios fundamentales:

  • diseñando entornos de aprendizaje que resulten irresistiblemente atractivos y seductores tanto para profesores como para alumnos;
  • haciendo que la presencia de la tecnología sea ubicua y pueda utilizarse 24 horas 7 días a la semana;
  • consiguiendo que su uso sea eficiente y sencillo;
  • desarrollando entornos de aprendizaje basados en la resolución de problemas de la vida real.

De acuerdo con el informe elaborado por European Schoolnet, laboratorio de la Comisión Europea dedicado a pensar la escuela del futuro (socorro, que llegue ya), ‘Internet Technologies for an Engaging Classroom’ (ITEC), los estudiantes demandan un cambio radical en los estilos de enseñanza facilitados por el uso de las tecnologías digitales, que son sus mediaciones naturales hacia la información y el conocimiento. En concreto, solicitan que se la enseñanza esté basada en:

  • la ludificación o la gamificación
  • el juego
  • el aprendizaje basado en proyectos y en el descubrimienot
  • el trabajo cooperativo basado en equipos
  • la necesidad de que los profesores planteen las tareas vinculándolas con los intereses que los alumnos tienen fuera de la escuela, aprendizaje situado y significativo, por tanto.

Los profesores, desafortunadamente, para mi hijo y para el resto, piensan todo lo contrario: a pesar de una actitud generalmente positiva respecto al uso de las tecnologías en las aulas, lo cierto es que:

  • los profesores son sobre todo sensibles a los aspectos potencialmente negativos en el uso de la tecnología;
  • respecto a las áreas de enseñanza y aprendizaje que consideran más complejas (el desarrollo de habilidades críticas, intelectuales y sociales), mostraron una convicción muy débil respecto a la utilidad que la tecnología pudiera tener a este respecto,
  • con la excepción de Dinamarca, la gran mayoría de los profesores se mostraron de acuerdo en que las tecnologías limitaban la comunicación personal entre los estudiantes;
  • la mayoría reconocía el valor del uso de la tecnología a largo plazo, pero se lamentaban de la sobrecarga de trabajo a corto plazo;
  • más de un cuarto de los profesores expusieron sus dificultades a la hora de introducir las tecnologías en el proceso de enseñana y aprendizaje, y demandaban una formación más específica.

Dos universos que apenas se rozan, por tanto, un drama cotidiano cuyo resultado es la deserción, el abandono y la renuncia de muchos niños que no encuentran sentido alguno a lo que se les exige y propone, que no entiende en absoluto por qué se disocia la tecnología, la educación y la diversión.

Marshall McLuhan dejó dicho: quien diferencia entre juego y aprendizaje no sabe nada de ninguno de los dos. Amén.

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Open Education Week

Esta semana se celebra en todo el mundo la #openeducationwk, Open Education Week, una inciativa promovida por el Open Education Consortium. El propósito que empuja el trabajo del consorcio no es otro que el de generar recursos educativos, de manera colaborativa, en abierto, para favorecer el intercambio sin restricciones y el acceso sin límites.

Todo parte de unas cuantas convicciones que se agregan fácilmente:

  • internet es una plataforma que favorece la colaboración, de manera que cabe idear y construir recursos educativos mediante la agregación del esfuerzo de muchas personas interesadas, como es el caso de Open Textbooks;
  • los libros de texto tradicionales cumplieron una función concreta cuando la educación estaba meramente basada en la memorización de un conjunto de contenidos prescritos curricularmente, pero hoy sabemos que hacer es aprender, que el saber hacer es un principio epistemológico que debe inspirar la construcción de nuevos contenidos educativos. Hasta los colegios jesuitas de Cataluña han anunciado que abolen las asignaturas, los exámenes y los horarios en pos de una educación adaptada a los ritmos y estilos de aprendizaje de los alumnos individuales;
  • el aprendizaje basado en proyectos, que es uno de los principios rectores de la pedagogía contemporánea (inventado, eso sí, a mediados del siglo pasado), requiere del diseño de secuencias de aprendizaje integradas y transversales que no se encuentran, necesariamente, en los libros de texto: se encuentra en la colaboración de los profesores y sus claustros;
  • la comunidad escolar, los profesionales de la educación, tienen en su mano la posibilidad, como sucede en el caso de Procomún. Red de recursos educativos en abierto, de intercambiar con los demás el fruto de su trabajo, de reutilizar, contextualizarlo y mejorarlo (si cabe), y de volver a compartirlo con los demás es un ciclo eventualmente inacabable de iteraciones y mejoras;
  • los precios de los libros de texto, sobre todo de los universitarios, han sufrido un incremento constante e injustificado en los últimos treinta años, de manera que su abaratamiento mediante el trabajo cooperativo, puede ser una buena fórmula para favorecer el acceso universal. Collegeopentextbooks (#OPENTEXTBOOK) es una de las iniciativas que cuelga del Open Consortium;
  • la agenda digital europea exige que podamos leer, utilizar y compartir los contenidos digitales en cualquier soporte, en cualquier momento y en cualquier lugar, es decir, que se promuevan los estándares y la interoperabilidad, camino que no han elegido la mayoría de los editores y fabricantes, que suelen preferir los formatos propietarios y los DRM no interoperables. Un esfuerzo compartido por trabajar en formatos abiertos es, también, un elemento que contribuiría a esa demanda de accesibilidad y libre disposición de los contenidos digitales.

La suma de esas razones es suficiente para pensar que no cabe conformarse con contenidos educativos precocinados, cerrados y propietarios, sino que es necesario despertar la conciencia y la adopción de los libros de texto (de los contenidos digitales educativos) abiertos.

Feliz y productiva #openeducationwk

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#PISA2012. Tenemos un problema (sin resolver)

Si pusiéramos un potro no entrenado previamente a correr en la carrera de Royal Ascot, junto a los más templados y adiestrados pura sangres, no nos extrañaría que el pobre animal llegara el último. Eso en el hipotético caso de que llegara y no se hubiera estampado contra uno de los gigantescos obstáculos de la pista. Supongo que por reflejo o intuición caballuna (si es que eso existe, tengo poco al día mis conocimientos de etología) el potro hubiera intentando saltar, dando lo mejor de si mismo, pero al final habría tenido que renunciar. Sé que el simil o la analogía quizás no complazca a todo el mundo pero, ¿a alguien que conozca el sistema educativo español, basado todavía en buena medida en el imaginario industrial del siglo XIX, puede extrañarle que nuestros alumnos no sean capaces de resolver problemas de manera autónoma, trasladando el conocimiento supuestamente aprendido, a situaciones novedosas? ¿A alguien puede sorprenderle que primar la memorización, la repetición, la copia y la notación, la resolución de problemas descontextualizados, resulte en una pobrísima ejecución cuando de lo que se trata es de aplicar lo aprendido a situaciones del mundo real? ¿A quién, que no haya pisado un aula, puede asombrar que nuestros alumnos sean (casi) incapaces de tomar decisiones responsables, de gestionar su proceso de aprendizaje, de trabajar colaborativamente, de discriminar críticamente entre las muy diversas fuentes de información a su alcance, de aplicar, en fin, el conocimiento en nuevos contextos para la resolución de problemas vinculados a la vida real? A nadie, sin duda. No sé nada de hípica, pero estoy seguro de que el potro no ganará Ascot este año.

Los resultados de #PISA2012, por eso, redundan en lo que ya sospechábamos o en lo que ya sabíamos: la pedagogía del siglo XXI ha puesto de relieve que no cabe seguir sosteniendo los supuestos del imaginario industrial y que necesitamos alumnos capaces de buscar información, discernir su valía, utilizarla críticamente para la resolución de los problemas planteados, discutir colaborativa y constructivamente las opciones, desarrollar prototipos como soluciones plausibles a los problemas planteados, ser capaces de comunicar públicamente sus dudas y sus certezas, reflexionar sobre los resultados alcanzados y aplicarlos a la mejora de los suspuestos previos. Alumnos que se fijan objetivos consensuados de aprendizaje, que son capaces de gestionar el desarrollo de su proceso de aprendizaje, que confían en quien les acompaña (un profesor convertido en mentor y en colaborador), y que resuelven creativamente los problemas a los que se enfrentan. Si el entorno de enseñanza y aprendizaje fuera así y tanto nuestros espacios, nuestras pedagogías y nuestros profesores estuvieran preparado para ello, quizás ganáramos Ascot, o puntuáramos mejor en #PISA2012. Hasta la Secretaria de Estado de Educación, que compareció ayer en directo para explicar los resultados del estudio, tuvo que reconocer que nuestras pedagogías estaban ancladas en la memorización y la repetición, y que eso no era suficiente para encarar el siglo en que vivimos.

[Fragmento de la presentación #rEDUvolución. Por un modelo de aprendizaje radical. La Coruña. Compartindo boas Prácticas. Encontros de intercambio de experiencias educativas. 10 abril 2014]

Sabemos, además, por si pudiera cabernos alguna duda cincuenta años después de los primeros estudios de sociología de la educación, que los resultados vienen predeterminados por el capital educativo y socioeconómico de los padres, que suele heredarse como una losa, y que solamente se levanta, tímidamente, cuando el entorno escolar proporciona confianza y atención personalizada a los alumnos (como puso de manifiesto ayer la intervención de José Manuel Cordero (Universidad de Extremadura) “Superando las barreras: factores determinantes del rendimiento en escuelas con un entorno desfavorable“. Si eso es indiscutiblemente así, la única discusión que deberíamos estar manteniendo es de qué manera creamos escuelas comprehensivas, entornos de aprendizaje que no dejan a nadie atrás, comunidades dialógicas que presten atención individualizada a cada alumno, entornos cuya única obsesión sea la de potenciar las competencias y talentos de cada alumno mediante procedimientos de evaluación capaces de valorar su maduración, no su mera capacidad de memorización y repetición.

Para ser enteramente justo, por primera vez se ha puesto en marcha esta misma semana, dentro del ámbito de Educalab (gestionado por el INTEF), un MOOC dedicado al Aprendizaje basado en proyectos #ABPmooc, una experiencia pionera a la que han concurrido 4000 profesores con la esperanza de poder trasladar a las aulas, cabalmente, el método de aprendizaje que demanda el currículum del siglo XXI. Es cierto que en la LOMCE hay retazos de alusiones al aprendizaje basado en el descubrimiento y la investigación, pero si así lo reconoce, ese marco normativo debería impulsar un currículum transversal, basado en el diseño de tareas integradas y, claro, en el aprendizaje basado en proyectos y en resolución de problemas. No hay aprendizaje significativo, aprendizaje valioso y útil, si previamente no se ha desarrollado el gusto y la capacidad por la indagación y la resolución de casos y situaciones diferentes.

Quizás así pudiéramos resolver el problema de no saber resolver problemas… y ganar Ascot de paso.

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