Posts etiquetados con ‘ARCE’

El largo declive de las revistas culturales

Existen muchas razones, a mi juicio, por las que las revistas culturales -antaño un bastión de la vanguardia en todos los ámbitos de la cultura, fuera el cine,  la arquitectura, el teatro, la pintura, la crítica cultural o la ecología- están en franco declive hace ya una década:el desplome de los suscriptores que conformaban e

  • el desplome de los suscriptores, de aquellos incluso que, al menos teóricamente, deberían formar parte del target o grupo de interés de esta clase de revistas. En la competencia por el tiempo, el bien más escaso que poseemos, otras fuentes, formatos y soportes han ganado la partida;
  • el desinterés progresivo de los que deberían ser nuevos lectores por ese tipo de formato, de fuente y de lectura. No basta con constatar cuál es la naturaleza y el perfil de los lectores actuales (mayores de 45 años, con estudios superiores, varones y con ingresos por encima de determinada cantidad), sino que sería necesario entender la de los potenciales y esquivos lectores del futuro;
  • la desaparición casi total de los canales y puntos de venta tradicionales, antes en librerías con expositores específicos y en kioskos que reservaban un pequeño espacio para aquellas más renombradas y vendidas. El declive progresivo de la venta, como en cualquier círculo vicioso, llevó a que muchos puntos de venta decidieran dedicar esos espacios a algo más rentable y hoy en día parecen irrecuperables;
  • la huida de la publicidad a otros soportes más rentables, a espacios digitales con más tránsito y retorno, partida que parece, una vez más, pérdida irremisiblemente;
  • el auge incontenible de la edición digital, de la proliferación de nuevos espacios en la web, de la autoedición y de los canales personales en redes sociales que, sin reclamar formalmente el espacio propio de las revistas, las han sustituido de hecho;
  • la fallida metamorfosis digital de las revistas, no siempre por falta de voluntad, sino por incapacidad de concebir su arquitectura digitalmente y por pura incapacidad para financiar una operación cuyo retorno sigue siendo, a día de hoy, incierto.

Podemos poner encima de la mesa algunos argumentos más, algunas causas adicionales, pero hay uno sencillamente subsanable y de pura equidad pública que, sin embargo, está a punto de dar la puntilla a las pocas y valerosas supervivientes: la compra pública para Bibliotecas Públicas, bien de titularidad estatal, bien de titularidad autonómica. Para quien no lo sepa, el soporte adicional con que las revistas han contado siempre para financiarse y continuar y para cumplir con su vocación fundacional de difusión pública, ha sido la compra pública de ejemplares para las bibliotecas de las respectivas redes. A día de hoy, amparándose en los recortes aplicados a los presupuestos de cultura, las bibliotecas han despoblado los revisteros y todo ese patrimonio y capital cultural está a punto de perderse definitivamente, pervirtiendo el sentido mismo del cometido y fin de una biblioteca pública, que es el de poner a disposición de los ciudadanos las mejores obras de la producción editorial de un país.

La labor asociativa de las revistas en los últimos años ha intentado entender su realidad circundante para poner en marcha estrategias colectivas; ha generado espacios de colaboración, visibilidad y comercialización para facilitar el acceso a los usuarios generando una masa crítica de contenidos atractivas a precios razonables; y ha intentando ofrecer a sus socios contenidos y experiencias formativas para apuntalar y desarrollar su negocio. Todo eso, sin embargo, resultará incluso insuficiente ante la falta de apoyos públicos.

Puede que existan razones incontrolables para entender el largo declive de las revistas culturales pero resulta incompresible que la última estocada pueda asestársela la administración pública. ¿Alguien hará algo por detener esta larga hemorragia de la cultura?

Etiquetas: , , ,
Categorias: General

El gremio que el sector necesita

En noviembre de 2014 añadí una entrada en esta bitácora, ¿Qué gremio necesita el sector?, refiriendo los resultados del taller que el Gremio de Editores alemanes había convocado en torno a la configuración y funciones del futuro gremio editorial. Todas las sugerencias apuntaban a un esfuerzo consciente y colectivo por construir estructuras transversales, grupos de trabajo heterogéneos, espacios de colaboración entre profesionales provinientes de distintos sectores, con el fin de intentar dar solución a los retos forzosa y necesariamente globales a los que todos nos enfrentamos. Una solución conscientemente alejada, por tanto, de las rígidas y envaradas estructuras de los gremios actuales, deudoras de una concepción particularista y corporativa del oficio que excluye toda forma de entendimiento y colaboración  y de una idea excluyente y darwinista de los negocios que practica la política de la tierra quemada y la monopolización.

Si introducimos a una rana en agua caliente, saltará fuera, advertida por la temperatura; si introducimos a una rana en agua fría, permanecerá dentro, cómoda en su elemento. ¿Qué tiene que ver esta observación naturalista con el sector editorial? Alexander Skipis, el hasta ahora presidente del parlamento del gremio, ha advertido, literalmente, que “mientras sigamos viviendo en la zona de confort, quizás no nos demos cuenta que el agua se irá caldeando alrededor nuestro”, y que eso podría acabar siendo causa de nuestro ahogamiento y extinción.

Los editores alemanes, al contrario que otros gremios más asentados en sus certezas inamovibles y en sus cálidos entornos, han decidido de manera prácticamente unánime transformar por completo la estructura corporativista tradicional en beneficio de la creación de grupos de trabajo transversales, con intereses temáticos compartidos, que fomenten y permitan la colaboración y la resolución de los problemas comunes. Una versión complementaria y poliédrica de los problemas que antes se percibían y observaban como privativos y que ahora se entienden y abordan como comunes:

  • La asociación -añade Skipis- tiene la intención de desmontar por completo el gremio tradicional: el hecho de que cada vez existan más contenidos autopublicados y autopromovidos, que no tienen cabida en el seno de la asociación tradicional, tiene que ser un signo de advertencia;
  • Será necesario, en este movimiento de transformación, generar espacios en el que todos los gremios implicados encuentre su lugar y su canal para expresar y poner en común sus intereses y preocupaciones, para articularlos en un discurso común;
  • Los cargos electos, tradicionalmente por un periodo de tres años, deben dar paso a nuevas fórmulas de trabajo y colaboración: ¿qué hacer con todos aquellos nuevos miembros que quieren aportar sus competencias pero no lo desean hacer por un periodo de tiempo tan extenso? ¿De qué manera integrar sus conocimientos y habilidades en el proceso de trabajo común?

Algunas de las prioridades de la nueva configuración profesional son la de potenciar el trabajo en red, la de facilitar y acelerar los procesos de decisión adelgazando las estructuras burocráticas y los niveles de responsabilidad, la de propiciar este cambio estructural paso a paso, con la connivencia y aprobación de todos sus miembros.

¿Por qué, en definitiva, una reforma estructural tan ambiciosa?: porque la cadena de valor tradicional -de acuerdo con lo expuesto por los editores alemanes- se transforma aceleradamente, porque el comercio electrónico, la digitalización y la externalización de los servicios contribuyen, también, a su reconfiguración. Porque existen, cada vez más, intereses comunes y compartidos entre los miembros de los que fueran antaño distintos gremios. Porque existen nuevos participantes en el mercado editorial que difuminan por completo las estructuras conocidas. Como asociación que quieran representar al conjunto de los profesionales del libro y quiera intermediar en los intereses particulares de cada cual -reconocen los profesionales alemanes-, debe transformarse profundamente.

Los puntos fundamentales de esa reforma son:

  •  La organización compartimentada será rehecha paso a paso, en un proceso de aprendizaje continuo e iterativo en el que se recojan las experiencias y opiniones de todos los participantes;
  • La parte fundamental y central de esta reforma es la de la creación de los grupos de interés, grupos de trabajo compuestos de manera autónoma por los socios, abiertos a cualquier partipante que quiera y pueda aportar algo de luz sobre el asunto que se trate. Los portavoces de cada uno de esos grupos participarán, a su vez, en el Comité de Dirección general para transmitir las ideas y opiniones de su grupo particular. Los grupos y círculos de trabajo ya constituidos, se transformarán en grupos de interés.
  • Las diferentes taskforces, nombradas por el Comité de Dirección, estarán constituidas por expertos de las diferentes ramas de la edición.
  • Algunso de los comités técnicos actuales -distribución, etc.-, seguirán trabajando, si bien en una segunda fase la aspiración es que se transformen en grupos de interés.

El próximo 19 de junio tendrá lugar la siguiente reunión para deliberar sobre la reforma estructural del gremio, para abordar colectivamente el futuro del sector.

¿Para cuándo una reflexión, entre nosotros, sobre el gremio que el sector necesita? ¿Para cuándo un despertar de nuestro particular dolce far niente?

Etiquetas: , , , ,
Categorias: General

Revistas culturales y jóvenes lectores

El National Literacy Trust, esa organización benéfica privada dedicada en el Reino Unido a la promoción de la lectura que tanta envidia me genera, ha puesto en marcha hace unos pocos días un nuevo programa de alfabetización: MagAid, acrónimo que suma dos sustantivos, Magazine y Aid, revista y ayuda o, dicho de otra manera, de qué manera pueden las revistas contribuir a la mejora de la alfabetización de los jóvenes en peligro de exclusión.

La ocasión la pintan calva, dice el refrán, y ahora, precisamente, que nuestras revistas (sobre todos los culturales, las que nutrían las hemerotecas de las bibliotecas públicas) pueden perder el poco contacto que les quedaba con sus escasos lectores (debido a los tijeretazos presupuestarios de los nuevos sastres de la cultura), quizás fuera el momento de redoblar el esfuerzo por acercarse a quienes deberían constituir el relevo generacional de sus potenciales lectores.

Necesitaríamos un young readers programm, un programa que valiéndose de las revistas culturales, presentes en los diversos ámbitos temáticos que pueden interesar a cualquier joven (cine, teatro, artes plásticas, literatura, etc.), acercara la riqueza de esas cabeceras a quienes necesitan (aunque no siempre lo sepan) formarse criterios sólidos sobre cuestiones que les atañen, más allá de las fuentes que puedan encontrar en la red. O ahora, mejor dicho, al mismo tiempo que las que puedan encontrar en la red, porque según nota de prensa recientemente publicada “la asamblea de socios de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) aprobó en su reunión anual, celebrada el 26 de abril en Madrid, la modificación de sus Estatutos que posibilitan, a partir de ahora, la incorporación plena a la entidad de todos los editores de revistas culturales, con independencia del soporte en el que publiquen”, algo que se caía hace ya mucho tiempo por su propio peso. No hace falta insisitir a estas alturas en que si uno pretende ser editor en el siglo XXI no cabe hacer distingos sobre el soporte en el que se ofrecen los contenidos.

Los jóvenes necesitan instrumentos que refuercen la formación de su juicio y de su criterio, en una lectura profunda de media distancia más allá de la navegación digital. Las revistas necesitan lectores, jóvenes lectores interesados por descubrir los pequeños tesoros que esas cabeceras pueden ofrecerles.

¿A qué estamos esperando para propiciar ese encuentro?

Etiquetas: , ,

Nanoindustrias culturales

De acuerdo con los datos aportados recentísimamente por la Panorámica de la edición  española 2010, publicada por el extinto Ministerio de Cultura, el 98.3% de las empresas editoriales españolas era de carácter privado, el 89.3% de las cuales produjo menos de 10 libros a lo largo del año reseñado. Desde el año 2000 el censo editorial, por otra parte, no registra irrupción de ninguna empresa que cupiera denominar de gran agente (productor de entre 1000 a 10000 títulos anuales). Este tejido empresarial compuesto primordialmente de Pymes y Micropymes, por otra parte, es lo habitual de todos los sectores empresariales españoles, nada fuera de lo común. La polarización de esa estructura empresarial editorial es, sin embargo, grande: 19 editoriales privadas superan la cota de 700 libros al año mientras que 1617 agentes producen menos de 4 títulos y otros 1066 producen menos de 10, es decir: 2683 agentes de entre los censados (3473 en total), son pequeños agentes con una actividad muchas veces residual y apurada, no por eso menos necesaria.

Si nos fijamos en los parámetros de “inactividad y cese de actividades” podremos comprobar que en el censo 1035 agentes no declararon actividad alguna y que, en todo caso, “el abandono de la actividad”, cito textualmente, “fue muy superior a a las nuevas incorporaciones”. La editoriales que de hecho cesaron su actividad fueron un 84% de editoriales privadas, 82,1% de las cuales procedían del grupo de los pequeños y atribulados agentes editoriales.

No hace falta insistir demasiado, a la vista de los datos apuntados, que la amenaza de la parálisis y el cese de actividades afecta, sobre todo, a los pequeños, a los microempresarios culturales, que suman, siempre según los datos del Ministerio, cerca del 70% del tejido editorial español (frente al 11,4% de medianos y al 3.3% de grandes).


Ver Recortes en servicios bibliotecarios en un mapa más grande

Mientras esta hemorragia sucede, la nueva Secretaría de Estado de Cultura ha anunciado, entre otras medidas, la supresión de las compras públicas para las bibliotecas de titularidad estatal a pequeños editores pertenecientes, entre otras asociaciones, a ARCE. Decenas de pequeños editores dejarán de publicar porque el único sostén de la tripleta tradicional que quedaba en pie (publicidad, suscripciones  y venta directa, compra pública), ha desaparecido. El movimiento bibliotecario de No al préstamo de pago en bibliotecas ha generado, entre tanto, un mapa interactivo en el que ir dejando registro de “los puntos geográficos afectados por la política de recortes en los servicios bibliotecarios públicos: cierres, disminución de presupuestos, despidos de personal, subcontratación, restricción de horarios, suspensión de actividades”.

La nueva Secretaría de Estado de Cultura, mientras tanto, ha suprimido la antigua Dirección General del Libro para enmarcarla dentro de una Dirección General de Industrias Culturales separada de bibliotecas y archivos. Berlanga, el mítico director de cine, decía siempre que su disciplina debería estasr enmarcada dentro del Ministerio de Industria, porque era, evidentemente, una actividad empresarial que requería de cuantiosas inversiones. No me espeluzna ni me asusta, por eso, que los editores quieran ser grandes industriales, pero no parece que los datos respalden demasiado esa aspiración. Y tampoco parece que la supresión de las compras públicas (5 millones de euros frente a los 5.168 millones de euros concedidos a la industria del automóvil, como delata Manuel Gil en Sin subvenciones no hay paraíso) sea muy conveniente si de lo que se trata es de intentar fortalecer un sector enfrentado a mil problemas estructurales irresueltos. En todo caso cabría discutir, claro, el objeto de esas ayudas mediante compra pública ligadas a distintos parámetros e indicadores, entre ellos los de la calidad del producto y contenido propuesto; su regularidad; el impacto generado; el grado de consolidación de la empresa y la posible creación de empleo cualificado y estable, etc.

Si nos encuadramos en industrias culturales es legítimo demandar ayudas públicas, como tantos otros sectores sobrados de músculo financiero. De no recibir ninguna y padecer en silencio los recortes, seremos, en todo caso, nanoindustrias culturales.

Etiquetas: , ,

El horizonte digital de las revistas culturales

De acuerdo con los datos que aporta el Estudio de revistas culturales. Realidad y perspectivas 2010, lo que más preocupa a los editores, sus tres primeras tribulaciones, son la distribución (su  baja presencia en los puntos de venta de las librerías y los enormes costes que representa llevar las revistas a los quioscos), la publicidad (o su descenso irrevocable, apenas enjugado por los ingresos provenientes de la web) y los gastos de envío por correo (algo que resulta curioso todavía de leer en  tiempos digitales y que atañe, en cualquier caso, a los acuerdos preferenciales que las asociaciones  deberían poder firmar con Correos). Aun cuando sea feo llevar la contraria a los propios  protagonistas,  no creo que estos sean los problemas reales que afecten a las revistas culturales. Más bien, en todo   caso, síntomas de dolencias más recónditas, indicios de problemas más profundos.

Desde hace ya muchos años las revistas culturales padecen de ciertas afecciones que no terminan de  mejorar, más bien todo lo contrario: el problema no es tanto la distribución, sino la disminución o  desaparición del espacio dedicado en los puntos de venta tradicionales, que ha arrumbado a un rincón  de algunas librerías, en el mejor de los casos, a las revistas que han resistido; el coste inasumible que representa para la mayoría llegar a unos quioscos saturados y abarrotados de novedades, con los  sobrecostes industriales que supone asumir el incremento de las tiradas, el acrecentamiento de los  márgenes comerciales y la repercusión del coste de las devoluciones sobre sus maltrechas economías.  Los distribuidores tradicionales, en cuya cartera las revistas culturales no representan más que  una oferta marginal, se retraen aún más si cabe ante el rechazo de los puntos de venta.

En cuanto a la publicidad, aquellas cuartas de cubierta o contraportadas que servían para amortizar la  inversión en un prototipo si las adquiría una marca de relojes (por poner un caso que conozco bien),  ha  desaparecido. Al igual que en otros medios, ya nadie confía en que ni en la cuarta de cubierta ni en  las tripas de las revistas el emplazamiento de publicidad sirva para incrementar las ventas de ningún  producto. Queda, eso sí, el rescoldo de la publicidad institucional, de los favores personales, de ciertas  dádivas corporativas, pero sobre esos fundamentos inestables, es difícil hacer viable la vida de una  revista. Hace algunos años, de acuerdo con el estudio de Los lectores de las revistas culturales,  publicado también por ARCE, quiso entreverse al prototipo de ese lector culto y adinerado, en  cuarentena avanzada, que compraba revistas o se suscribía, y que era el objetivo predilecto de una  publicidad que debía satisfacer sus anhelos y deseos. Parece, sin embargo, que las empresas que  comercializan productos y servicios de la naturaleza que sea, no están excesivamente de acuerdo con  el dictamen o, si lo están, no consideran que la inversión fija en promoción merezca la pena o vaya a  amortizarse. Por lo que respecta a los costes de envío por correo…

La dificultad de la distribución no estriba en que editores y distribuidores hablen lenguas mutuamente  ininteligibles: el problema radica en que pocos lectores demandan ya un producto que debe competir  por la ocupación del espacio en librerías y quioscos con productos cuyo margen comercial,  ejemplares de venta y velocidad de rotación les supera con creces, y esa realidad es tan terca e insoslayable que no parece que tenga intención de cambiar, más bien al contrario. Quizás, si  sumamos, nos diéramos cuenta de que las fuentes principales de ingresos proceden de las  suscripciones y de las ventas institucionales, desde hace ya mucho tiempo, y que la recuperación de  los espacios de la librería y del quiosco será, en el primero de los casos, una batalla difícil; en el  segundo, imposible.

El siguiente texto es un fragmento del artículo incluído en la memoria Revistas Culturales. Realidad y perspectivas 2010 publicado por la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) en colaboración con el Observatorio de la Lectura y el Libro del Ministerio de Cultura. Pueden encontrarse textos, imprescindibles, de Enrique Bustamente, Germán Rey y yo mismo, junto a un exhautivo estudio de la realidad pluridimensional y amenazada de las siempre necesarias e indispensables revistas culturales.

Etiquetas: ,

El inevitable camino eléctrico de la edición cultural

Hoy, si no estoy mal informado, se ha celebrado la Asamblea anual de un pequeño grupo de editores culturales, los que están asociados en ARCE, los que todavía siguen apostando -en general- por un tipo de edición que propicia la media distancia, aquella que se sitúa entre la inmediatez de la noticia periodística, a menudo desinformada y presa del mito del valor de la inmediatez, y el largo recorrido que los libros favorecen, ese que genera a su alrededor un espacio de reflexión y silencio que otros artefactos no son capaces de crear. Ese valor de la reflexión cualificada y del disfrute literario en la media distancia es, seguramente, una de sus características principales. También lo es que atesoran entre sus páginas -si uno tiene la paciencia de leer la relación de cabeceras que la componen y que, históricamente, la constituyeron- un patrimonio cultural, artístico e intelectual incomparable, una nómina de autores que representan la vanguardia del pensamiento y la creación nacional e internacional.

De esos rescoldos, viven, sin embargo, muchas de ellas, pero las mutaciones actuales del ecosistema informativo han arrumbado a muchas de esas célebres cabeceras a un exilio interno del que seguramente no salgan bien paradas -y lo digo con cierto conocimiento de lo que aseguro-. La asignatura largamente pendiente -no exclusivamente de los editores culturales, pero hoy me centraré en ellos-, es la de la digitalización, no la de la mera conversión facsimilar de sus originales en papel en documentos digitalizados, sino la de comprenderse como generadores y comunicadores de contenidos que deben gestionar digitalmente una nueva cadena de valor. Su supervivencia pasa, en buena medida, por generar comunidades de interés afines que se sientan verdaderamente ligadas a un proyecto, una idea, una afición, y la capacidad de adhesión que la red pueda tener para eso, no es desdeñable, por mucho que los lazos que muchas veces se tiendan sean flácidos y laxos. La National Book Foundation de los Estados Unidos ha concedido hoy -casi al mismo tiempo que se celebraba la asamblea de nuestros editores- su premio anual “Innovations in Reading“, entre otros, a una revista literaria electrónica, Electric Literature, que mantiene como convicción principal “to use new media and innovative distribution to return the short story to a place of prominence in popular culture”.

Haciendo del desparpajo en su diseño y en su publicidad un guiño irónico a sus posibles lectores, valiéndose de todos los formatos y canales asequibles a cualquier editor contemporáneo para llegar a ese lector de nouvelle o relato corto que es el de la media distancia (lo que incluye el papel, sin duda alguna, además de tabletas digitales, teléfonos o cuaquier otro soporte), construyendo Apps específicas en las que consiguen aglutinar ofertas y servicios fácilmente, a través de dispositivos digitales móviles, que congregan a una gran comunidad de posibles interesados -más de 150000 en Twitter, qué envidia-, y utilizando las competencias tradicionales del editor como selector y garante de la calidad de lo que se ofrece -según han atestiguado y rubricado los medios de comunicación norteamericanos más importantes-, han llegado donde están.

El camino de la edición cultural será inevitablemente eléctrico o no será…

Etiquetas: , , ,

La edición cultural: sentido y oportunidades

ARCE celebra hoy y mañana en El Escorial su seminario anual, dedicado este año a reflexionar sobre algo tan acuciante y, a veces, tan desvaído, como la posibilidad de seguir editando contenidos culturalmente exigentes, políticamente comprometedores, intelectualmente desafiantes. A lo largo de todo el día de hoy, jueves 1 de julio, intervendrán Fabricio Caivano (Periodista. Fundador de Cuadernos de Pedagogía. Editor de la revista CLIJ), Antón Castro (Periodista cultural. Coordinador del suplemento Artes y Letras del Heraldo de Aragón, director del programa Borradores de la Televisión de Aragón), Diego Moreno (Editorial Nórdica) y Manuel Rodríguez Rivero (Periodista cultural. Editor). La segunda Mesa, visibilidad de la edición cultural, reúne a Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez (Consultores editoriales. Paradigma Libro), Carola Moreno (Ediciones Barataria), Juan Miguel Salvador (Librería Diógenes), Luis Suñén (Editor y director de la revista Scherzo).

Live Video streaming by Ustream

Canal UStream Futurosdellibro en Directo

Todos ellos, en directo, en el canal TV futurosdellibro.

Etiquetas: , ,
Categorias: General

Editores pequeños, editores culturales, editores de vanguardia

Hace pocas semanas un profesor especializado en comunicación me ensalzaba, en un encuentro sobre las nuevas formas de lectura y, por tanto, de creación, las cualidades de vanguardia, de invención de nuevos lenguajes y formas de expresión de los adheridos a la generación Nocilla. Ese énfasis se notaba -me dijo- en la manera en que su narrativa transgredía los límites de los libros tradicionales para trasladarse, en alguna medida, a las páginas de sus blogs o algunos otros soportes hoy ya preteridos (CDs, etc.). Sin demasiado énfasis ni ganas de polemizar, le hice notar que la gran mayoría de los escritores de vanguardia que mencionaba habían tardado más bien poco en utilizar los medios de comunicación como trampolín para acceder a los medios de consagración más tradicionales, firmando anticipos y contratos jugosos con grupos editoriales que nada tenían que ver con los pequeños sellos que una vez -cuando no eran nadie- apostaron por ellos.

Seguir discutiendo sobre estas cosas culturales entre hornazos y solomillos, es algo difícil, así que ahí se quedó la cosa. El viernes pasado, sin embargo, leí un excelente artículo de Ignacio Echavarría, “Por los cauces establecidos“, que llamaba la atención, precisamente, sobre la aparente paradoja que resulta de que escritores “transgresores” opten por sellos hegemónicos, que nuestro campo editorial esté tan desvirtuado que no quepa establecer ya complicidades estructurales básicas entre editores culturales que defienden los valores de las culturas de vanguardia y autores que inventan esos lenguajes: “resulta elocuente”, dice Echevarría, “que esa promoción de escritores, con una lúcida conciencia de los recursos que el sistema ofrece (me refiero al tontamente llamado “grupo Nocilla”) optara, enseguida que pudieron, por los sellos hegemónicos”. Como en tantas otras ocasiones, hay que volver a Pierre Bourdieu y a las inconmensurables Reglas del arte:

“¿Cómo no percibir?” -se preguntaba el gran sociólogo francés- “algo así como una política de la independencia en las acciones que Baudelaire llevó a cabo en materia de edición y crítica? Sabemos que, en una época en la que el auge de la literatura “comercial” hacía la fortuna de de unas pocas editoriales grandes, Hachette, Lévy o Larousse, Baudelaire prefirió asociarse, para Las flores del mal, con un editor pequeño, Poulet-Malassis, que frecuentaba los cafés de vanguardia: rechazando las condiciones económicas más beneficiosas y la difusión incomparablemente más amplia que le ofrecía Michel Lévy, precisamente porque temía para su libro una divulgación excesivamente amplia, se compromete con un editor menor, pero a su vez comprometido con la lucha en favor de la poesía joven [...] y plenamente identificado con los intereses de sus autores [...]“.

Y Bourdieu afirma, como colofón incontestable, trasladable a nuestro régimen contemporáneo:

“Baudelaire instituye por primera vez la ruptura entre edición comercial y edición de vanguardia, contribuyendo así a hacer que surja un campo de los editores homólogo al de los escritores y, al mismo tiempo, la relación estructural enre el editor y el escritor de combate [...]“.

Quizás el Nocilla team no sea, después de todo, Baudelaire ni Champfleury ni Barbey d’Aurevilly ni Leconte de Lisle. Quizás tampoco los grupos editores de mayor tamaño, con mayor músculo financiero y altavoces de mayores dimensiones, coincidan con Poulet-Malassis y se parezcan más a Michel Levy; quizás tampoco -quiero que se me entienda bien- todos los pequeños sellos editoriales independientes sean, en rigor, sellos de vanguardia, porque su estrategia se basa más en un rescate cómodo y contrastado que un riesgo o complicidad por lo desconocido; quizás algunos grandes sellos miman la transgresión y engatusan a los jóvenes nocilleros con medios y canales que  hubiera sido difícil soñar en otras circunstancias; quizás ninguno de nosotros tenga vocación real de editor o autor pequeños, cultural, de vanguardia e independiente y las antiguas complicidades estructurales, que una vez sirvieron para distinguir a los editores y autores de combate, hoy sean sólo un recuerdo arcaico museizable. Quién sabe…

Los próximos días 1 y 2 de julio,  la Asociación de  Revistas Culturales de España (ARCE), organiza el seminario “La edición cultural: sentido y oportunidades“, y se me ocurre que entre las ponencias y los ponentes se encuentren temas de extraordinario interés para intentar entender si esa dimensión de la edición -la de vanguardia, la que sostiene la pujanza de la cultura y el compromiso político- será un mero residuo histórico o un arma cargada de futuro.

Etiquetas: , , , , ,
Categorias: General