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¿Pincha el ebook?

El viernes pasado el suplemento El cultural publicó un reportaje (predispuestamente) titulado “¿Pincha el ebook? El sector editorial confirma el estancamiento del libro electrónico pero confía en su implantación definitiva“. En la pregunta estaba contenida, en buena medida, la (supuesta) respuesta.

El reportaje, necesariamente polifónico y poliédrico, recogía las opiniones de editores y expertos. El contenido de las entrevistas individuales, obviamente, no puede recogerse literal ni completamente, de manera que muchas veces las opiniones de cada cual pueden aparecer truncadas o incompletas.

Por si pudiera ser de interés para alguien, transcribo el texto completo de la entrevista que Daniel Arjona, periodista de El Cultural, me hizo con ocasión de la elaboración del reportaje (con cuya tesis inicial, no comulgo):

1. En los últimos tiempos los medios hablan de un parón del libro digital en Estados Unidos y Europa. Los lectores parecen reacios a cambiar el papel por el ebook. Pero, en realidad, las cifras no están claras. ¿Cuáles son sus impresiones experimentadas al respecto? ¿Qué datos tiene usted?

Los datos pueden, episódicamente, mostrar una u otra tendencia, al alza o a la baja, pero lo incontrovertible, lo irreversible, es la transición de lo analógico a lo digital. No hay ninguna duda de que este es un proceso que va más allá de la sustitución de los soportes: es un cambio profundo en nuestras maneras de generar, comunicar, compartir y utilizar los contenidos, una transformación completa de nuestro ecosistema de comunicación. No me cabe duda, en consecuencia, que la sustitución de unos soportes por otros, como ha ocurrido siempre en la historia de las transiciones de los medios de comunicación, será progresiva pero plena. Otra cosa es que el público lector tradicional (entre el que me encuentro), forme parte de la especie que McLuhan denominaba “Homo Typographicus” y que mostremos un apego insobornable al libro en papel por muchas razones.

2. ¿En qué posición se encuentra España en lo que respecta a la expansión del ebook en comparación con países como Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Estados Unidos o las países de Latinoamérica?

La transición hacia lo digital es más lenta en todos los órdenes: tanto en el ámbito de los productores (editores y gestores de contenidos digitales de toda naturaleza), que no aciertan a desarrollar un modelo de negocio rentable que sustituya al conocido, como en el de los consumidores, que todavía muestran hábitos de lectura y consumo de contenidos ligados al estadio analógico. Esto, sin embargo, cambiará con seguridad cuando la generación de pesonas que ahora tienen entre 15-19 años tengan el suficiente poder adquisitivo para procurarse los contenidos que apetezcan.

3. Defensores del libro e papel como Roberto Casati lo valoran por servir como defensa contra la sobre-estimulación de un mundo digital “hostil a la lectura”. Ayer, la gente leía libros en el metro o en el bus. Hoy todos miran sus teléfonos móviles. ¿La lectura tradicional está en peligro?

La lectura supuestamente tradicional es lineal, sucesiva, acumulativa, reflexiva, silenciosa, porque la textualidad inscrita en las páginas de un libro exige que la leamos de ese modo. Es cierto que esa forma de lectura, históricamente datada, ha contribuido a que desarrollemos algunas de nuestras capacidades cognitivas de más alto nivel (la inferencia, el pensamiento analítico, la razón científica), pero también es cierto, como reprochaba McLuhan en la “Galaxia Gutenberg” al inventor de la imprenta, que ese tiipo de lectura hace preponderar algunos sentidos sobre otros, mermando en cierto sentido lo que debíamos a la oralidad, el tacto y otros sentidos que no intervienen. La lectura que propician los soportes digitales es naturalmente distinta, porque se agregan contenidos audiovisuales, gráficos animados y simulaciones, anotaciones compartidas y discusiones en línea, además de que los hipervínculos nos invitan a deshacer la linealidad tradicional. Esto no es ni bueno ni malo en sí mismo: es, simplemente, un hecho del que deberemos derivar sus consecuencias en los próximos años sin que eso signifique que debamos dejar de leer como lo hemos hecho hasta ahora.

4. Algunos expertos explican que tenemos un problema psicológico con el libro digital. Un libro en papel es un mapa que el lector puede recorrer en todas direcciones. Un libro digital no lo es es y su lectura provoca cierta sensación de pérdida, de orfandad. ¿Cuál es su opinión?

No creo que nadie haya dicho que puedan derivarse problemas psicológicos de la lectura digital. En todo caso, como decía McLuhan, “toda tecnología inventada y “exteriorizada” por el hombre tiene el poder de entumecer la conciencia humana durante el periodo de su primera interiorización”, y es precisamente en ese momento de entumecimiento y embotamiento en el que nos encontramos. La opocisión que planteas es, en todo caso, artificial: en un libro electrónico o un tablet puede leerse como se lee en un libro en papel, de manera sucesiva y lineal. Los dispositivos que los seres humanos inventaron para facilitar la lectura en papel (índices, numeración de páginas, etc.), se reinventan en los soportes digitales mediante sistemas de etiquetas que permiten navegar por los contenidos de una manera también ordenada y satisfactoría. Mi opinión no puede ser otra que la de McLuhan: nos encontramos en la fase primera del entumecimiento de las conciencias.

5. Los ereaders tipo kindle no se han popularizado tanto como se pensaba y podrían en el futuro servir sólo a un grupo reducido de voraces lectores. La lectura es cada vez más multisoporte: tableta, móvil, pc, y el viejo papel… ¿Cómo ve usted el futuro de la lectura a corto y medio plazo?

Durante el tiempo al menos en que la generación de lectores de 40 años en adelante siga leyendo, ambos soportes convivirán, porque tienen muy arraigado en sus hábitos perceptivos y lectores el uso de los soportes en papel. Otra cosa es lo que suceda con las generaciones de nativos y jóvenes digitales: su predisposición natural será la del uso de soportes únicamente digitales. Nuestra misión como adultos, sin embargo, será la de enseñarles a compaginar esos hábitos con los propios de la lectura en papel. Como sugería Maryanne Wolf en La historia y ciencia del cerebro lector, de lo que se trata es de educar cerebros bitextuales, cerebros bilingües, capaces de realizar una inmersión profunda en la lectura sosegada y capaces de seguir las invitaciones más aleatorias e interactivas de los soportes digitales.

¿Pincha el ebook? No lo creo…

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La avidez de Amazon

En alemán Gnadenlos significa despiadado, implacable, insensible. Hace una semana, el semanario alemán Der Spiegel, publicaba un artículo a propósito de la presencia de Amazon en Alemania y relataba, en otras sabrosas interioridades, que el dominio gnadenlos.com redirigía, directamente, a la página de Amazon, en un claro ejercicio de filiación e identificación de la empresa con un determinado tipo de valores. Y digo que eso fue hace una semana y yo pude comprobar, personalmente, desde una ID alemana que, efectivamente, esa redirección se producía. Hoy, algunos días después, supongo que movidos por el escándalo que el reconocimiento de esa insensibilidad supone, el dominio está a la venta. En todo caso, tal como conté en Las librerías en el mundo, los reportajes televisivos que las cadenas nacionales alemanas emitieron (sobre todo el de ARD, Ausgeliefert! Leiharbeiter bei Amazon) en febrero de 2013, pusieron de manifiesto que las condiciones laborales en las que los trabajadores despachaban los pedidos electrónicos, se acercaban más a los estándares asiáticos que a los europeos. El libro de Jean-Baptiste Malet, En los dominios de Amazon, publicado por Trama, no vino sino a corroborar lo que ya sospechábamos, primero, y sabíamos, después.

Cierto es que para el usuario, para el cliente de Amazon, tanto los precios como los servicios que ofrece carecen casi de parangón (dicho sea de paso, los supuestos escándalos laborales abanicados por los medios de comunicación no han hecho sino aumentar su facturación las pasadas navidades). Su éxito radica, precisamente, en tomarse en serio esa máxima clásica del márketing tradicional que decía que el cliente era el rey, que aquel que demanda un producto o un servicio es el que abona nuestros salarios, en definitiva, y así debe ser correspondientemente atendido. Para alcanzar ese grado de prestancia, Amazon desarrolló varios mecanismos que luego han sido copiados o remedados por otros agentes de la red: algoritmos precisos de recomendación; generación de foros de comentarios (más o menos manipulados, más o menos lícitos) entre lectores; adquisición de redes sociales de lectura; un proceso de compra claro y sencillo, que ha llegado a patentar el procedimiento de compra mediante un solo Click; facilidad en la subida de contenidos y conversión de formatos; creación de una plataforma de autopublicación y autoedición para los aspirantes a la desintermediación; creación, sobre todo, de una cadena de integración vertical cómoda para el usuario y demoledora para la industria (una plataforma rica y variada en contenidos, un formato propietario y un dispositivo de lectura propio que no es mejor ni peor que los demás, pero que proporciona acceso a esa ingente cantidad de contenidos digitalizados). Además de eso, como no podría ser de otra manera, la magnitud de la empresa ha permitido a Amazon, progresivamente, imponer unas condiciones en precios y descuentos a proveedores y empresas que le han permitido abaratar sus mercancias hasta arrasar con cualquier forma de competencia (el famoso dumping en forma de precio para los libros electrónicos de 9,99 $, por ejemplo), abocándoles a una paradoja irresolube (prescindir del canal de Amazon y condenarse a la invisiblidad o aceptar las condiciones del gigante entrando en pérdidas y perdiendo los canales tradicionales de venta).

 

Manuel Gil y yo escribimos en El paradigma digital y sostenible del libro, en el año 2011, que los agujeros negros no tiene la culpa de comportarse como tales, absorbiendo toda la energía y la masa que encuentran a su alrededor. La culpa, en todo caso, es de quienes se acercan al agujero negro y de quienes no han ideado galaxias alternativas. Yo soy de los que ni siquiera piensa que Amazon esté incurriendo en ninguna forma de ilegalidad por tributar en paraísos fiscales, como Luxemburgo, porque la responsabilidad, una vez más, no es de quien se aprovecha de esa prerrogativa fiscal, sino de quienes no han querido o no han sabido ponerle coto mediante una armonización fiscal a escala europea. Tampoco creo, al contrario que Jean Baptiste Malet, que Amazon sea una amenaza para la sociedad democrática, porque desarmar las cadenas de valor tradicionales mediante las potencialidades que la red ofrece (incluida la del libro), es un ejercicio no solamente lícito, sino irreversible. Y si nuestra conciencia como consumidores no nos lleva a preferir a los proveedores locales mediante un acto de compra justa y responsable (como pretende el movimiento de Buy local, promovido por los libreros alemanes), no podremos achacar tampoco a Amazon que los pedidos sigan amontonándose en su carrito de la compra.

Plantear una alternativa a este modelo multinacional, naturalmente agresivo, ávido y despiadado, no creo -en contra de lo que la Ministra de Cultura francesa, Aurélie Filippetti ha venido declarando -tanto en Le Figaro como en Le Monde- que deba basarse en una táctica de denuncia al supuesto malhechor (como hacen reiteradamente quienes no saben cómo proceder); debería basarse, más bien -en contra de la desconfianza de aquellos que creen que las iniciativas gremiales o institucionales están de más-, en una respuesta unificada de los gremios afectados mediante la creación de plataformas agrupadas propias y en la generación de una conciencia de compra responsable mediante la difusión de campañas al público lector.

Todo lo demás, mucho me temo, no será más que contribuir a que la avidez por conquistar nuevos sectores siga alimentado la expansión de ese agujero negro que es Amazon.

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Los futuros del libro de nuevo

Bueno, ya lo tenemos todos. Unos por una vía y otros a través del correo enviado por el Gremio de Editores. Turning the page: the future of eBooks, es el informe desarrollado por PriceWaterhouseECoopers donde vaticinan el aspecto que la industria editorial y sus productos tendrán en un futuro cercano. Comienzo por la conclusión, tan conocida ya por quienes llevamos algunos años reflexionando sobre su devenir, que nos ha parecido insulsa y alicorta, pero al menos con la virtud de reconocer que el futuro es el de la convivencia: “los ebooks se establecerán como un formato de libro adicional junto a los libros de bolsillo y los de tapa dura”, se afirma en el punto final del estudio, “Con el Kindle, Amazon ha mostrado los criterios necesarios a este respecto. Al final de julio de 2010, Amazon informó que había vendido un millón de copias de la trilogía Milenium de Stieg Larsson a través de su librería virtual. Si queremos que los mercados para los libros electrónicos legales se establezcan y que los editores puedan obtener algún beneficio de su desarrollo, es esencial que todos los proveedores consideren el proceso de digitalización de la industria del libro como una oportunidad para convertir la lectura en una ocupación popular de uso del tiempo libre para todos los grupos sociales, incluidas las generaciones más jóvenes. Generar beneficios a partir de los ebooks no será sencillo, pero los editores, los fabricantes de dispositivos, y las tiendas online tendrán que trabajar en colaboración centrándose en las necesidades de los usuarios, asegurando de esta manera una transición sosegada y exitosa”.

Hasta aquí, poco nuevo y mucho consabido. En todo caso, confirmación de lo que muchos especialistas, desde las trincheras de sus blogs y otros canales digitales, llevan mucho tiempo discutiendo. “Los editores”, continúan esas conclusiones, “tendrán que explicar a los lectores las ventajas de los eBooks y los eReaders: fiabilidad, funcionalidad, facilidad de uso. Además de eso, dispositivos usables con vínculos permanentes a tiendas en línea; beneficios claros y bien comunicados a los posibles usuarios, una combinación inteligente de  todos los canales de distribución y un amplio espectro de contenidos son las claves del éxito”, es decir, todo lo que nos queda todavía por hacer. “Los Ebooks”, termina el equipo de consultores, “no reemplazarán al libro en papel”. Qué alivio… “Estarán disponibles en paralelo junto a los libros impresos y estimularán el comportamiento lector”. Y la fanfarria final, el llamamiento a las dispersas tropas editoriales para que cierren filas en torno al futuro digital que les aguarda: “el mercado del libro encara un futuro excitante. Si los editores quieren beneficiarse de ese proceso, deben invertir ahora”.

Un trabajo interesante y valioso, en todo caso, para conocer los hábitos de compra y consumo de los lectores (no españoles, porque la muestra no los incluye), los factores que realmente parecen influir en su percepción sobre los nuevos soportes y, en consecuencia, las tendencias que de ahí parecen derivarse (yo siempre hubiese pensado que una puesta en página armónica, una caja equilibrada, unos tipos bien diseñados, y un dispositivo que no pareciera una máquina de coser deberían ser elementos determinantes, además de pluralidad en la lectura de los formatos y una buena y nutrida oferta editorial, pero no, parece que no siempre coincide el criterio de quienes nos dedicamos a ello con el de quienes leen y compran). Menos interesante, al contrario, en todo lo que respecta al cambio de paradigma en la industria editorial, a la reconfiguración de su cadena de valor y al papel que sus diversos agentes deberán jugar.

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Razones para la convivencia

Hoy empieza Liber y vamos a hablar, de nuevo, de la posible, probable o deseable convivencia entre los soportes, del lugar que cada uno acabará ocupando en un ecosistema redefinido donde, qué duda cabe, los dispositivos digitales, la nube intangible de libros ubicuamente accesibles, se convertirá en el sueño de la gran biblioteca universal. En todo caso, en la efervescencia de las opiniones y del subidón digital, creo que conviene siempre reparar en la perfección de la tecnología de que disponemos y en su asociación con determinados procesos cognitivos. Si tuviera que intentar resumir en una frase la razón por la cual perdurarán, al menos durante un trecho del tiempo que nos aguarda, los libros en papel, diría: fijaos en cómo ese artefacto nos obliga a leer su contenido de manera lineal, sucesiva, acumulativa, obligándonos a profundizar, progresivamente, en sus sucesivas capas de sentido, a anticipar lo que quizás suceda, a inferir las razones por las cuales algo pase, a comprender, profundamente, los argumentos o las ideas que un autor expone, a conformarnos con ellas, a aceptarlas, a rebatirlas quizás, a formanos nuestra propia opinión crítica sobre lo expuesto. Esta forma de leer, inmersiva, envolvente, que exige bucear hasta las profundidades abisales del sentido, es una propiedad inherente a los libros hecha, además, con la materia prima fundamental: el lenguaje.

Ese será uno de los argumentos que expondré esta mañana:
Convivencia de formatos

Para quien quiera, además, seguir en directo las charlas del Liber 2010, a partir de las 11 de la mañana (hora española), puede hacerlo aquí:

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