Posts etiquetados con ‘Ecoedición’

Ecolibros

Quizás el encuentro no posea la proyección internacional que tiene el Congreso de la lengua que se está celebrando estos días en Panamá ni alcance el eco que pueda lograr el I Congreso del Libro Electrónico que tendrá lugar los dos próximos días, pero no por eso me parece menos interesante. Diría aún más, como hacían Hernández y Fernández: me parece igualmente decisivo para el futuro y la sostenibilidad de la industria editorial. Me refiero al encuentro del Parlamento de la Ecoedición que tiene lugar hoy en Barcelona en el que se presentan los resultados del proyecto europeo Greeningbooks, las herramientas que se han desarrollado para permitir a todos los agentes de la producción de libro tradicional evaluar el impacto medioambiental y económico que sus decisiones tienen para elegir alternativas ecológicas sostenibles y, siempre, a la larga, más baratas.

En los primeros Parlamentos celebrados en los años anteriores, se publicaron ya materiales que, de haberlo querido la industria, hubieran servido para propiciar una transición de un modelo anacrónico y antieconómico, de enorme impacto medioambiental, a un modelo progresivamente sostenible y ecológicamente respetuoso. Me refiero sobre todo al ahora renovado y reeditado Manual de la buena ecocedición, que debería estar en la mesa de los directores editoriales, de los directores de producción, de los diseñadores y de cualquier interesado en practicar una edición respetuosa. Existían algunos otros antecedentes, como el Sostenible de Aaris Sherin que se publicó en el 2009 o el más incompleto Manual sobre ecoedición que publicó con algo de precipitación la Junta de Andalucía.

Los expertos en comunicación recomiendan que se utlicen mensajes positivos para reforzar la buena predisposción de los apelados, así que voy a hacer todo lo contrario: tal muestra el mapa superior (Fuente WWF Australia y Globaltimber.org.uk 2007), se practican actividades extrativas ilegales de pasta virgen para elaboración de papel en países como Brasil, Africa Central, Birmania, Indonesia, Papua Nueva Guinea y Rusia, y España es uno de los principales países importadores aunque todas las directrices internacionales apunten en el sentido contrario. Mientras tanto, el último informe del Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), Climate change 2013, que ha pasado casí sin pena ni gloria oscurecido por nuestros pesares más inmediatos, apunta hacia lo irremediable: de no interponerse una acción inmediata contra los factores humanos que inciden en el calentamiento global, alcanzaremos cifras de hasta 4,8 grados por encima de las medias actuales. No imagino tarea a acometer más urgente que esta.

Todos sabemos hace ya mucho tiempo que los soportes electrónicos no son la solución y que el escándalo de la basura digital gestionada en países del tercer mundo es una más de las vergüenzas que asumimos con displicencia. Quienes realizan publicidad de soportes digitales de lectura como alterantiva ecológica, no hacen otra cosa que publicidad engañosa.

Existen, para las empresas que quieran seguir ofreciendo servicios y productos en papel, herramientas en línea, desarrolladas por el proyecto Greeningbooks, que les permitirán evaluar el ciclo completo de vida de las materias primas que utilizan calculando su impacto y las alternativas más viables. Bookdaper es esa herramienta, de libre acceso mediante registro, que permite realizar esa aproximación sostenible al proceso de producción. En sus propias palabras, “BookDAPer permite que los editores, diseñadores e impresores de publicaciones en soporte papel puedan generar y obtener la ecoetiqueta bDAP de sus publicaciones. Esta ecoetiqueta bDAP y su información puede incluirse en la propia publicación para informar al lector del comportamiento ambiental de la publicación en cuestión.”

No imagino tarea más urgente para la edición como industria y para los lectores como consumidores -por mucho que las urgencias cotidianas nos apuren y apenas nos dejen vislumbrar el futuro- que la de abordar la producción sostenible de los ecolibros, el ecodiseño de los libros del futuro.

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El irreversible final de la industria gráfica

El irreversible final de la industria gráfica, al menos tal como la conocíamos, podría ser el título completo de la entrada de hoy. Es posible que algunos, nada más leer el título, piensen que soy un agorero, un pájaro de mal agüero, un entremetido inexperto, pero como los hechos suelen ser tozudos y las noticias circulan sin fronteras, esta semana ManRoland AG, una de los mayores fabricantes del mundo de maquinaria para la producción gráfica, ha realizado una regulación de empleo que ha puesto en la calle a 5000 personas y ha iniciado un procedimiento jurídico para declararse insolvente.

Es seguro que existe más de una causa para explicar ese suceso: la extraordinaria competencia entre los fabricantes de la misma maquinaria; la migración progresiva de muchos productos gráficos en soportes tradicionales a soportes digitales; la merma paulatina del volumen de los trabajos dedicados al mercado editorial; los impagos sucesivos de aquellos clientes que no tienen ya con qué pagar la deuda contraída en la compra de máquinas millonarias; el desplazamiento inelectuble de los átomos a los bites, de un modelo económico analógico a otro digital. Recuerdo ese pasaje premonitorio de Being digital, el panfleto anticipatorio de Negroponte:

Today, I see my Evian story not so much being about French mineral water versus American, but illustrating the fundamental difference between atoms and bits. World trade has traditionally consisted of exchanging atoms. In the case of Evian water, we were shipping a large, heavy, and inert mass, slowly, painfully, and expensively, across thousands of miles, over a period of many days. When you go through customs you declare your atoms, not your bits. Even digitally recorded music is distributed on plastic CDs, with huge packaging, shipping, and inventory costs.

This is changing rapidly. The methodical movement of recorded music as pieces of plastic, like the slow human handling of most information in the form of books, magazines, newspapers, and videocassettes, is about to become the instantaneous and inexpensive transfer of electronic data that move at the speed of light. In this form, the information can become universally accessible. Thomas Jefferson advanced the concept of libraries and the right to check out a book free of charge. But this great forefather never considered the likelihood that 20 million people might access a digital library electronically and withdraw its contents at no cost.

The change from atoms to bits is irrevocable and unstoppable. Why now? Because the change is also exponential—small differences of yesterday can have suddenly shocking consequences tomorrow.

Es posible que así sea y que la transición sea irreversible y que la industria que basaba su trabajo en el transporte de los átomos carezca, en buena medida al menos, de sentido. Al menos es obvio que gran parte de su modelo de negocio, basado en las grandes tiradas de offset o bobina para la industria periodística y editorial, está en las últimas. Que la mayoría lo sabe, y se agarra como un clavo ardiendo a las últimas evidencias y a los últimos encargos.

Adivino que el margen de maniobra que le queda a la industria gráfica en su relación con la editorial pasa por dos sitios: la impresión digital o bajo demanda, a pedido, para ofrecer servicios a puntos de venta, estén donde estén, o a editoriales, instituciones y particulares; la reconversión sostenible de la industria, hoy todavía inapropiadamente contaminante, la tercera industria mundial, según datos fehacientes, por consumo de combustibles fósiles. CEGAL ha comenzado a dar pasos -tal como presentó en el Congreso Nacional de Libreros y en el último LIBER-, para comenzar a pensar en serio qué significa producir y vender después de comprar; el Parlamento de la Ecoedició en Cataluña, con Jordi Bigués a la cabeza,  fue pionero en la preocupación por verdear la industria editorial, y hay que agradecerle los esfuerzo por inventar indicadores como la mochila ecológica, que pretende calcular el impacto de C02 en la producción de un libro.

Mañana se celebra en Madrid un encuentro que cobra mayor sentido y relevancia a la luz de lo antedicho: “Mejora medioambiental del producto impreso. Incremento de la competitividad a través de estrategias de ecoedición“, organizado por Batsgrahp con la participación de algunos de las personas que más están haciendo en los últimos años por la transformación de esta industria: el propio Jordi Bigués o Gonzalo Anguita. Es un buen sitio para pensar sobre el irreversible final de la industria gráfica tal como la conocíamos y sobre su posible reverdecemiento.

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Los secretos de la ecoedición

No hay seguramente prioridad más absoluta ni reto más importante que el de la reconversión sostenible de todas las industrias, que el de concebir el ciclo de vida completo de las materias primas que utilizamos para fabricar nuestros productos desde su cuna hasta su reutilización, cradle to cradle, un metabolismo técnico dentro del que cada elemento que usemos para construir un libro sea reaprovechable. El conjunto de la cadena de valor del libro produce un impacto sobre el medioambiente que sobrepasa en intensidad al de los vuelos transoceánicos -la fabricación del papel; la confección de los prototipos; su producción; su distribución-. A nadie mínimamente comprometido con el futuro del planeta y de nuestros hijos debería pasarle desapercibido este hecho.

El grupo de trabajo más serio y comprometido en nuestro país es el grupo de Ecoedició de Cataluña, grupo que comenzó en el año 2008  la organización de foros de discusión en torno a este asunto candente, en lo que dieron en llamar el Parlament de la Ecoedicio, y que ahora nos regala con una obra que se echaba en falta y que es el principio de muchas otras que tendrán que venir a continuación: Els secret de l’ecoedició pretende convertirse en una guía básica que todo editor, realizador, diseñador e impresor deberían conocer para aminorar, reducir o, mejor aún, suprimir, el impacto que su trabajo causa sobre el medio. Las recomendaciones que Jordi Bigués -una referencia fundamental en el ámbito de la ecología y la ecoedición, pionero en el cálculo de la huella de carbono de las publicaciones, lo que él denominara la mochila ecológica- proporciona son atinadas y suficientes para comenzar a rediseñar nuestros procedimientos de trabajo.

Meritorio por su intención pero insuficiente por su alcance es el Manual sobre ecoedición publicado por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Tiene la virtud de indicar cuáles son los temas que debemos incluir en nuestra agenda; tiene la inconsistencia de no profundizar con suficiente detalle y conocimiento en las materias que aborda.

En la tradición anglosajana existe ya una importante producción de guías de ecodiseño editorial que son de obligada consulta: la más interesante y completa de todas, la referencia seguramente fundamental, que ahonda con más discernimiento y aporta más datos relevantes, sea la de Green graphic design, en cuya página web, además del texto completo del libro, pueden encontrarse materiales adicionales que nos ofrecen vías de indagación novedosas para todo aquel que quiera tomarse en serio la edición verde.

Está al alance de nuestra mano repensar nuestros procedimientos de una manera juiciosa y respetuosa con nuestro entorno. Está al alcance de nuestra mano desvelar los secretos de la ecoedición .

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Por una ecoedición responsable

El boletín de primavera de “Libros amigos de los bosques“, una de las campañas promovidas por Greenpeace para fomentar entre los miembros de la industria editorial y de las artes gráficas una verdadera conciencia ecológica, alerta del uso indiscriminado de pastas procedentes de bosques primarios, sobre todo de Indonesia, entre los productores y editores españoles. Hace no demasiado tiempo la WWF alemana realizó  un análisis titulado Tala de bosques tropicales para libros infantiles en el que demostró que 19 de los 51 libros analizados aleatoriamente contenían pulpa de maderas de bosques tropicales sin trazabilidad ninguna, la mayoría de ellos impresos en China, país que importa el 50% de la pasta de papel producida (a menudo ilegalmente) en Indonesia. Esa constatación levantó en la última Feria del Libro de Frankfurt un revuelo comedido, porque solamente se celebró un acto (al que asistí, en el stand de las academias coaligadas del libro) en alemán con presencia de algunos de los editores dispuestos a realizar un acto de contricción.

Los responsables de la campaña alertan de la importanción sin trazabilidad de pastas indonesias a bajos precios y solicitan al conjunto de los agentes responsables de la cadena de aprovisionamiento del libro que cambien radicalmente de perspectiva: “Greenpeace pide a la
industria editorial y de las artes gráficas que asuma su responsabilidad con el medio ambiente y rechace aquellos productos papeleros procedentes de la degradación y destrucción de los bosques, en especial de los bosques primarios. Para ello, Greenpeace demanda al
sector que incorpore criterios ecológicos en la producción de libros y revistas y, de manera especial, que implante políticas de compra  de papel responsables con el medio ambiente y la sociedad. Los bosques primarios son grandes extensiones de bosque virgen, que han sido mayormente destruidos y que hoy en día sólo ocupan el 7% de la superficie terrestre. Son vitales para el equilibrio del planeta, el mantenimiento del clima y los ciclos hidrológicos, asimismo para la supervivencia de muchas culturas indígenas. Por eso, la prioridad del proyecto es que la industria editorial española termine con la compra de papel procedente de empresas que son responsables de la  destrucción de estos bosques”.

Cradle to grave

La industria editorial siempre ha sido extractiva, porque su modelo de producción sigue estando anclado en la revolución industrial, pero es hora de que se cobre plena conciencia de que esa cadena de aprovisionamiento y de generación de deshechos es irresponsable e insostenible. Compañías como Coca-Cola, Starbucks o Nike -por mencionar ejemplos de grandes multinacionales capaces de pensar más allá del beneficio cortoplazista-, trabajan reconstruyendo su cadena de aprovisionamiento junto a las comunidades que les proporcionan las materias primas necesarias para construir sus mercancias -los acuíferos, el café o los tejidos-. Trabajan por el futuro de las siguientes generaciones y trabajan, también, por su propio futuro.  Nuestra industrial editorial, nuestra industria de las artes gráficas, sin embargo, no ha desarrollado hasta hoy iniciativas colegiadas que fomenten esta inaplazable conciencia ecológica.

En Cataluña se celebrará el próximo día 9 de junio una iniciativa ejemplar que ya viene de lejos: la segunda reunión del Parlamento de la Ecoedición. Uno de los instrumentos más útiles y necesarios cuya extensión debería ser de obligado cumplimiento, es el de la mochila ecológica: la medición de la energía utilizada en la fabricación del papel usado en cada libro; la emisión de CO2 a la atmósfera emitida en el proceso de su producción y distribución; la cantidad de agua que se ha utilizado en la fabricación del papel (más información, sobre todo, en IFEU). Además de promover esa auditoría, el Parlamento, junto a Greenpeace, promueven el uso de papeles FSC certificados, único sello que garantiza un verdadero equilibrio de las explotaciones madereras en acuerdo y armonía con las comunidades de donde se extrae esa materia prima.

El día 10 de junio, un día después del inicio de las sesiones parlamentarias, se celebra el Congreso Nacional de Artes Gráficas, al que tengo el honor de haber sido invitado. Por pura coherencia les propondré lo mismo que dejo escrito aquí: emprender un camino sin retorno hacia una verdadera ecoedición responsable.

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