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El gremio que el sector necesita

En noviembre de 2014 añadí una entrada en esta bitácora, ¿Qué gremio necesita el sector?, refiriendo los resultados del taller que el Gremio de Editores alemanes había convocado en torno a la configuración y funciones del futuro gremio editorial. Todas las sugerencias apuntaban a un esfuerzo consciente y colectivo por construir estructuras transversales, grupos de trabajo heterogéneos, espacios de colaboración entre profesionales provinientes de distintos sectores, con el fin de intentar dar solución a los retos forzosa y necesariamente globales a los que todos nos enfrentamos. Una solución conscientemente alejada, por tanto, de las rígidas y envaradas estructuras de los gremios actuales, deudoras de una concepción particularista y corporativa del oficio que excluye toda forma de entendimiento y colaboración  y de una idea excluyente y darwinista de los negocios que practica la política de la tierra quemada y la monopolización.

Si introducimos a una rana en agua caliente, saltará fuera, advertida por la temperatura; si introducimos a una rana en agua fría, permanecerá dentro, cómoda en su elemento. ¿Qué tiene que ver esta observación naturalista con el sector editorial? Alexander Skipis, el hasta ahora presidente del parlamento del gremio, ha advertido, literalmente, que “mientras sigamos viviendo en la zona de confort, quizás no nos demos cuenta que el agua se irá caldeando alrededor nuestro”, y que eso podría acabar siendo causa de nuestro ahogamiento y extinción.

Los editores alemanes, al contrario que otros gremios más asentados en sus certezas inamovibles y en sus cálidos entornos, han decidido de manera prácticamente unánime transformar por completo la estructura corporativista tradicional en beneficio de la creación de grupos de trabajo transversales, con intereses temáticos compartidos, que fomenten y permitan la colaboración y la resolución de los problemas comunes. Una versión complementaria y poliédrica de los problemas que antes se percibían y observaban como privativos y que ahora se entienden y abordan como comunes:

  • La asociación -añade Skipis- tiene la intención de desmontar por completo el gremio tradicional: el hecho de que cada vez existan más contenidos autopublicados y autopromovidos, que no tienen cabida en el seno de la asociación tradicional, tiene que ser un signo de advertencia;
  • Será necesario, en este movimiento de transformación, generar espacios en el que todos los gremios implicados encuentre su lugar y su canal para expresar y poner en común sus intereses y preocupaciones, para articularlos en un discurso común;
  • Los cargos electos, tradicionalmente por un periodo de tres años, deben dar paso a nuevas fórmulas de trabajo y colaboración: ¿qué hacer con todos aquellos nuevos miembros que quieren aportar sus competencias pero no lo desean hacer por un periodo de tiempo tan extenso? ¿De qué manera integrar sus conocimientos y habilidades en el proceso de trabajo común?

Algunas de las prioridades de la nueva configuración profesional son la de potenciar el trabajo en red, la de facilitar y acelerar los procesos de decisión adelgazando las estructuras burocráticas y los niveles de responsabilidad, la de propiciar este cambio estructural paso a paso, con la connivencia y aprobación de todos sus miembros.

¿Por qué, en definitiva, una reforma estructural tan ambiciosa?: porque la cadena de valor tradicional -de acuerdo con lo expuesto por los editores alemanes- se transforma aceleradamente, porque el comercio electrónico, la digitalización y la externalización de los servicios contribuyen, también, a su reconfiguración. Porque existen, cada vez más, intereses comunes y compartidos entre los miembros de los que fueran antaño distintos gremios. Porque existen nuevos participantes en el mercado editorial que difuminan por completo las estructuras conocidas. Como asociación que quieran representar al conjunto de los profesionales del libro y quiera intermediar en los intereses particulares de cada cual -reconocen los profesionales alemanes-, debe transformarse profundamente.

Los puntos fundamentales de esa reforma son:

  •  La organización compartimentada será rehecha paso a paso, en un proceso de aprendizaje continuo e iterativo en el que se recojan las experiencias y opiniones de todos los participantes;
  • La parte fundamental y central de esta reforma es la de la creación de los grupos de interés, grupos de trabajo compuestos de manera autónoma por los socios, abiertos a cualquier partipante que quiera y pueda aportar algo de luz sobre el asunto que se trate. Los portavoces de cada uno de esos grupos participarán, a su vez, en el Comité de Dirección general para transmitir las ideas y opiniones de su grupo particular. Los grupos y círculos de trabajo ya constituidos, se transformarán en grupos de interés.
  • Las diferentes taskforces, nombradas por el Comité de Dirección, estarán constituidas por expertos de las diferentes ramas de la edición.
  • Algunso de los comités técnicos actuales -distribución, etc.-, seguirán trabajando, si bien en una segunda fase la aspiración es que se transformen en grupos de interés.

El próximo 19 de junio tendrá lugar la siguiente reunión para deliberar sobre la reforma estructural del gremio, para abordar colectivamente el futuro del sector.

¿Para cuándo una reflexión, entre nosotros, sobre el gremio que el sector necesita? ¿Para cuándo un despertar de nuestro particular dolce far niente?

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La cadena de suministro (digital) del libro

Bajo esta título aparentemente letárgico, se esconde, sin embargo, toda una revolución en la manera en que compraremos y accederemos a los libros: en los últimos días algunos hemos recibido un sucinta guía titulada “¿Cómo se complementan los distintos proyectos para la mejora de la cadena del suministro del libro: SINLI + DILVE + CEGAL en RED?”, que pretende aclarar, precisamente, cuál es el vínculo que existe entre tres iniciativas que están condenadas a confluir, cada una de ellas puesta en marcha, en su momento, por un colectivo profesional distinto: FANDE (distribución), FGEE (editores) y CEGAL (libreros) respectivamente. Claro que faltó una clara voluntad de coordinación previa, pero seguramente sea achacable a que nadie preveía que la revolución digital forzaría a todos a entenderse.

Cadena Sinli

Lo chocante de la propuesta actual es que la cadena concluya dentro de la librería sin que el usuario, el cliente y el lector tengan acceso a la información que se suministra, algo que me atrevería casi a calificar de inconcebible en los tiempos que corren porque, ¿qué razón puede esgrimirse para que un usuario no tuviera acceso a través de la web a una plataforma comercial única, una verdadera distribuidora digital, a todos los registros bibliográficos y la oferta editorial del país?, ¿o a qué razón podría recurrirse para negarles a las librerías la posibilidad de implementar terminales táctiles a través de los que sus clientes pudieran visualizar, ordenar y adquirir esos mismos títulos, llevándose la comisión que correspondiera? La construcción lógica que los gremios nos ofrece es insuficiente y conviene pensar la manera de aprovechar las tecnologías a nuestro alcance y los protocolos ya establecidos para ofrecer a los lectores la posibilidad de elegir autores, títulos, formatos, soportes, desde su propio terminal o desde el espacio de la librería. Ahora mismo, me da la impresión, nos hemos quedado a mitad de camino, intentando salvaguardar la cadena de valor tradicional agilizándola, tímidamente, mediante el uso de aplicaciones digitales, pero pronto veremos -cuando Google Editions funcione a pleno rendimiento, cuando Amazon España se coma el mercado- que la única vía capaz de garantizar una cierta independencia a los agentes editoriales sería hacer uso de sus propios recursos.

Cadena de suministro ampliada

Consiento que el dibujo no es gran cosa -falta de pericia, de tiempo y de salud-, pero debería parecerse, más bien, a algo así, una nueva cadena de suministro digital del libro.

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