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#PISA2012. Tenemos un problema (sin resolver)

Si pusiéramos un potro no entrenado previamente a correr en la carrera de Royal Ascot, junto a los más templados y adiestrados pura sangres, no nos extrañaría que el pobre animal llegara el último. Eso en el hipotético caso de que llegara y no se hubiera estampado contra uno de los gigantescos obstáculos de la pista. Supongo que por reflejo o intuición caballuna (si es que eso existe, tengo poco al día mis conocimientos de etología) el potro hubiera intentando saltar, dando lo mejor de si mismo, pero al final habría tenido que renunciar. Sé que el simil o la analogía quizás no complazca a todo el mundo pero, ¿a alguien que conozca el sistema educativo español, basado todavía en buena medida en el imaginario industrial del siglo XIX, puede extrañarle que nuestros alumnos no sean capaces de resolver problemas de manera autónoma, trasladando el conocimiento supuestamente aprendido, a situaciones novedosas? ¿A alguien puede sorprenderle que primar la memorización, la repetición, la copia y la notación, la resolución de problemas descontextualizados, resulte en una pobrísima ejecución cuando de lo que se trata es de aplicar lo aprendido a situaciones del mundo real? ¿A quién, que no haya pisado un aula, puede asombrar que nuestros alumnos sean (casi) incapaces de tomar decisiones responsables, de gestionar su proceso de aprendizaje, de trabajar colaborativamente, de discriminar críticamente entre las muy diversas fuentes de información a su alcance, de aplicar, en fin, el conocimiento en nuevos contextos para la resolución de problemas vinculados a la vida real? A nadie, sin duda. No sé nada de hípica, pero estoy seguro de que el potro no ganará Ascot este año.

Los resultados de #PISA2012, por eso, redundan en lo que ya sospechábamos o en lo que ya sabíamos: la pedagogía del siglo XXI ha puesto de relieve que no cabe seguir sosteniendo los supuestos del imaginario industrial y que necesitamos alumnos capaces de buscar información, discernir su valía, utilizarla críticamente para la resolución de los problemas planteados, discutir colaborativa y constructivamente las opciones, desarrollar prototipos como soluciones plausibles a los problemas planteados, ser capaces de comunicar públicamente sus dudas y sus certezas, reflexionar sobre los resultados alcanzados y aplicarlos a la mejora de los suspuestos previos. Alumnos que se fijan objetivos consensuados de aprendizaje, que son capaces de gestionar el desarrollo de su proceso de aprendizaje, que confían en quien les acompaña (un profesor convertido en mentor y en colaborador), y que resuelven creativamente los problemas a los que se enfrentan. Si el entorno de enseñanza y aprendizaje fuera así y tanto nuestros espacios, nuestras pedagogías y nuestros profesores estuvieran preparado para ello, quizás ganáramos Ascot, o puntuáramos mejor en #PISA2012. Hasta la Secretaria de Estado de Educación, que compareció ayer en directo para explicar los resultados del estudio, tuvo que reconocer que nuestras pedagogías estaban ancladas en la memorización y la repetición, y que eso no era suficiente para encarar el siglo en que vivimos.

[Fragmento de la presentación #rEDUvolución. Por un modelo de aprendizaje radical. La Coruña. Compartindo boas Prácticas. Encontros de intercambio de experiencias educativas. 10 abril 2014]

Sabemos, además, por si pudiera cabernos alguna duda cincuenta años después de los primeros estudios de sociología de la educación, que los resultados vienen predeterminados por el capital educativo y socioeconómico de los padres, que suele heredarse como una losa, y que solamente se levanta, tímidamente, cuando el entorno escolar proporciona confianza y atención personalizada a los alumnos (como puso de manifiesto ayer la intervención de José Manuel Cordero (Universidad de Extremadura) “Superando las barreras: factores determinantes del rendimiento en escuelas con un entorno desfavorable“. Si eso es indiscutiblemente así, la única discusión que deberíamos estar manteniendo es de qué manera creamos escuelas comprehensivas, entornos de aprendizaje que no dejan a nadie atrás, comunidades dialógicas que presten atención individualizada a cada alumno, entornos cuya única obsesión sea la de potenciar las competencias y talentos de cada alumno mediante procedimientos de evaluación capaces de valorar su maduración, no su mera capacidad de memorización y repetición.

Para ser enteramente justo, por primera vez se ha puesto en marcha esta misma semana, dentro del ámbito de Educalab (gestionado por el INTEF), un MOOC dedicado al Aprendizaje basado en proyectos #ABPmooc, una experiencia pionera a la que han concurrido 4000 profesores con la esperanza de poder trasladar a las aulas, cabalmente, el método de aprendizaje que demanda el currículum del siglo XXI. Es cierto que en la LOMCE hay retazos de alusiones al aprendizaje basado en el descubrimiento y la investigación, pero si así lo reconoce, ese marco normativo debería impulsar un currículum transversal, basado en el diseño de tareas integradas y, claro, en el aprendizaje basado en proyectos y en resolución de problemas. No hay aprendizaje significativo, aprendizaje valioso y útil, si previamente no se ha desarrollado el gusto y la capacidad por la indagación y la resolución de casos y situaciones diferentes.

Quizás así pudiéramos resolver el problema de no saber resolver problemas… y ganar Ascot de paso.

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