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Revistas culturales y jóvenes lectores

El National Literacy Trust, esa organización benéfica privada dedicada en el Reino Unido a la promoción de la lectura que tanta envidia me genera, ha puesto en marcha hace unos pocos días un nuevo programa de alfabetización: MagAid, acrónimo que suma dos sustantivos, Magazine y Aid, revista y ayuda o, dicho de otra manera, de qué manera pueden las revistas contribuir a la mejora de la alfabetización de los jóvenes en peligro de exclusión.

La ocasión la pintan calva, dice el refrán, y ahora, precisamente, que nuestras revistas (sobre todos los culturales, las que nutrían las hemerotecas de las bibliotecas públicas) pueden perder el poco contacto que les quedaba con sus escasos lectores (debido a los tijeretazos presupuestarios de los nuevos sastres de la cultura), quizás fuera el momento de redoblar el esfuerzo por acercarse a quienes deberían constituir el relevo generacional de sus potenciales lectores.

Necesitaríamos un young readers programm, un programa que valiéndose de las revistas culturales, presentes en los diversos ámbitos temáticos que pueden interesar a cualquier joven (cine, teatro, artes plásticas, literatura, etc.), acercara la riqueza de esas cabeceras a quienes necesitan (aunque no siempre lo sepan) formarse criterios sólidos sobre cuestiones que les atañen, más allá de las fuentes que puedan encontrar en la red. O ahora, mejor dicho, al mismo tiempo que las que puedan encontrar en la red, porque según nota de prensa recientemente publicada “la asamblea de socios de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) aprobó en su reunión anual, celebrada el 26 de abril en Madrid, la modificación de sus Estatutos que posibilitan, a partir de ahora, la incorporación plena a la entidad de todos los editores de revistas culturales, con independencia del soporte en el que publiquen”, algo que se caía hace ya mucho tiempo por su propio peso. No hace falta insisitir a estas alturas en que si uno pretende ser editor en el siglo XXI no cabe hacer distingos sobre el soporte en el que se ofrecen los contenidos.

Los jóvenes necesitan instrumentos que refuercen la formación de su juicio y de su criterio, en una lectura profunda de media distancia más allá de la navegación digital. Las revistas necesitan lectores, jóvenes lectores interesados por descubrir los pequeños tesoros que esas cabeceras pueden ofrecerles.

¿A qué estamos esperando para propiciar ese encuentro?

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Algunas recomendaciones para la enseñanza y promoción de la lectura

Comenzará por una constatación: los hijos de padres con escaso capital cultural y educativo, tienden a reproducir estadísticamente la condición original de sus padres. Dicho llanamente: los hijos de padres sin estudios o con estudios básicos, tienden a fracasar escolarmente. Esta evidencia sociológica quedó plasmada de manera indeleble en trabajos como los que publicó Pierre Bourdieu: La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. La obra original data del año 1970, así que hemos tenido tiempo de remediarlo, pero parece que el sistema es mucho más tozudo y obstinado que la voluntad para enderezarlo. Así lo ponía de manifiesto la semana pasada un artículo aparecido en la prensa: “El abandono escolar se fragua en primaria y a los 19 es irreversible“. Claro, hace 41 años que lo sabemos. Si eso es así, tiene mucho que ver con los bajos índices de rendemiento escolar en comprensión lectora que los alumnos españoles muestran en los estudios de PISA y, cómo no, con esa desfigurada encuesta que es lade “Hábitos de lectura y compra de libros” (2010) en la que se constata, cómo no, como si fuera una verdad de perogrullo, que quienes menos leen y menos compran son quienes disponen de menos estudios y, claro, de un hábito lector inexistente o menguado.

Si en casa de uno nadie ha leído porque la vida no lo propició y no posee una mínima biblioteca que le genere, al menos, la curiosidad de consultar sus tomos, algo habrá que hacer, digo yo. Ese digo yo consistiría en lo siguiente, de manera muy gruesa y resumida:

  1. Apoyar con planes sistemáticos de colaboración, préstamos y agentes especializados dinamizadores de la lectura a las familias con menos recursos económicos y culturales, tal como practica desde hace mucho tiempo el National Literacy Trust en el Reino Unido;
  2. Leer a los niños o pedir que les lean: en el Read Aloud Handbook publicado por Penguin en el año 2006, su autor, Jim Trelease, un especialista en enseñanza de la lectura y en los procedimientos de adquisición, estableció que un niño que haya sido educado en una familia lectora, en un entorno propicio y favorable al encuentro cotidiano con la palabra escrita, habrá escuchado antes de los cinco años 32 millones de palabras más que un niño en cuyo entorno social no se practique ese hábito, gigantesca diferencia cuantitativa que se traduce en una no menos definitiva e insalvable distancia entre niños de entornos sociales empobrecidos y culturalmente debilitados y niños cuyos padres poseen títulos escolares y sólidos hábitos de lectura.
  3. Implicar en las campañas de atracción a la lectura a ídolos, fetiches, amuletos o mascotas que formen parte del ideario mítico de los jovenes más desfavorecidos, tal como hace, de nuevo, el National Literacy Trust con jugadores de fútbol, estrellas de cine, etc. Villa lee que es una maravilla, por ejemplo;
  4. Dar tiempo al tiempo en el aula: el método clásico español de la repetición sistemática de grafemas y morfemas sirve para eso, para remedar, pero no para aprender de verdad a leer. Las sinapsis cerebrales no maduran hasta los seis o siete años y todas las evidencias neurolingüísticas apuntan a la necesidad de basar la enseñanza en la generación de una clara relación entre los sonidos y sus grafías;
  5. La lectura no se aprende de una vez para siempre: los profesores (sobre todo de secundaria), no tienen una formación específica para la enseñanza de la lectura porque se presupone que la fluidez y las competencias necesarias se adquieren en la educación primaria en bloque, sin resquicios. Todas las evidencias apuntan, sin embargo, a que los diferentes ámbitos de conocimiento troncales requieren de diferentes pericias lectoras —no es lo mismo un texto literario que un enunciado matemático, simplificando, porque sus caracteres son diferentes y porque las palabras adquieren significados diferentes en la integración en sus contextos respectivos—, y los profesores deberían ser sistemáticamente asesorados y preparados para que practicaran esa formación continuada. Si hemos de hacer caso a lo que los investigadores norteamericanos de la Alliance for Excellent Education han descubierto en su estudio “Literacy instruction in the content areas“, esta aparente contradicción es omnipresente en las aulas, y lastra de por vida el rendimiento no solamente lector de los alumnos sino, esencialmente, su desarrollo cognitivo y competencial y, finalmente, su vida profesional y sus consecuciones personales.
  6. Las bibliotecas escolares no son espacios para que el polvo se desposite en el canto de los libros ni para sancionar a profesores poco dilectos: en Alemania las bibliotecas públicas y escolares desarrollan conjuntamente los currícula en espiral, de manera que unas y otras se encargan de que las competencias lectoras de los niños y jóvenes vayan creciendo paulatina y progresivamente de acuerdon con un conjunto de prácticas y ejercicios concertados;
  7. La lectura es la piedra angular de la inteligencia, pero hoy ya no basta con proporcionar una educación monoalfabética. En un entorno donde el discurso está ya hiperfragmentado, dividido en multitud de soportes, medios y espacios, donde apenas existen ya referencias claras de autoridad, es imprescindible dotar a los jóvenes de una alfabetización digital precisa y dirigida, alejada de conformismos y falsas creencias en pericias juveniles, como demostró el estudio de la Google Generation promovido por la British Library;
  8. Voy acercándome al décimo punto…
  9. La lectura es la piedra angular, también, de las sociedades democráticas. No puede ni debe dejarse a nadie desprovisto de esa competencia fundamental para convertirse en verdadero ciudadano con plenos derechos. Para generar comunidades críticas e integrar en ellas a personas mayores con escasas competencias lectoras, es fundamental la promoción de la lectura dialógica, la creación de clubs de lectura, tal como viene recordándonos hace mucho tiempo Ramón Flecha;
  10. He llegado: nuesta era es digital y así será en buena medida nuestra lectura: nuevas narrativas, nuevos tipos de discursos, nuevos soportes. Es fundamental dedicar tiempo y atención al estudio de los hábitos lectores de distintos grupos de edad en su relación con esa nueva ecología para pensar en nuevas modalidades de dinamización y práctica de la lectura, tal como está haciendo ahora mismo el proyecto Territorio Ebook.

[Vale, tengo una undécima. Por gracioso me he pasado: 11. Disfrutar del sublime placer de la lectura, después de todo].

Termino con una traducción, que sé que os morís de curiosidad: Lest, Leute – sonst seid Ihr verloren quiere decir Leed, gente – de otra manera estaréis perdidos….

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