Sobre los científicos varados

El artículo “Científicos Varados” publicado por El Mundo y distribuido hoy por Notiweb me ha hecho saltar como un gato al teclado del ordenador. Es fantástico … y patético. Muchos investigadores deberían leerlo y replantearse lo que están haciendo. A mi me sirve además para confirmarme en las ideas y tesis que sostengo en este blog. Sobre todo en dos: la primera es que no hay futuro (mi razón nº 10 para no ser historiador), y la segunda es que o hacemos ruido, y cuanto más escandaloso mejor, o nos morimos de asco.

Mi primera reflexión es que hay que tener alma de mártir para dedicarse a investigar. Pongamos las cosas claras. En 2001 se inventa el programa Ramón y Cajal para parchear una situación vergonzosa: que los cracks científicos españoles que se han exiliado ya decidan regresar a su país (para los que se ven obligados a exiliarse no hay nada). La solución que se da es una mezcla entre una beca predoc+postdoc junto con la palabrería de cualquier jerifalte universitario, es decir, un contrato precario con fecha de caducidad y la promesa verbal de que, entre medias, los políticos nos juntamos un rato para pensarnos como narices os hacemos un contrato indefinido con buenas condiciones laborales tanto en lo monetario como en lo profesional, que es el verdadero quid de la cuestión.

Me imagino que el invento convenció a un buen puñado de compañeros (¿por cierto, cuántos serían de historia o de disciplinas humanísticas?) que deseaban regresar a su casa porque los españoles somos, para nuestra desgracia, unos morriñeros. El político de turno consiguió su foto, los compañeros científicos un salvavidas y al menos cinco años de “buena vida” por fin en casa, se vendió la moto de que por fin se iba a tomar en serio la investigación en este país, y se ganó un tiempo para ver si se hacía algo.

Para los departamentos universitarios y centros de investigación guay del paraguay: carne fresca, y de la mejor, pagada por papá estado durante 5 años. Igualito que yo cuando fui becario predoc. Para el resto de la sociedad civil, pues nada de nada porque el Estado no atacó su tarea pendiente de obligar (sí, digo “obligar”) a que las empresas contraten doctores e investiguen e innoven un poquito en vez de aprovecharse de la mano de obra barata que cada año sale de la universidad. Y para la ciencia, pues las eternas promesas de los encantadores de serpientes que tienen el poder de que sí, que esta vez todo camibará.

Y burla burlando, pasaron 5 años, y todo seguía igual. Los políticos más preocupados por su poder y su dinero que por la ciencia, las universidades chupando del bote del estado, la sociedad civil con empresas que no investigan y que se enriquecen con mano de obra cualificada a céntimo el kilo, y los “ronaldos” que habían recibido su Ramón y Cajal con la patada en el culo y la cara de tontos.

Conclusión: no investigues. Si así tratan a los números uno de la ciencia en España para los que somos números dos o tres no habrá carrera investigadora ni en el Estado ni en las empresas, y ni mucho menos una “Ramón y Cajalito” que llevarnos a la boca. Lo mejor que podemos hacer es cerrar el chiringuito y dedicarnos a otra cosa; no quedamos bien en la foto del político.

Ahora viene la parte irónica. En el fondo, ¿a quién le importa toda esta historia? Pues a casi nadie: los políticos ya son ricos, los jerifaltes de la ciencia ya son poderosos, las empresas están forradas, nosotros nos conformamos con nuestros mil eurillos al mes.

Y sin embargo a alguien sí le importa todo esto: al morbo.

La verdad es que esta historia de los Ramón y Cajal es tan vergonzosa que la entiende cualquiera. Los periódicos se dan cuenta del potencial y empiezan a dar cera porque las miserias de la ciencia les ayudarán a vender ejemplares. Y los jefazos además se lo ponen más fácil con historias de prepotencia como la de la revista Nature Medicine, que denunció, junto con la precaria situación de los investigadores Ramón y Cajal, que nadie en el Ministerio de Educación y Ciencia les quisiera informar de lo que pasaba.

Y ahora sí. Con la prensa criticando y con las revistas científicas internacionales aireando las miserias de aquí, ahora resulta que a nuestros jerifaltes científicos les da por reaccionar para guardar las apariencias. Asistimos así a la fantástica entrevista de Miguel Á. Quintanilla Fisac diciendo “que nó, que no pasa nada, que a los Cajal les encontraremos un hueco, que hemos atendido como se merecen a los de Nature Medicine, que los científicos son muy importantes, que vamos a hacer mucho, que nadie en España se quedará sin investigar, bla, bla, bla…”

Patético. No me creo nada. ¿O sea, que en 5 años no han buscado una solución para los mejores, y ahora me dice que a partir de hoy mismo van aumentar la inversión de PIB y que van a reformar el CSIC para que hagan contratos laborales porque los investigadores somos la niña bonita? Tururú. Lo que pasa es que les han pillado con el carrito del helado, y toca ahora decir mea culpa y que vamos a hacer, vamos a hacer y vamos a hacer. Pero mañana el asunto dejará de ser noticia, y entonces las aguas volverán a su cauce de la mediocridad.

Eso sí, enhorabuena a los Cajal que consigan su anhelada carrera profesional después de arrinconar y poner colorado a algunos políticos poderosos. Así que, compañeros historiadores, compañeros investigadores, ya sabéis el camino: haced ruido. Denunciad las miserias, señalad con el dedo al miserable, y no olvidéis llamar al periódico, o mejor aún, a la radio o a la tele. Y si no tenéis argumentos sensacionalistas que echar a los medios aquí os regalo uno: ¿cuánto dinero ha tirado el Estado a la basura pagando becas predoct y postdoc a historiadores que al final abandonaron su profesión? Yo solo podría poner encima de la mesa más de 42.000 euros.

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