El emprendizaje en humanidades inexistente en la III Semana del Emprendedor de Base Tecnológica
O no existimos o no interesamos. La semana que viene se organiza la III Semana del Emprendedor de Base Tecnológica, y en su nutrida agenda de actos las humanidades brillan por su ausencia. Todo lo más en el campus de ciencias sociales de la Universidad Rey Juan Carlos se presentan una serie de proyectos que me imagino que no serán exclusivamente sobre ingenierías, software o biotecnología. El resto de ponencias, presentaciones y actos (financiación, motivación, medios, infraestructuras, business angels, parques tecnológicos, etc.) parecen hechos por y para proyectos sobre el último software, el último gen o la última ley física. De acuerdo, hay muy pocos emprendedores provenientes de las ciencias humanas, pero tampoco parece que en Madri+d estén muy por la labor de desarrollar este tipo de emprendizaje.
Si el emprendizaje es difícil, aún lo es más para disciplinas no muy acostumbradas a tratar con el mercado. Convertir nuestro conocimiento en historia, arte, cultura, literatura o antropología en productos y servicios con valor de compra y venta es un ejercicio tremendamente complejo. Desarrollar una estructura empresarial para desarrollarlos y comercializarlos es ya un ejercicio de osadía. Y ver como tus supuestos aliados de la administración pública (Madri+d en este caso) se desentienden de ti es una completa decepción.
No me vale que estemos hablando de empresas “de base tecnológica”. Yo fui admitido sin demasiados problemas en el curso de emprendedores de “base tecnológica” (aunque en mi OTRI me confesaron que no daban 2 duros por mi, y que si hubiera habido más tecnólogos interesados en el curso a mi no me hubiesen enviado), y podemos argumentar que sin base tecnológica las empresas en humanidades no iríamos muy lejos. Histania, por ejemplo, se basa en un uso exhaustivo de las TIC. Sin internet, OPACs, bases de datos, enciclopedias digitales, correo electrónico, sitio web, y aplicaciones informáticas (OCR, Skype, edición en PDF y otros formatos, Photoshop, etc.) y el uso de software libre nos sería imposible funcionar y tener presencia en el mercado a no ser que hiciéramos inversiones millonarias. Sin estas grandes herramientas (que no desarrollamos pero sí usamos exhaustivamente) no podríamos, como hacemos, presentar un informe para un documental u otro producto cultural en el plazo de una semana.
Pero tampoco me vale que seamos las humanidades la “niña fea” del mundo de la investigación. Paradójicamente España es más conocida internacionalmente por la calidad de su cultura que por la calidad de su investigación científica. Vayan a Estados Unidos o a Francia y pregunten quien es Margarita Salas y Severo Ochoa y quien es Antonio Gaudí y Federico García Lorca a ver a quien se conoce más. Nuestra cultura vende, y mucho: 32.000 millones de euros sólo en España en 2004 según el Ministerio de Cultura. Y no hablamos únicamente de grandes industrias culturales (cine, música y libros), también incluimos a sectores más “modestos” como el turismo cultural, las artes escénicas y visuales, y el patrimonio y la gestión cultural. En la Comunidad de Madrid el 5,2% del empleo es cultural.
Estos son argumentos de mucho peso como para dar un toque a la administración pública. Está muy bien hacer eventos como la III Semana del Emprendedor de Base Tecnológica, pero de poco nos sirven a los humanistas si no hay acciones específicas para nuestro colectivo. Va siendo hora de que Madri+d y otros agentes de apoyo al emprendizaje comienzen a atender nuestras necesidades concretas porque sí tiene interés el conocimiento generado por nuestras disciplinas, sí mueve mucho dinero y sí hay un mercado donde venderlo.
Referencia: los datos han sido extraídos de “La cultura deja de ser florero”, El País, 13-11-2006.
Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios
Aún no hay comentarios.
Escribe un comentario